He estado pensando en lo que no se acaba de entender
Llevamos años como esos roedores mascota a los que se les pone una rueda para que se entretengan girando, sin llegar nunca a ninguna parte. Llevamos años subsistiendo en círculos concéntricos hechos de discursos, marchas, plenos del Partido, resoluciones, reformas, contrarreformas… que no nos han llevado a ninguna parte, o tal vez sí, nos han llevado al agotamiento, a la miseria crónica, a la normalización de la supervivencia.
Y es que, en realidad, la solución que Cuba necesita no depende de leyes, ni de aperturas económicas, ni de reafirmaciones revolucionarias, ni del fin del embargo… la solución de Cuba se mueve entre el binomio poder y libertad.
De una parte están los que nos gobiernan desde enero de 1959, un grupo obsesionado por el poder hasta niveles patológicos, un grupo aferrado al poder al punto que no le importa en absoluto esa realidad llamada “pueblo”: ni su miseria, ni su hambre, ni sus aspiraciones, ni sus vidas. Sólo somos rehenes, gente a dominar y controlar, esclavos destinados a sostener un país de modo que ellos puedan exprimirlo y acumular bienes y una vida de privilegios desde la más absoluta y obscena impunidad.
De la otra parte, está un pueblo sin libertad, sin derechos, sin defensa.
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He estado pensando en lo que no se acaba de entender
En efecto, Ramiro Valdés, nativo del pueblo de Artemisa, en la Provincia de Pinar del Río, fue el arquitecto del aparato de seguridad, del espionaje interno y de la brutal represión que ha mantenido el régimen durante 66 años desde su posición como Ministro del Interior, un cargo que ejerció en dos ocasiones a lo largo de 23 años, en el que se le atribuye un papel central en la maquinaria de vigilancia, inteligencia y represión política que sostuvo al castrismo frente a la oposición interna, siendo también responsable de la creación de las represivas Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP).
*_Son de dura cerviz_* (Ex 32, 9)