He estado pensando en la disociación psicótica
Confieso que este artículo lo ha motivado la condena de José Gabriel Barrenechea a seis años de cárcel, porque es una muestra más de que el gobierno de nuestra nación padece definitivamente de lo que la psicología llama “disociación psicótica”.
La disociación psicótica es un estado de incapacidad para percibir la realidad tal y como es, de modo que la persona pierde el contacto con lo que podríamos llamar “la realidad real” y, en su lugar, construye en su mente una realidad que no existe, pero que es percibida como cierta y a partir de la cual se toman las decisiones.
Es lo que le sucedió a Hitler al final de la II Guerra Mundial, cuando insistía en enviar a luchar a batallones que habían sido exterminados. Es lo que le sucedió al Che Guevara al final de su vida, cuando estaba convencido de la llegada de refuerzos de la Argentina, refuerzos que nunca existieron.
Así, mientras este pueblo sigue saliendo a las calles a reclamar su derecho a la vida, sea pidiendo agua, comida, medicinas, luz o libertad, el Gobierno habla de paciencia, sacrificio y resistencia, culpa al Bloqueo de todo mal y exacerba la represión, Las condenas injustas y los juicios ejemplarizantes.
Mientras cualquiera que camine a pie de calle se da cuenta de que este pueblo mira con atención lo sucedido en Venezuela y comenta en público y en privado su esperanza en el fin de esta dictadura, el Gobierno habla de “la guerra de todo el pueblo”, como si estuviera convencido de que hasta las abuelas saldrán con sus escobas a defender lo indefendible.
Mientras Cuba afirma pública y desvergonzadamente ante la ONU que en Cuba el servicio militar es “voluntario”, vamos perdiendo la cuenta de cuántos jóvenes se han suicidado o han perdido la vida por negligencias mientras eran obligados a pasar el servicio militar.
Mientras se niega contundentemente la presencia militar de Cuba en Venezuela o el envío de cubanos como mercenarios a la guerra de Rusia contra Ucrania, no dejan de crecer las familias que hoy sólo pueden llorar a sus muertos.
Mientras el país se cae a pedazos y Cuba se desploma en todos los sentidos, y se ofrece a los responsables de este desastre una salida negociada y una retirada en paz, los discursos se endurecen, se activa el “estado de guerra”, se presenta la transición como una traición, y se vuelve a la retórica de que aquí “nos hundimos todos”, como si este pueblo no hubiera dejado ya hace mucho tiempo de identificarse con la “Revolución”, como si este pueblo no estuviera ya demasiado cansado de que le vendan la idea de que Nación y Partido comunista son la misma cosa.
¿Es que es tan difícil ver la realidad?, ¿es que tantos años aferrados al poder les impide darse cuenta de lo que siente y quiere este pueblo?, ¿es que la desconexión con la realidad es tan gigantesca que los lleva a pensar que las dictaduras son eternas?
He estado pensando en la disociación psicótica
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