Desde hace exactamente un mes el nombre de Venezuela está asociado a la danza de los millones provenientes del petróleo, y a la extracción de la pareja presidencial asociada a un régimen perverso y depredador de los recursos minerales, fiscales y humanos, hasta niveles de saqueo de su riqueza como jamás conoció nación alguna en el continente americano.
En ese contexto en nombre del Socialismo del siglo XXI y de la lucha contra el imperialismo se condenó a la censura criminal a los medios de comunicación y a la libertad de expresión, se aplicaron las torturas más crueles y salvajes aprendidas en las escuelas del horror del G-2 cubano, la Stasi de la otrora Alemania Oriental y la KGB de Putin, se pulverizó la relación de trabajo al punto de convertir a la población formal de un país en un ejercito de trabajadores precarios, conocido ahora como el precariado del siglo XXI, se expropió de manera ilegal a empresas privadas sin indemnización alguna, eliminando a centenas de miles de empleos, y se promovió la diáspora de 10 millones de venezolanos, hipotecando así el futuro de todas las generaciones jóvenes del país.
La letanía pudiera continuar y no habría espacio para enumerar al resumirse el holocausto vivido por el pueblo con la suspensión de la constitución nacional y las garantías respectivas, sustituida por la voluntad tiránica de quien ejerciera el poder bien fuera durante el mandato de Hugo Chávez o por el extraído Nicolás Maduro. Por tanto, ¿Que tenemos como resultado hoy a un mes de la intervención norteamericana?
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A finales de la década de los 70, un gran visionario hizo esta atrevida afirmación: “Este siglo 20 será recordado por la caída del comunismo y será identificado como el experimento social, económico y político más doloroso y destructor de la historia de la humanidad.” Creo que, en estos momentos, esta frase se le puede aplicar a Venezuela. Porque lo que ha sucedido en ese país es tan horripilante que, como afirmara J. Edgar Hoover, eterno director del FBI, es tan horrible que la gente se niega a creerlo y lo califican como mentiras del imperialismo.