América Nuestra:
Si Venezuela está en un limbo y ya tiene encima un tutelaje y una presidenta interina designada calculen ustedes, apreciados lectores, cómo estará Cuba. A ese limbo lo llamamos vacío de poder, incertidumbre, inquietud o zozobra. Como prefieran, según sea el caso. El problema es que la aludida -más no mentada- gobierna colocada a dedo por el interventor, y no porque su estatus sea legal. De hecho, va contra las disposiciones de la Constitución Nacional. Lo procedente sería que se consultara al Soberano, que es el pueblo venezolano y no otro, acerca de quién debe conducir los destinos del país.
Y no sólo lo procedente, también lo prudente, pues la tragedia sobrevenida coloca en riesgo los planes de tutor y tutelada -que no son los mismos, ni mucho menos, así lo parezcan-, a juzgar por el termómetro de la indignación ciudadana ante el pésimo manejo de la emergencia, cuya manifestación más indignante y dolorosa ha sido la llamada “desatención” a la urgencia, cuando en realidad ha sido una fría y calculada pretensión de dejar a la gente a su suerte.
Pero salió al paso la sociedad civil de este país la cual, a fuerza de abandono y carencias, ha fortalecido un músculo que combina la resistencia a un régimen cruel con la resiliencia y la capacidad de respuesta ante la dimensión de cualquier eventualidad. Como dicen nuestros llaneros: somos del tamaño del compromiso que se nos presente.
Así es como hemos llegado -arrastrando dos décadas de arbitrariedad y destrucción- a soportar un terremoto como muy pocos se han registrado en la historia planetaria, sorprendiendo al mundo con una respuesta masiva, unitaria y solidaria que desde el primer momento se hizo presente para socorrer, aliviar y reafirmarnos en la convicción de que no nos hacen falta gobierno ni militares, porque es la hora de la gente, de las comunidades organizadas, el momento de ejercitar ese músculo para dar el frente a un país que necesita persistir en la asistencia humanitaria y en una reconstrucción que será larga y demandante.
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Hace 2 años el pueblo venezolano concretó una jornada épica al derrotar mediante el voto a la tiranía gobernante, sin emplear la violencia millones de ciudadanos asestaron un revés definitivo al régimen que los ha oprimido a lo largo del siglo XXI. El resultado de esa victoria popular no se ha concretado todavía motivando a que integrantes de la sociedad civil denuncien la incongruente situación que sufre el país.
