Aunque el Decálogo de Moises (los Diez Mandamientos) tiene su origen en el judaísmo y forma parte de la doctrina cristiana, sus Mandamientos se han transformado a través de los siglos en un referente de ética histórica. No cabe duda alguna de que es uno de los códigos de conducta más influyentes de la civilización occidental porque, al margen de la fe, ha servido como base jurídica y moral para estructurar sociedades diversas hasta desembocar en un consenso mundial que ha quedado recogido en documentos internacionales como la Declaración Universal de Derechos Humanos, entre muchos otros, incluyendo las obligaciones de proteger la vida, la propiedad y la veracidad.
En la práctica, este Decálogo funciona como un puente: los dos primeros mandamientos son puramente teológicos, mientras que los últimos son normas civiles que permitieron la convivencia organizada en la antigüedad y han servido de base a leyes justas en el transcurso de los siglos. Cabe también señalar que el preámbulo teológico sirve fundamentalmente para blindar el resto del Decálogo, de modo que sus mandamientos no puedan ser rechazados o modificados por decisiones humanas, uno de los fundamentos que hacen inalienables, inherentes e indivisibles a los derechos humanos.
En la Sede de Naciones Unidas, en Nueva York, se exhibe una reproducción escultórica del original
Código Hamurabi, un conjunto de leyes establecido por el rey de Babilonia en 1750 a.C. Se exhibe como un referente histórico. Igualmente cuando en Estados Unidos se exhiben los Diez Mandamientos en algún recinto jurídico o en los jardines anteriores a algún edificio, como puede ser un tribunal de distrito o incluso alguna escuela. Está ahí como un referente histórico que es pertinente en este país porque ha basado la ley y el orden en principios cristianos sin por eso discriminar en cuanto a las preferencias y prácticas religiosas diversas de sus ciudadanos.
Por lo tanto, es incongruente la furiosa campaña de oposición a la exhibición de ese referente histórico, bombardeando los tribunales con decenas de demandas para que sean removidos de la luz pública. ¿Acaso insulta a los países del mundo que el Código Hamurabi se exhiba en los pasillos de Naciones Unidas? Entonces, ¿por qué han de crear semejante pugna con el argumento no comprobado de que muchas personas puedan sentirse insultados por ese otro referente histórico?
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La Cuaresma, en la fe católica, comienza el miércoles de ceniza, cuyo lema es polvo eres y en polvo te convertirás. Eso no impide que se le rinda homenaje al fallecido y se entierre sus restos como Dios manda. Hoy en día es muy popular cremar el cuerpo del fenecido tras los servicios funerarios. Y están los que donan sus cuerpos a la ciencia o los refrigeran esperando ser reanimados en un futuro.
La expansión territorial olvidada.
He tenido muchas relaciones con magrebíes y andinos, tanto en España, como inmigrantes, como en sus países de origen en donde el inmigrante era yo. Lo que sigue son los juicios recogidos de una muestra lo suficientemente amplia de testimonios como para pensar que es posible llegar a conclusiones empíricas razonables y significativas. Así nos ven los inmigrantes... Las opiniones de estas personas son siempre subjetivas, pero basadas en algunos datos reales y, en cualquier caso, suponen una línea de tendencia.