La izquierda recalcitrante y los agoreros de los autoritarismos critican con dureza la expansión de Estados Unidos hacia el oeste, la guerra con México y la anexión de vastos territorios. Sin embargo, hacen mutis sobre el enorme expansionismo de las élites brasileñas, también hacia el oeste, esta vez en Sudamérica.
En ambos casos, puede argumentarse que en aquel entonces no se había consolidado el concepto de Estado Nación ni existía la Carta de San Francisco. Pero vale la pena poner los puntos sobre las íes: las omisiones políticamente motivadas de la izquierda carnívora distorsionan el análisis histórico.
Brasil se expandió desde un pequeño núcleo colonial portugués en la costa atlántica hasta convertirse en el gigante sudamericano, gracias a la violencia de los bandeirantes contra los pueblos indígenas, a los tratados con España y a las debilidades resultantes de conflictos como la Guerra del Chaco y la Guerra del Pacífico.
Pensemos en la perplejidad de un hombre que, fuera del tiempo y del espacio, ha perdido su reloj, su regla de medir y su diapasón. Creo que éste es el estado que constituye la muerte. Alfred Jarry ― Escritor francés (1873-1907)
La perplejidad es el estado de desconcierto o indecisión de una persona respecto a algo. La palabra viene del latin Perplexĭtas. Su derivado, perplexus, es la suma de dos partes bien delimitadas: el prefijo per- (intensidad); y plectere, (enredar). Quien se encuentra perplejo, está indeciso y desconoce la resolución a un problema o ha perdido el control de la situación.
Varias son las reflexiones escritas tratando de explicar la naturaleza y propósito de la perplejidad. El tratado más conocido data de 1190 y su autor fue una de las luminarias filosóficas de la Edad Media. El tema continúa presente en nuestra época, y aplica a una humanidad atormentada y perpleja que se debate ante la convulsión y el caos.
La Guia de los perplejos, es considerada la más importante y la más universal de todas las obras de Maimónides. Es esta una obra filosófica judaica escrita por una de las autoridades hebreas más importantes del Medievo. El andalusí Maimónides (Córdoba, 1135 - Fustat, Egipto, 1284) la escribió originalmente en árabe y fue traducida al hebreo en vida del autor. En este tratado encontramos todo su pensamiento filosófico.
Maimónides distingue tres grupos de seres creados: los minerales, las plantas y los seres vivos (incluyendo al ser humano), compuestos de materia y forma perecedera. Los ángeles, seres dotados de forma, pero inmateriales. Admite la creación como un acto de acuerdo a la esencia divina, el cual abarca todos los seres, no tiene otro fin que a sí mismo y por lo tanto su duración es ilimitada. Prueba la existencia de Dios a partir de argumentos aristotélicos y afirma su unidad e incorporeidad.
En el repaso de viejos textos olvidados en discos duros perdidos me encuentro este artículo que creo que publiqué hará diez años en la revista IdentidaD. Tiene gracia como el problema que abordo aquí –¿cómo nos ven los recién llegados?– ha conservado su actualidad. Solamente me he permitido pulirlo y añadirle algún párrafo. Se verá que no hay en estas líneas ni pizca de racismo, xenofobia ni nada parecido, pero tampoco concesiones. Ha que llamar a las cosas por su nombre y no hacer concesiones a lo políticamente correcto. Cuando haces una, estás perdido. Luego terminas aludiendo a Al Capone “presunto gánster” o “subsaharianos” a los negros y magrebí a los moros.
He tenido muchas relaciones con magrebíes y andinos, tanto en España, como inmigrantes, como en sus países de origen en donde el inmigrante era yo. Lo que sigue son los juicios recogidos de una muestra lo suficientemente amplia de testimonios como para pensar que es posible llegar a conclusiones empíricas razonables y significativas. Así nos ven los inmigrantes... Las opiniones de estas personas son siempre subjetivas, pero basadas en algunos datos reales y, en cualquier caso, suponen una línea de tendencia.
Nos ven como:
1. “Débiles y atontados”
En la cárcel de la Santé –me enteré tarde de que eso de ir por Francia con tres pasaportes, tres carnés de conducir y tres DNI italianos, todos con foto pero ninguno con mi nombre, estaba mal visto; problemas de la clandestinidad y el exilio– conocí a un tunecino detenido por pequeño tráfico de drogas. Era joven y se había criado en Francia. Francia le había ofrecido lo que no existía en su país: educación, subsidios, posibilidades de formación. Era mucho más fácil comprarse un BMW último modelo a sus 20 años, traficando con cocaína. Además, despreciaba a los franceses. “Son débiles y atontados”, me decía. Me ponía como ejemplo que, cuando era tironero en Les Halles, sabía que si un ciudadano lograba detenerlo solamente tenía que gritar “racistes” histéricamente para que lo soltaran. Hubo un tiempo en el que la clase media francesa se asustaba con sólo la posibilidad de que alguien pueda llamarles “racistas”. Todos los delincuentes magrebíes lo saben. En el Raval de Barcelona ya ha ocurrido el mismo episodio: al grito de “racistas”, una pareja de policías debió soltar al delincuente marroquí, intimidados por la reacción de los viandantes. Por eso los inmigrantes consideran a los europeos atontados.
No les cabe en la cabeza que los gobiernos europeos puedan dar subsidios y ayudas de todo tipo a gentes como ellos que tienen muy claro lo que buscan: “pillar”. Piden una mezquita y las autoridades se la dan, delinquen una y mil veces y nunca terminan encerrados cuando en su país les cortarían la mano, después, por supuesto, de la conveniente paliza en comisaría… Vulneran la ley de extranjería, violentan las fronteras y les obsequian con ropa nueva –además de marca, alimentos gratuitos y les trasladan a la península en avión de lujo.
Todo esto les da la perspectiva a los inmigrantes de que los europeos somos DÉBILES y ATONTADOS. Débiles porque no sabemos defender lo nuestro, abrimos la puerta a delincuentes ue vienen a robarnos y ni siquiera hay valor para encerrarlos en las cárceles; y atontados porque no nos damos cuenta de que ellos cada vez son más fuertes y los europeos menos, más sumergidos en la oleada migratoria, retirándonos de barrios enteros en los que la “limpieza étnica” es realizada con extrema eficacia y, todavía, subvencionando al invasor. ¿Cabrían más muestras de debilidad y tontería? Los inmigrantes tienen razón en percibirnos así.
La muerte del ayatolá Alí Jameneí marca un punto de inflexión en la historia contemporánea de Irán. Durante más de tres décadas, su figura fue el eje de un sistema político que combinó teocracia, represión y un aparato militar omnipresente. Hoy, ese sistema enfrenta su mayor desafío: sobrevivir sin su líder supremo en medio de bombardeos externos y protestas internas.
El régimen iraní nunca se sostuvo por un amplio apoyo popular, sino por la fuerza de la Guardia Revolucionaria y la cohesión del clero. Sin embargo, las imágenes de multitudes en las calles, la represión sangrienta y la crisis económica muestran que la legitimidad social está profundamente erosionada. El pueblo iraní, cansado de décadas de restricciones y aislamiento, parece decidido a reclamar un futuro distinto.
La posibilidad de un colapso no es mera especulación. Si la Guardia Revolucionaria se fractura, el régimen perderá su columna vertebral. Si las protestas se convierten en huelgas masivas y desobediencia civil, el sistema puede quedar paralizado. Y si las élites clericales no logran consenso sobre un sucesor, el vacío de poder será inevitable.
Hoy nos convoca un principio que trasciende fronteras, credos y sistemas políticos: la dignidad humana. Ningún poder, ninguna ideología, ninguna religión puede legitimarse si se funda en el irrespeto a este principio universal.
En Irán, ese límite ha sido quebrantado. La represión contra las mujeres, las minorías étnicas y los opositores democráticos ha convertido a la dignidad en rehén de un régimen fundamentalista. Pero el pueblo iraní ha respondido con valentía. Las calles de Teherán, Mashhad y tantas otras ciudades se han llenado de voces que claman “Mujer, Vida, Libertad”. Son las mujeres quienes lideran esta lucha, enfrentando cárcel, tortura y muerte, y convirtiendo su resistencia en lo que podría ser la mayor revolución feminista de la historia de la humanidad.
Al mismo tiempo, el régimen ha sufrido un golpe externo sin precedentes. Los bombarderos furtivos B 2 Spirit han destruido buena parte de los arsenales de misiles iraníes, debilitando la capacidad de disuasión de quienes pretendían sostener su poder mediante la amenaza militar. La convergencia entre esta presión externa y la resistencia interna ha puesto al régimen contra las cuerdas.