Contrario a lo que ha sucedido tradicionalmente en los mercados, la bonanza en el mercado de valores desde abril de 2025 no ha afectado la demanda de oro y plata como alternativas de inversión.
El índice Dow Jones, por ejemplo, pese a los abruptos altibajos que se producen en el mercado estimulados por tiranteces políticas, por rivalidades comerciales o por la incertidumbre del desarrollo de ciertos conflictos internacionales, ha aumentado desde el cierre del 5 de enero de $48,475 hasta $49,501 al cierre del viernes pasado. Aunque esa inestabilidad e incertidumbre ha afectado marginalmente a la baja los índices Nasdaq y S&P 500, la mayoría de los expertos pronostican mejores resultados en los próximos meses.
En contraste, el precio de la onza de Oro alcanzó hoy lunes 16 de febrero $4,998.53 de $4,447.90 que cerró el 5 de enero. Un aumento superior al 12% en apenas un mes y medio. La plata sufrió una notable baja especulativa el 30 de enero pero ya se está recuperando y se predice que del precio alcanzado el 16 de febrero de $77.16 la onza, en pocas semanas estará fluctuando por encima de los $100.00.
Un reportaje testimonial aparecido en The New York Times remitido por una residente de Beijing señala la desesperación de amplios sectores del pueblo chino, encubierta por las autoridades, relatando que: «Hoy, a muchos de nosotros nos resulta más difícil sentir orgullo. Detrás del orden de la vida cotidiana, hierve una silenciosa desesperación. En las redes sociales y en conversaciones privadas, se repite un estribillo común: preocupación por el desempleo, los recortes salariales y llegar a fin de mes.»
En su testimonio, subraya también que: «Hoy en día, existe un sentimiento de amarga ira entre la gente por ser víctimas sin voz de la obsesión del Estado con el poder mundial y con superar a Estados Unidos. Es probable que ese sentimiento crezca. El último plan quinquenal —el plan maestro del gobierno sobre prioridades económicas— publicado el mes pasado deja claro que planea redoblar la apuesta por priorizar el poder militar sobre el bien común.»
Esto es cierto y Estados Unidos lo ha estado ignorando durante largo tiempo, permitiendo que China haya estado cerrando rápidamente la brecha en la carrera armamentista, mostrando liderazgo en áreas críticas de tecnología como AI, tecnología hipersónica y guerra cibernética, al tiempo que expande rápidamente su arsenal nuclear, aunque aún se encuentra a la zaga de los EE.UU. Desarrolla así un extenso programa de competencia estratégica multifacética tanto en los ámbitos tradicionales como tecnológicos. Mientras los EE.UU. todavía han mantenido ventajas en poder militar agregado y algunos sistemas de alta gama (o high-end systems: tecnologías de vanguardia que combinan potencia de fuego con capacidades digitales avanzadas para obtener una superioridad estratégica decisiva), es cierto también que China sobresale en tecnología emergente, desafiando la supremacía norteamericana en el espacio y la red, lo que ha obligado a Estados Unidos a reevaluar urgentemente su perspectiva estratégica.
No obstante, el reportaje testimonial que estamos citando destaca que: «Esa fachada de fortaleza se resquebraja aquí en China, donde la desesperación ante la disminución de las perspectivas económicas y personales está muy extendida. Este contraste entre un Estado confiado y una población agotada se resume en una frase que los chinos utilizan para describir su país: "wai qiang, zhong gan", que se traduce aproximadamente como "fuerte por fuera, frágil por dentro".»
China se enfrenta a importantes obstáculos estructurales, como una persistente caída del mercado inmobiliario, un consumo interno débil, presiones deflacionarias y una frágil confianza del sector privado, lo que se traduce en un crecimiento inferior al esperado en áreas como las ventas minoristas y la inversión, a medida que se aleja de la expansión impulsada por el sector inmobiliario y por el enorme superávit comercial.
Recién dijimos adiós al año 2025 y los inversionistas en metales preciosos están de plácemes, especialmente por la extraordinaria alza que han experimentado los precios del oro, la plata y el platino. La plata y el platino, sobre todo, experimentaron un alza sin precedentes del 170% durante el año y el alza de los precios del oro fue también importante, aumentando un 73%.
Esta bonanza se reflejó también en la bolsa de valores con aumentos considerables en los precios de las acciones de empresas mineras de metales preciosos. Por ejemplo, Barrick Mng. Corp (B) comenzó el año a $15.97 por acción y cerró a $43.55, pese a una breve caída de los precios los días 30 y 31 de diciembre. Otro ejemplo fue el de Agnico Eagle Mines (AEM), cuyas acciones subieron de $79.47 a $169.53 por acción. Estos resultados se realizaron también en la mayoría de otras empresas mineras de metales preciosos.
La baja de los precios de estos metales y de esas empresas mineras en los dos últimos días del año puede haber estado provocada por el temor que un alza tan pronunciada a lo largo de todo el año anticipe una importante caída de los precios en enero y febrero de este año en lo que se denomina una "corrección de mercado". Puede que esa tendencia continúe por algún tiempo y provoque un descenso de entre el 10% y el 15% de los precios alcanzados en diciembre como reacción previsora de los inversionistas, pero NO estará sustentada por las realidades de la demanda de estos metales.
Sencillamente, las condiciones mundiales han cambiado fundamentalmente tras el repunte posterior a la pandemia, y puedo pronosticar que esa transformación es irreversible. Los factores principales que impulsan los precios del oro, la plata y el platino incluyen cambios en la geopolítica que impulsó a los bancos centrales a acumular reservas y a seguir acumulándolas, y provocó las preocupaciones de los inversores sobre la solvencia del gobierno de EE.UU. (y, por extensión, del dólar) ante una espantosa deuda externa que aumentó descontroladamente desde 2021 y ya supera los 38 billones de dólares (trillones en inglés). Esto se vio agravado por una inflación también descontrolada durante el período 2021-2024 que erosionaba el poder adquisitivo de las monedas, causando un aumento de los desequilibrios entre la oferta y la demanda.
Después de 14 votaciones y 43 días del estancamiento más largo de la historia por cuestiones presupuestarias, se logró el 9 de noviembre una votación bipartidista que acomodó la supermayoría necesaria de senadores para llegar a un acuerdo para cesar la congelación de fondos y reabrir el gobierno. Siete demócratas y un independiente se unieron a 52 de los 53 republicanos para alcanzar los 60 votos necesarios para avanzar.
La Cámara de Representantes reanuda hoy 12 de noviembre sus sesiones para considerar la legislación como la propone el Senado. El presidente Donald Trump ha indicado que promulgará la ley si se aprueba, lo que hace probable que el gobierno reabra por completo a fines de esta semana.
Los elementos clave del acuerdo incluyen:
Financiamiento de las operaciones gubernamentales hasta el 30 de enero de 2026. Esta es una medida temporal o "resolución de continuidad" que extiende el financiamiento para todas las operaciones gubernamentales hasta el 30 de enero de 2026, a fin de dar tiempo a las negociaciones sobre los elementos del presupuesto en los que no hay acuerdo hasta ahora.
Aunque los escenarios, las circunstancias y las consecuencias suelen ser distintos, la historia se repite constantemente en cuanto a los errores que se cometen al tratar de emplear los antiguos métodos y recursos para resolver nuevos problemas y conflictos. Por ejemplo, durante la II Guerra Mundial, Estados Unidos desarrolló en sólo 117 días el mejor avión de combate de ese conflicto, el P-51 Mustang, y lo produjo por sólo 50,000 dólares cada uno, es decir, aproximadamente 500,000 dólares de hoy, dejando atrás la tecnología de la época y, además, produciéndolo en masa gracias a su bajo costo.
La tendencia a aferrarse a tecnología y estrategias anticuadas sucede con graves y trágicas consecuencias en los escenarios de guerra que periódicamente conmueven a la humanidad. El ejemplo del P-51 Mustang está en agudo contraste con el prolongado desarrollo y abrumador costo de producción del F-35, considerablemente más complejo, a un costo más de 100 veces mayor en términos reales. Por añadidura, su mantenimiento es también abrumadoramente costoso, requiriendo 20 horas de cuidados por cada hora de vuelo, por lo cual sólo el 30% de los F-35 están listos para realizar operaciones en cualquier momento.
Mientras tanto, hoy día estamos presenciando una transformación radical y profunda en el material de guerra, las tácticas y estrategias que las grandes Potencias como EE.UU. y Rusia se resisten a comprender. Es así como asombra al mundo que el pequeño David ucraniano se haya enfrentado con éxito al Goliat ruso a lo largo de tres largos años de guerra. Sencillamente porque el aparato militar ruso es en gran medida obsoleto y los ucranianos están utilizando material de bajo costo pero de considerable efectividad, como se ha comprobado en los enfrentamientos navales en el Mar Negro y en la notable ausencia de la fuerza aérea rusa en los cielos de Ucrania debido a que las defensas de bajo costo pueden derribar aviones que cuestan cientos de millones de dólares.
En la II Guerra Mundial, los alemanes desarrollaron los tanques más formidables de la época, pero a un alto costo de producción. Los aliados los abrumaron con cantidades masivas de tanques inferiores, pero de costo mucho más bajo. Mientras que Alemania construyó unos 26,000 tanques y los italianos poco más de 1,800 durante la guerra, los aliados construyeron aproximadamente 186,000 tanques. Por el contrario, los costos incontrolables e insostenibles de los armamentos de hoy son evidentes en todas partes. El precio de más de 15 mil millones de dólares por un portaaviones (sin contar los aviones y los buques auxiliares), 500 millones de dólares por un B-2 y 7 millones de dólares por un tanque no permite comprar o producir muchos de ellos. Y las grandes Potencias que hacen alarde de ellos no pueden permitirte perder ninguno. Aparte de los costos, se necesitan muchos meses o años para producir más de esos costosos aparatos y los rusos están pagando el precio en una guerra sumamente costosa y prolongada.