Las redes sociales cubanas se han visto frecuentadas en estos días por imágenes y mensajes de la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba. Es que siempre, pero especialmente durante su Novena y Fiesta el día 8 de septiembre, los católicos de Cuba en la Isla y en la Diáspora recuerdan, acuden y rezan a la Madre de Cristo por las necesidades de la Patria sufrida. Este año, aún más, debido al estado terminal de nuestra situación.
Ayer, un gran amigo mío que es ateo me comentaba, con el humor propio de los cubanos, que en estos días venía una avalancha de estampas, oraciones y reflexiones con motivo de las celebraciones de “Cachita”, la Caridad de Cuba. No había resentimiento en mi amigo, solo se preguntaba: ¿qué vamos a hacer los que somos ateos o agnósticos?
Esta columna quiere ser un mensaje religioso para mis amigos ateos y agnósticos. Por supuesto que no se trata de un texto para convencerlos de nuestra fe en Dios y nuestro cariño a su Madre la Virgen María que en Cuba llamamos Caridad. Como siempre, quiero pasar del hecho a la raíz del asunto. Y creo que en la raíz de esta anécdota hay, por lo menos, tres temas mucho más profundos que me gustaría invitar a pensar: el derecho a la libertad religiosa, la convivencia en un Estado laico y la dimensión social de la fe cristiana.
*El derecho a la libertad religiosa*
Uno de los Derechos Humanos aprobados por las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948 y universalmente reconocido es el derecho a la libertad religiosa que dice así:
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