Sobrada habrá sido la motivación popular que ha inspirado a los cubanos a calificar de "Charco de Sangre" o como el "Carnicero de Artemisa" a este esbirro de la dictadura más cruel de la historia de este Continente Americano.
En efecto, Ramiro Valdés, nativo del pueblo de Artemisa, en la Provincia de Pinar del Río, fue el arquitecto del aparato de seguridad, del espionaje interno y de la brutal represión que ha mantenido el régimen durante 66 años desde su posición como Ministro del Interior, un cargo que ejerció en dos ocasiones a lo largo de 23 años, en el que se le atribuye un papel central en la maquinaria de vigilancia, inteligencia y represión política que sostuvo al castrismo frente a la oposición interna, siendo también responsable de la creación de las represivas Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP).
Según múltiples testimonios, Ramiro Valdés era un ejecutor convencido del terror como un instrumento eficaz para conservar el poder. Durante su primera etapa al frente del Ministerio del Interior se estructuraron los órganos de la Seguridad del Estado, gestores de miles de fusilamientos en los primeros años del castrismo en el poder. Bajo su autoridad se consolidaron prácticas documentadas durante décadas por organismos de derechos humanos, ex presos políticos y antiguos funcionarios del propio régimen, incluyendo la creación de campos de concentración, desplazamientos forzosos de campesinos y la implementación de torturas y métodos violentos y psicológicos de interrogatorio, detenciones arbitrarias, juicios sumarios y fusilamientos, encarcelamientos prolongados por razones ideológicas y un cruel sistema penitenciario concebido como herramienta de escarmiento.
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*_Son de dura cerviz_* (Ex 32, 9)
El anuncio por parte de la dictadura cubana de 176 propuestas de «transformación» económica y social no debe confundirse con una apertura histórica ni con un abandono genuino del sistema fallido que ha gobernado la isla durante más de seis décadas. Tras el discurso sobre la modernización, la empresa privada, los mecanismos de mercado y la renovación económica se esconde una estrategia de supervivencia política cuidadosamente calculada. La dirección castrocomunista está intentando construir una fachada de Potemkin: la apariencia de cambio sin la esencia de la transformación.
He estado pensando en las opciones que nos quedan II