Perú, despierta Perú, con el comunismo no se juega qué, qué? que es socialismo los baña la misma sangre los dos no creen ni en su madre secan la hierba al pasar se cagan en la democracia y en hacer trampas no les van a ganar.
Sigan en la bobería dejen pasar más días Keiko dando un paseo y en un eterno conteo que me ha hecho decidir ir a sacar los boletos vuelo directo a Perú.
Soy maestra licenciada les puedo enseñar a contar y como cubana entrenada en lidiar con hijos de puta voy a gritar desde el Cuzco acaben de espabilar.
Cada día las decisiones de los gobiernos mas poderosos del planeta impactan a los migrantes de cinco continentes a un nivel generalizado de incertidumbre y desasosiego, como si se tratara de invasores culpables de las calamidades que sufren los pueblos como consecuencia de políticas económicas generadas por mandatarios de cuestionada capacidad de gestión.
Los procesos migratorios no se han originado de la noche a la mañana se gestaron en el callejón de la historia. Si nos referimos a Europa basta reconocer como el mapa del continente africano fue distribuido a placer de las potencias a finales del siglo XIX, como se puede observar en las líneas rectas de las fronteras de cada país africano repartido como el festín de Baltazar entre Reino Unido, Francia, España, Alemania, Bélgica, Italia, Portugal, cuyos gobiernos expoliaron hasta la saciedad sus riquezas nacionales incluso luego de acordarse la independencia de estos estados en la segunda mitad de un avanzado siglo XX. Desde el exterminio de población pasando por el saqueo sin construir una infraestructura pública decente que les garantizara un nivel de vida de subsistencia.
El caso de Asia y su reparto por parte de las potencias mundiales se llevó a cabo principalmente durante los siglos XVIII y XIX, destacando por el control de rutas comerciales y la explotación de recursos. A diferencia de África, este proceso se realizó mediante el dominio de áreas de influencia y protectorados, involucrando tanto a potencias europeas como a nuevas naciones imperialistas.
El artículo analiza los riesgos que plantean las empresas de gran envergadura y los fondos de inversión que se convierten en entidades «sistémicas»; es decir, aquellas cuyo fracaso podría perjudicar gravemente la economía de un país o el sistema financiero mundial. El autor sostiene que el progreso social—representado por la democracia y los mercados financieros modernos— ha transformado a la humanidad, pero también ha generado nuevos desafíos que exigen mejores instrumentos de regulación.
El texto comienza describiendo dos grandes innovaciones sociales: la democracia y la creación de los mercados de capitales modernos. La posibilidad de que los ciudadanos comunes invirtieran en empresas mediante acciones —especialmente tras la emisión de títulos por parte de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales en 1602— transformó el panorama económico al propiciar la creación de bolsas de valores, intermediarios financieros y nuevas modalidades de inversión. No obstante, estos avances también fomentaron la especulación y las crisis financieras, además de favorecer el surgimiento de monopolios y grandes corporaciones dominantes.
Una cuestión central que se aborda es la existencia de empresas «demasiado grandes para caer» (*too big to fail*). El autor centra su atención en las grandes instituciones financieras y los fondos de inversión que gestionan volúmenes ingentes de activos. Cuestiona si debería permitirse que una empresa privada alcance tal magnitud que una gestión deficiente pueda poner en peligro la estabilidad de toda una economía. Si bien los gobiernos suelen rescatar a las empresas sistémicas para evitar un colapso económico, el autor argumenta que el verdadero problema radica en haber permitido que dichas compañías adquieran un poder excesivo desde un principio.
El artículo clasifica a las empresas sistémicas en tres grupos.
No cabe duda de que el futbol es el mas universal de los deportes, esto lo podemos corroborar cuando observamos la composición de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), esta registra oficialmente 193 Estados miembros, además de estos estados la organización cuenta con otras 2 entidades con un estatus especial.
Por otra parte, la FIFA cuenta con 211 asociaciones nacionales afiliadas distribuidas en seis confederaciones continentales. Esta cifra es superior a la cantidad de estados soberanos reconocidos por la ONU, ya que la FIFA permite la participación independiente de territorios y naciones constitutivas.
Si nos referimos al impacto en la población mundial las cifras oficiales de la Encuesta de la FIFA superan los 270 millones de jugadores organizados. Además, se calcula que existen hasta 1.000 millones de personas que lo practican con regularidad o de manera casual. En cuanto a su base de seguidores, el fútbol se mantiene como el deporte rey, con más de 3.500 a 4.000 millones de aficionados de los 8.000 millones habitantes del planeta.
Como veremos la copa mundial 2026 tal como ha sucedido con las anteriores producirá un efecto de atención mayúsculo, incluso para mi superior al causado por las Olimpiadas, agregando que por primera vez participarán selecciones de 48 países, las cuales jugarán en 3 países diferentes en el continente americano: Mexico, EE. UU., Canadá. En otras ocasiones por su prestancia planetaria ha conllevado a que gobiernos autoritarios y dictatoriales hayan intentado manipular, utilizar e influir históricamente en la Copa Mundial de Fútbol, como una herramienta de propaganda para legitimarse y mantenerse en el poder, y de esta manera explotarlo políticamente.
El 11 de junio, durante su reunión de primavera en Orlando, los obispos de los Estados Unidos se congregarán en la Basílica Santuario de María, Reina del Universo, para consagrar a los Estados Unidos al Sacratísimo Corazón de Jesús. Esta consagración celebrará el 250º Aniversario de los Estados Unidos; es decir, el ducentésimo quincuagésimo aniversario de la firma de la Declaración de Independencia.
Al vincular el 250º aniversario de la Declaración de Independencia con la devoción al Sagrado Corazón, los obispos nos invitan a reflexionar con gratitud sobre las bendiciones que Dios ha derramado sobre nuestra nación; sin embargo, al mismo tiempo, la devoción al Sagrado Corazón exige que consideremos de qué manera podemos fomentar la verdad, la justicia y la caridad en la vida estadounidense. De este modo, nuestras celebraciones en torno al 4 de julio promoverán un patriotismo constructivo y con visión de futuro, en contraposición a un nacionalismo divisivo, excluyente y ciego.
En su libro Memoria e identidad, San Juan Pablo II escribió sobre la diferencia entre un patriotismo constructivo y un nacionalismo destructivo: “El patriotismo es el amor por todo aquello que concierne a la propia patria: su historia, sus tradiciones, su lengua, sus características naturales. Es un amor que se extiende también a las obras de los compatriotas y a los frutos de su genio. Mientras que el nacionalismo implica reconocer y buscar el bien de la propia nación exclusivamente, sin tener en cuenta los derechos de los demás, el patriotismo es un amor por la propia patria que reconoce a todas las demás naciones derechos iguales a los que reclama para la propia”. El patriotismo, en otras palabras, conduce a un amor social debidamente ordenado.