He estado pensando en lo que debe ser cambiado
Cuba es un país en ruinas. A lo largo de estos casi 70 años, el deterioro se ha ido generalizando: las casas, las carreteras, los servicios, las instituciones, las personas…
Somos un país a reconstruir desde los cimientos y, para ello, es condición indispensable un cambio de sistema político, un cambio de estructura social.
Sin embargo, si bien cambiar las estructuras es necesario, esto no es suficiente.
Un país puede transformar sus leyes, sus instituciones y su sistema político, pero no logrará un cambio real si no sana los corazones de su gente, porque los cambios estructurales no hacen desaparecer las heridas acumuladas durante décadas.
A lo largo de todos estos años, nos hemos herido mucho. Nos hemos agredido, nos hemos espiado, nos hemos delatado. Han mandado a nuestros hijos a guerras absurdas, y han muerto en ellas; han obligado a nuestros hijos a pasar el Servicio militar, donde muchos han sufrido abusos y otros han muerto. Han exigido a generaciones irse a las becas como condición para estudiar en la universidad, arrancándolos de sus familias a edades tempranas; han adoctrinado a nuestros hijos, los han hostigado por su fe, han perseguido y encarcelado a los que han levantado una voz diferente.
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*¿Se puede o no?*
La desaparición de los periódicos impresos —Granma, Juventud Rebelde, Trabajadores— simboliza el derrumbe de un sistema que ya no logra sostener ni su propia propaganda. La crisis de distribución en el correo de Camajuaní es apenas un síntoma de un colapso más amplio: el país se descocota, como las palmas que se desploman cuando pierden fuerza.
Diversos analistas intentan responder a esta pregunta medular: ¿cómo sería una transición en Cuba?