
Cuba necesita, en este nuevo tránsito hacia la libertad, de los mejores proyectos y programas para reemprender el camino hacia la eticidad, el civismo, la democracia y el progreso. Cuba tiene, en los mismos cimientos fundacionales, dos documentos inspiradores y programáticos sin los cuales la nueva República no sería fiel a nuestras raíces, identidad y cultura: las Cartas a Elpidio del Padre Félix Varela y el Manifiesto de Montecristi de José Martí que firmó también Máximo Gómez.
Hoy me detendré en algunas reflexiones basadas en el Manifiesto de Montecristi al cumplirse, el próximo 25 de marzo, el 131 aniversario de su proclamación en 1895. Hoy este Programa ético tiene toda su vigencia. Veamos algunas de sus propuestas:
1. Reconstruir Cuba a partir de sus raíces
En efecto, los cubanos no debemos volver a caer en el grave error de buscar fuera lo que Cuba misma posee desde su gestación. Así lo escribió Martí en el Manifiesto de Montecristi:
“Desde sus raíces se ha de constituir la patria con formas viables, y de sí propia nacidas, de modo que un gobierno sin realidad ni sanción no la conduzca a las parcialidades o a la tiranía. Sin atentar, con desordenado concepto de su deber, al uso de las facultades íntegras de constitución, con que se ordenen y acomoden, en su responsabilidad peculiar ante el mundo contemporáneo, liberal e impaciente, los elementos expertos y novicios, por igual movidos de ímpetu ejecutivo y pureza ideal, que con nobleza idéntica, y el título inexpugnable de su sangre, se lanzan tras el alma y guía de los primeros héroes, a abrir a la humanidad una república trabajadora”.
2. El decoro y la dignidad de cada persona
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La crisis sistémica, el descontento social, el temor latente de una reacción más dura de Estados Unidos y la falta de apoyo real de sus aliados estratégicos lo empujan hacia una posición que, aunque disfrazada de continuidad, empieza a desnaturalizar sus propios presupuestos.
He estado pensando en signos contradictorios
Desde la propia Sierra Maestra el demiurgo de Fidel Castro proclamo que, al finalizar la guerra contra Fulgencio Batista, comenzaría para él una lucha mayor contra Estados Unidos, la que califico como su "verdadero destino". El castrismo, no Cuba, es una amenaza constante y permanente para la seguridad de esta nación.