Recientes acontecimientos en los más variados y contrapuestos escenarios, me han llevado a reflexionar sobre el poder, su ser y su quehacer. Es una meditación que nos puede interpelar a todos, tanto a los ciudadanos comunes, como a los que ostentan todo tipo de poder, sea político, económico, mediático, eclesiástico, u otros.
Cuando hablamos de poder, en general nos referimos “a la facultad, dominio, fuerza o autoridad que alguien tiene para mandar, influir o controlar a otros”.
Cuando nos referimos al poder político, lo entendemos así:
“El poder político es la capacidad que tiene una persona, grupo o institución para dirigir, influir o condicionar el comportamiento, las decisiones y la voluntad de los miembros de una sociedad, principalmente a través de las estructuras del Estado”.
Ahora bien, para Cuba, para los cubanos de la Isla y de la Diáspora, que hemos vivido más de siete décadas, desde 1952, con un poder impuesto por la fuerza, nos es más difícil aprender y comprender, especialmente a los que aspiran a alcanzar el poder político, que si deseamos edificar un sistema democrático, esa democracia solo se podrá organizar con espíritu democrático, con métodos democráticos y mediante instituciones y leyes democráticas, todo esto desde el principio del camino.
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The Constitutional Convention of 1787 and the fierce ratification struggle that followed produced one of the most deliberate acts of political moderation in human history. Alexander Hamilton, James Madison, and John Jay did not write The Federalist Papers to celebrate pure democracy or concentrated power. They wrote to persuade a skeptical New York that a carefully balanced republic—checks and balances, divided government, an independent judiciary, a presidential system rooted in virtue and limited authority—could endure. Their project assumed a citizenry capable of self-restraint and a political culture that rejected absolutism. They never imagined that one of the two major parties would someday be captured by a radical minority determined to dismantle the very architecture they designed.
El nombre de Prometeo, equivale a previsor, “el que piensa antes”. Es por eso que decidí consultar con el mítico personaje, el dilema actual de la tecnología, confiando en una perspectiva, que no tenemos los mortales. Mis preguntas son un eco de las que se hacen actualmente la élite de la informática y en su máxima expresión, aquellos a quienes preocupa la inteligencia artificial: