Recordando a Arístides Calvani 40 años después de su muerte
Al cumplirse 40 años del fallecimiento de Aristides Calvani, un venezolano íntegro, modelo a seguir por los jóvenes venezolanos agobiados por la desesperación que sacude a la población del país por un régimen totalitario que ya se ha prolongado por 27 años, es más importante que nunca nutrirnos de las propuestas del gran Canciller.
Calvani supo promover y defender los valores en los campos más variados del compromiso humano. Ya se ha escrito mucho sobre su contribución en la creación y consolidación de la Universidad de Trabajadores de la América Latina (UTAL) desde la sede de la Confederación de Trabajadores de America Latina (CLAT) en San Antonio de los Altos, o en la formación de dirigentes demócrata cristianos desde Caracas, desde la sede del Instituto de Formación Demócrata Cristiana (IFEDEC) en Los Chorros, como destaca en este número uno de sus destacados directores, Pedro Méndez, o desde su actividad parlamentaria, o en la creación de la Escuela de Estudios Sociales, como destaca el Padre Ugalde en este número, o en la promoción popular, o en el Movimiento Familiar Cristiano, por no mencionar sino algunos de los grandes aportes del maestro
Pero lo que quisiera resaltar brevemente en este artículo es su extraordinario aporte a la diplomacia venezolana.
En los organismos internacionales se escuchó el reiterado llamado del canciller Calvani en propiciar la defensa de los principios rectores de Paz, Seguridad, Desarrollo y Pluralismo, además de defender arduamente el concepto de Justicia Social Internacional y del Bien Común Universal como opciones preferenciales hacia los pobres, y el reconocimiento al derecho al desarrollo de los pueblos del tercer mundo. Su mensaje fue incorporándose de manera irreversible, lo que llevó a que a inicios del Siglo XXI se hiciera realidad el «aggiornamento» de las Naciones Unidas en beneficio de sus 192 miembros, quienes han aceptado como nuevo compromiso el de las Metas del Milenio, admitiendo definir los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) con una acción para erradicar la pobreza, luchar contra el hambre, lograr una vivienda digna para los marginados, educación de calidad para todos, agua potable, paz y justicia y los otros objetivos acordados. En su propuesta por alcanzar un Nuevo Orden Internacional insistió en que el compromiso fundamental era el de privilegiar el destino del género humano a través de la dignidad de la persona humana «que debe tener por meta el desarrollo de todo el hombre y de todos los hombres» como solía afirmar, inspirado en las Encíclicas y por la Doctrina Social de la Iglesia.
Calvani entendió la necesidad de unir a todos los países de la región a través de la integración latinoamericana, a pesar de que Venezuela estaba aislada políticamente en ese momento, ya que la inmensa mayoría de Gobiernos estaban dominados por dictaduras militares de izquierda o de derecha. Pero al promocionar la idea de la Unidad Hemisférica, lo hizo sin abandonar la lucha por la democratización en el marco de la Unidad en la Diversidad y en el Pluralismo de Ideologías, que hoy está consagrado en la Carta Democrática a nivel Hemisférico y en las cláusulas democráticas de las sub-regiones.
El gran canciller supo privilegiar mecanismos reales de negociación y lograr a través de diversas consultas la participación de todos los sectores del país. Un ejemplo claro de su capacidad negociadora la pudimos constatar con el ingreso al Pacto Andino, en la que indagó una y otra vez los intereses y valores de los venezolanos utilizando para ello varios mecanismos de consulta con los políticos, con los partidos, con los académicos, con los empresarios, con los sindicatos, con la pequeña y mediana empresa, con los agricultores, con los campesinos; y después de identificar los intereses de todos, actuar de manera exitosa a través del arte y la ciencia de la negociación (sin improvisación), teniendo claros los objetivos de nuestro ingreso a la Comunidad Andina de Naciones. Este esfuerzo no se mantuvo debido a la abrupta salida de Venezuela del Pacto Andino durante el Gobierno de Chávez, ni por los negociadores de Santo Domingo, que deberían haber estudiado el modelo Calvani con el objetivo de definir una hoja de ruta para exigir el retorno a la verdadera democracia, pero para hacerlo debían contar no solo con «consultas», sino a través del arte de la negociación.
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