En La condición humana, Arendt escribió:
“Los hombres son libres mientras actúan;
y la libertad no es un estado, sino un comienzo”.
Cuando falleció de un infarto el 4 de diciembre de 1975 en su apartamento de Nueva York, Hannah Arendt era ya una referencia indiscutible del pensamiento político contemporáneo.
No buscó ser un icono. Lo fue porque encarnó, con su vida y su obra, la coherencia entre el pensamiento y la acción. Supo que pensar no bastaba, que comprender el mundo exigía exponerse a él.
Y que la libertad se demostraba actuando.
Tenía 69 años. Pocos días antes había sufrido una caída en la calle, a la que, fiel a su carácter, restó importancia. Aquella noche había cenado con amigos (siempre los amigos, su tesoro, su bien más preciado), y, al regresar a casa, decidió trabajar un rato más.
Sobre la mesa quedó su máquina de escribir, las gafas, una pipa encendida y las notas manuscritas de un ensayo. Hasta el último instante se mantuvo lúcida y alerta, fiel a sí misma: pensamiento en acción.
Mejora esto, guionista de Netflix. Su último gesto (dejar a medio escribir un ensayo titulado El juicio) parece hoy una despedida simbólica: la confirmación de que el pensamiento sólo encuentra sentido en el ejercicio vivo de discernir, de decidir, de actuar.
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Hay todo un sector de la política de Estados Unidos, Canadá y Europa que se ha apropiado de la palabra progresista con el propósito evidente de calificar a sus opositores como enemigos del progreso y la justicia social. Sostienen que buscan "mejorar" el capitalismo mediante reformas y programas sociales, económicos y políticos que eliminen las injusticias dentro del sistema actual. Afirman que su objetivo es crear un mundo más equitativo y añaden que dan un paso adelante del liberalismo norteamericano y también del europeo.
simplemente reemplaza el choque por el estatus económico con la confrontación por motivos de raza, sexo, orientación sexual, etc., como claves para delimitar las clases oprimidas y opresoras. Donde el marxista tradicional se centra en el conflicto entre burgueses capitalistas y proletariado, el progresista habla en cambio de "supremacía blanca" contra personas de color, "patriarcado" contra mujeres, "heteronormatividad" contra LGBTQ+, etc. Pero el énfasis en la identidad de grupo, en lugar del individualismo y los derechos inalienables de las personas, se hereda del marxismo y marca una ruptura radical con el liberalismo auténtico.
En el siglo XX pasó de todo en materia de pérdida de vidas humanas por conflictos bélicos y pandemias, cálculos aproximados señalan en cuanto a conflictos bélicos a partir de las guerras mundiales, guerras coloniales y locales un aproximado de 200 millones de personas y por pandemias entre 65 y 125 millones de fallecidos.
Las victorias de los partidos socialcristianos en la Unión Europea, en Alemania y en Bolivia, recientemente, ponen a esos partidos en una interesante posición frente a la situación de los demás partidos a nivel internacional.