La vigilancia digital en Cuba no es un fenómeno aislado, sino una política estructural de control estatal que se ha intensificado con la expansión del acceso a Internet y las tecnologías de la información, sin que ello haya venido acompañado de garantías democráticas, marcos efectivos de protección de derechos digitales ni controles judiciales independientes. El Primer Informe Integral sobre Vigilancia Digital en Cuba, documenta, a partir de 200 declaraciones válidas recogidas entre el 28 de noviembre de 2025 y el 5 de enero de 2026, un aparato de control y coerción digital centralizado, apoyado en ETECSA (monopolio estatal de las telecomunicaciones), el uso combinado de herramientas tecnológicas y marcos legales restrictivos, y prácticas de vigilancia e intrusión que derivan en represión y autocensura, afectando tanto a las personas dentro de la isla como, de forma indirecta, a la diáspora a través de represalias contra familiares.
En Cuba no solo existe miedo a publicar, sino incluso a hablar por cualquier medio de comunicación personal. Este informe expone, con un nivel de detalle y escrutinio sin precedentes, la operativa de este sistema de vigilancia y control, a partir del análisis metódico de cientos de declaraciones y testimonios directos de ciudadanos cubanos, y examina sus implicaciones a la luz de los estándares internacionales de derechos humanos aplicables al entorno digital.
Represalias, citaciones y contenido mencionado
El informe de denuncia documenta que la casi totalidad de los declarantes/denunciantes, el 98,50% (197 de 200) ha sido o sancionado (penalmente, administrativamente o de facto), o citado o amenazado, o bien él mismo o su familia, en relación con sus publicaciones y/o comunicaciones telefónicas o digitales.
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He estado pensando en la disociación psicótica

Comencemos por identificar los principales obstáculos que se nos presentan para alcanzar el futuro que Cuba merece:
Cada vez más se habla del papel de la Iglesia en la sociedad y especialmente en los procesos de transición. Entonces pareciera que no tenemos clara la misión que Jesucristo le encargó a su Iglesia. El título de esta columna es un reflejo inexacto de las diatribas que se suscitan, tanto al interior de nuestras comunidades como en el seno de la sociedad de la que formamos parte. Unos oponen “evangelización” a la acción social de la Iglesia y el compromiso político de los laicos. Otros confunden la política con la “politiquería”. Otros confunden la política cívica con la política partidista. Y otros confunden la misión de los pastores con la misión de los fieles laicos en los ambientes sociales y políticos. Confundir los términos puede ser consecuencia del analfabetismo cívico y religioso que sufrimos todos los cubanos; puede desorientar, dividir a la Iglesia y discriminar personas, sean pastores o laicos, sea dentro de la Iglesia o en la vida social.