
QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS:
- El pasado 15 de junio dirigimos un Mensaje a los fieles católicos con motivo del Año Jubilar que, con el lema: "Peregrinos de Esperanza", estábamos celebrando con toda la Iglesia universal. Allí, en lo que ha sido una constante de nuestro Magisterio episcopal durante décadas, volvimos a referirnos a las cuestiones que atañen la vida del pueblo cubano: "La realidad dolorosa y apremiante que experimentamos, pide no quedarnos únicamente en los análisis, descripción de los problemas y sus múltiples causas. Nos exige cambiar el rumbo de esta situación. En todos los lugares de la geografía nacional, para los oídos atentos y respetuosos del sufrimiento del prójimo se escucha continuamente que las cosas no están bien, que no podemos seguir así, que hay que hacer algo para salvar a Cuba y devolvernos la esperanza. Este reclamo es una invitación a todos, pero fundamentalmente a los que tienen responsabilidades más altas a la hora de tomar decisiones para el bien de la nación. Es el momento de crear un clima, sin presiones ni condicionamientos internos y externos, donde se puedan llevar adelante los cambios estructurales, sociales, económicos y políticos que Cuba necesita". 2. En aquel momento imaginábamos que las cosas no podían ir peor y que, por tanto, se abrirían caminos que permitieran, progresivamente, mejorar la vida de todos los que vivimos en esta tierra, favoreciendo a la vez, un clima de respeto, para que todas las personas con opiniones diversas, pero deseosas de contribuir al desarrollo integral de la nación, pudieran hacerlo en los ámbitos donde se necesitan los cambios. Lamentablemente, la situación ha empeorado y se ha agravado la angustia y la desesperanza. Las noticias recientes, que anuncian, entre otras, la eliminación de toda posibilidad de que entre petróleo al país, disparan las alarmas, especialmente para los menos favorecidos. El riesgo de un caos social y de violencia entre los hijos de un mismo pueblo es real. Ningún cubano de buena voluntad se alegraría de ello.
- Hits: 98
He estado pensando en que el cambio es un camino que se va aprendiendo

La vigilancia digital en Cuba no es un fenómeno aislado, sino una política estructural de control estatal que se ha intensificado con la expansión del acceso a Internet y las tecnologías de la información, sin que ello haya venido acompañado de garantías democráticas, marcos efectivos de protección de derechos digitales ni controles judiciales independientes. El Primer Informe Integral sobre Vigilancia Digital en Cuba, documenta, a partir de 200 declaraciones válidas recogidas entre el 28 de noviembre de 2025 y el 5 de enero de 2026, un aparato de control y coerción digital centralizado, apoyado en ETECSA (monopolio estatal de las telecomunicaciones), el uso combinado de herramientas tecnológicas y marcos legales restrictivos, y prácticas de vigilancia e intrusión que derivan en represión y autocensura, afectando tanto a las personas dentro de la isla como, de forma indirecta, a la diáspora a través de represalias contra familiares.