Las elecciones realizadas el 6 de septiembre pasado en el Estado de Sajonia-Anhalt región situada en la otrora Alemania Oriental han impactado a Europa, ante el triunfo de Alternativa para Alemania (AFD) al ser la primera vez que un partido de ultraderecha pueda gobernar en un estado de ese pais desde la caída de Adolf Hitler en 1945.
Por tanto, la exclamación alemana Achtung es más que una advertencia ante la realidad sobre el auge de una formación política que fundada apenas en 2013, obtuvo en las últimas elecciones federales de 2025 un 20.8 % y 10 millones de votos, superando a partidos tradicionales de larga data, como el Partido Socialdemócrata (SPD), a los Verdes, quienes obtuvieron el 16,4%, el 11,6%, y al Partido Democrático Libre (FDP) de los empresarios que obtuvo menos del 5%. Este resultado les ha permitido extender su presencia no solo en toda Alemania, al conectarse con otras expresiones políticas similares ubicadas en diferentes países del continente europeo e incluso al ampliar su onda expansiva a tierras americanas.
En realidad quien iba a pensar que la ultraderecha volvería a ser relevante como fuerza política, Si vamos a la historia un siglo antes se inició el apocalipsis fascista en Europa con Mussolini en Italia al implantar el nuevo régimen, posteriormente se puede asimilar dentro de la ola autoritaria y fascista que recorrió Europa en el periodo de entreguerras, al régimen de António de Oliveira Salazar en Portugal, conocido como el Estado Novo (1933-1974), compartió rasgos esenciales con el fascismo, al calificarlo como una dictadura autoritaria, corporativista y ultraconservadora, para luego desembocar en la hecatombe nazi (1933-1945). A esta galería del terror se añadiría el fascismo imperial japones cuyo régimen promovió una doctrina geopolítica que justificaba la dominación de Japón sobre otros pueblos de Asia, fundamentada en la creencia de la superioridad étnica y mística del pueblo japonés.
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La reciente cumbre del BRICS —compuesto por sus cinco fundadores (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) más otros países recientemente incorporados— ha vuelto a poner sobre la mesa la idea de un mundo multipolar y más inclusivo. En su documento final, el bloque insiste en la necesidad de reformar las instituciones internacionales y dar voz al Sur Global. Sin embargo, detrás de ese discurso de apertura se esconde una paradoja inquietante: la inclusividad no puede desligarse de los estándares universales de derechos humanos, democracia y transparencia.
El símbolo de un héroe moderno
Power is “having the ease, time, or place to do something,” and represents “having more strength than someone else.” Political power, in a broad sense, is “the ability to influence, control, or make decisions in a society or political system. It is the capacity of an entity or individual to affect how decisions are made and actions are taken that affect society as a whole.”