Es bien sabido que Karl Marx y Federico Engels son los padres ideológicos del socialismo y del comunismo y que Adam Smith es el padre del capitalismo y del liberalismo económico. Pero el socialismo marxista y sus ramas leninista, estalinista y seudo “progresista” se han encargado de encubrir el origen y la orientación ideológica del fascismo desde que Stalin inventó la etiqueta de que era un movimiento de “extrema derecha”. Para entender mejor esta ideología, es necesario conocer en profundidad la vida, las creencias y los principios tanto de sus líderes políticos (como Benito Mussolini) como de sus líderes ideológicos (como Giovanni Gentile).
Giovanni Gentile, un filósofo neohegeliano, fue el autor intelectual de la “doctrina del fascismo”, redactada bajo la perspectiva pragmática de Benito Mussolini. Las fuentes de
inspiración de Gentile fueron pensadores como Hegel, Nietzsche, Kant y también Karl Marx. Gentile declaró rotundamente que “el fascismo es una forma de socialismo, de hecho, es su forma más viable”. Una de las reflexiones más comunes al respecto es que el fascismo es un socialismo basado en la identidad nacional, es decir, un socialismo nacionalista que se convirtió en enemigo del socialismo internacionalista soviético. Un aspecto básico de la lógica de Gentile es que la democracia liberal era perjudicial porque se centraba en el individuo, lo que conducía al egoísmo. Defendía la “verdadera democracia” en la que el individuo debía estar subordinado al Estado. En ese sentido, promovía las economías planificadas en las que el gobierno determinase estrictamente qué, cuánto y cómo producir.
Entre 1902 y 1904, Mussolini y Lenin frecuentaban los mismos círculos del socialismo radical en lugares como la Brasserie Handwerk de Ginebra, donde estuvieron exiliados. Eran amigos y compartieron allí con muchos amigos en común, como León Trotsky, Gueorgui Plejánov y la destacada socialista Angélica Balabanoff.
En la década de 1910, Benito Mussolini y Antonio Gramsci militaron en las filas del Partido Socialista Italiano (PSI), de origen marxista, y trabajaron en el periodismo obrero. Mussolini era un periodista y político italiano que militó durante 14 años en ese partido. En 1910 fue nombrado director del semanario La Lotta di Classe (La lucha de clases), y al año siguiente publicó un ensayo titulado “El Trentino visto por un socialista”. Su periodismo y su activismo político le llevaron a la cárcel junto con Gramsci, pero poco después de ser liberado, el Partido Socialista Italiano –cada vez más fuerte y habiendo conseguido una importante victoria en el Congreso de Reggio Emilia– le puso al frente del periódico milanés Avanti! Mientras tanto, Gramsci colaboraba y editaba publicaciones como Il Grido del Popolo (El Clamor del Pueblo), l’Unità (órgano oficial del Partido Comunista Italiano) y la edición piamontesa de Avanti!.
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La elección de nuestros representantes a los poderes públicos devino en un verdadero trauma para los venezolanos durante el siglo XXI, al sufrir integralmente la intervención permanente de un régimen sobre el derecho constitucional al voto consagrado en nuestra constitución en el artículo 5, cuyo contenido consagra que la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo y que los órganos del Estado emanan de ella y están sometidos a la misma.
El populismo, ya sea de izquierda o de derecha, comparte un patrón que termina debilitando la democracia. En lugar de fortalecer al ciudadano y las instituciones, refuerza la figura del caudillo, que se presenta como salvador y concentra poder. Esa dinámica fertiliza el terreno para el arribo de alguna forma de autoritarismo, pues se socavan los contrapesos y se deslegitima la crítica.
Hace apenas tres días, el 23 de octubre, fue un día para recordar con profunda admiración aquellos momentos, hace 70 años, en que comenzó el levantamiento popular y las protestas estudiantiles en Budapest exigiendo libertad e independencia. La rebelión logró el derrocamiento del régimen estalinista y abrió las puertas a un período de reformas democráticas.