En medio del naufragio del publicitado proyecto político “Socialismo del siglo XXI”, es fundamental reincidir sobre el impacto brutal en la civilidad, en la institucionalidad pervertida por un régimen que condenó a toda una nación, a sus ciudadanos, a revertir in extremis la condición humana de un país que durante el siglo XX supo enfrentar el latrocinio dictatorial y conocer la experiencia democrática mas prolongada de su historia.
No debe haber duda que el efecto de la victoria popular del 28-J 2024 visualizó el inicio de la agonía del régimen chavomadurista, tal como lo conoció el puntofijismo con el triunfo de Hugo Chávez el 05-12-98, con la diferencia que la disminuida clase política gobernante en retirada hizo gala de su talante democrático y entregó el testigo del cambio político sin oponer resistencia.
Hoy a 27 años a cumplirse el próximo 02 de febrero cuando miramos al retrovisor, la imagen nos plasma la realidad de un país devastado integralmente, en condiciones de degradación extrema y a una distancia considerable del país que recibieron de una maltrecha democracia, la cual mantenía poderes públicos autónomos y garantizaba al menos la oportunidad de obtener un trabajo digno, para derivarla a lo largo del siglo XXI en una cruenta tiranía.
En las primeras de cambio de 2026 bajo la prolongación de un mandato usurpador debilitado y surgido tras la extracción de Maduro, reflejó en la población un alivio y al mismo tiempo incertidumbre ante la permanencia integral del estado opresor, quien ante la presión de la administración Trump ha cedido excarcelando a cientos de presos políticos bajo ilegales medidas cautelares, además de mantener la política solapada de “puerta giratoria”.
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A finales de la década de los 70, un gran visionario hizo esta atrevida afirmación: “Este siglo 20 será recordado por la caída del comunismo y será identificado como el experimento social, económico y político más doloroso y destructor de la historia de la humanidad.” Creo que, en estos momentos, esta frase se le puede aplicar a Venezuela. Porque lo que ha sucedido en ese país es tan horripilante que, como afirmara J. Edgar Hoover, eterno director del FBI, es tan horrible que la gente se niega a creerlo y lo califican como mentiras del imperialismo.

