“La mejor victoria es vencer sin combatir.»
— Sun Tzu, El Arte de la Guerra.
C. S. Lewis
El libro sagrado de la India, el Bhagavad Gita, comienza con el príncipe Arjuna, repleto de dudas en pleno campo de batalla. Teme verse obligado a asesinar a sus enemigos, quienes también son sus parientes, y que esa acción impía cargue su alma de pecado. En ese oscuro momento, Krishna, la suprema divinidad, le revela que está obligado a cumplir con su deber de guerrero. Gracias a ese instante de lucidez, Arjuna acepta que, por encima de sus afectos familiares, su misión es restaurar el orden político sin buscar beneficios personales.
¿Está conectado necesariamente el humanismo con el pacifismo, más específicamente a la no-violencia? Al parecer existen casos excepcionales. C. S. Lewis, el autor de Las crónicas de Narnia y pensador cristiano, nos advierte que un buen ciudadano no puede ser absolutamente pacifista. En su extraordinaria obra La abolición del hombre, nos explica que hay momentos en que hay que tomar las armas en defensa de los valores propios de la dignidad humana.
En este punto, es importante aclarar que, a diferencia de un fascista, por ejemplo, un humanista nunca considera a la violencia como el primer recurso, sino el último. Además, el propósito debe ser la paz y la democracia. Si nos detenemos a limpiar los cristales de nuestra caverna particular, descubriremos, de la mano del filósofo Alfred North Whitehead, que la civilización no es otra cosa que la victoria de la persuasión sobre la fuerza.
La fuerza es el reino de la barbarie, un estado de naturaleza donde los hombres se comportan como bolas de billar chocando entre sí por pura necesidad mecánica. La persuasión, en cambio, es el milagro de convertir al adversario en un «otro yo». Lo que pensaba Lewis no está muy lejos del credo de Whitehead, quien sostenía que, si bien la persuasión debe someter a la violencia, en casos extremos, la misma persuasión debe utilizar la violencia legítima para defender a la sociedad abierta.
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Anoche, 14 de mayo, se celebraba en Pekin la cena de bienvenida para el presidente Trump y su comitiva ofrecida por el presidente Xi. Ambos dirigieron mensajes que se pueden interpretar como buenos augurios de una relación que, el mismo Xi, sorpresivamente afirmaba es la más importante del mundo. Trump respondía en los mismos términos positivos, pero, sin que alguien se diera cuenta, estaba iniciando un proceso histórico con el que ya ha cambiado el mundo. Tal vez por eso llegaba con toda la caballería mundial con emprendedores representado $3 trillones de dólares.

Viktor Orbán wrote the modern autocrat’s playbook: Capture 80% of the media space. Tilt the electoral system in your favour. Use state power to strengthen party power. Reward loyalists. Punish critics. Make change feel impossible.
Following a major 6-3 Supreme Court decision in Louisiana v. Callais on April 29, 2026, House Minority Leader Hakeem Jeffries, who served as a House Impeachment Manager during the first trial of Donald Trump in 2020, heavily criticized the Court, labeling it an "illegitimate" and "corrupt conservative majority." Furthermore, he joined other Democrats in calling for a structural overhaul of the Supreme Court, stating that "everything is on the table," including the potential expansion of the Court or the imposition of term limits, because it "is an extension of Donald Trump's influence". For the American people in the upcoming mid-term elections, this situation presents a choice: to have the next potential Speaker of the United States declaring the Supreme Court illegitimate because he disagrees with its interpretation of the law. Jeffries has thus suggested, among his proposals, that court expansion is a serious option under consideration if Democrats regain control of the House, adding six additional judges in a move that would be seen as a massive partisan shift.