Como toda guerra, el conflicto ruso-ucraniano es una locura sangrienta en la que las mayores víctimas salen de la población civil.
Se inició el 24 de febrero de 2022 con la operación militar o invasión rusa, según diferentes lecturas, pero sus señales eran evidentes desde días anteriores. Ya está cumpliendo 4 años y 7 meses de operaciones bélicas continuas.
Según analistas y tanques de pensamiento occidentales como CSIS y OTAN se estima que el acumulado global de bajas supera los 1,8 a 2 millones de personas, incluyendo a muertos, heridos y desaparecidos. Las bajas militares totales serían de 1,200,000-1,400,000 en Rusia y de 500,000-625,000 en Ucrania.
En la actualidad Rusia controla aproximadamente el 19% del territorio ucraniano (incluyendo Crimea, amplias zonas del Donbás, Zaporiyia y Jersón. Los ejércitos de Vladimir Putin mantienen una guerra de desgaste sobre las energías y la infraestructura de Ucrania. La economía rusa, bastante debilitada, ha resistido las sanciones de Occidente y redirigió su comercio hacia Asia. Se comenta que esta guerra alejó, aún más, a Rusia de Occidente y la acercó a otras potencias asiáticas. El país ex miembro del G7, ahora es claramente un adversario de las democracias occidentales.
Por su parte el gobierno de Vladimir Zelenski frenó y neutralizó el golpe inicial de Rusia que consistía en tomar Kiev y derrocar al gobierno en unos días. Así también las tropas ucranianas han pasado a la ofensiva con ataques de drones y misiles en el interior del territorio ruso. Lo que originalmente se percibió como una lucha entre David (Ucrania) y Goliath (Rusia) ahora aparece como un conflicto relativamente equilibrado sin un claro posible vencedor.
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