Recordando a Arístides Calvani 40 años después de su muerte
Al cumplirse 40 años del fallecimiento de Aristides Calvani, un venezolano íntegro, modelo a seguir por los jóvenes venezolanos agobiados por la desesperación que sacude a la población del país por un régimen totalitario que ya se ha prolongado por 27 años, es más importante que nunca nutrirnos de las propuestas del gran Canciller.
Calvani supo promover y defender los valores en los campos más variados del compromiso humano. Ya se ha escrito mucho sobre su contribución en la creación y consolidación de la Universidad de Trabajadores de la América Latina (UTAL) desde la sede de la Confederación de Trabajadores de America Latina (CLAT) en San Antonio de los Altos, o en la formación de dirigentes demócrata cristianos desde Caracas, desde la sede del Instituto de Formación Demócrata Cristiana (IFEDEC) en Los Chorros, como destaca en este número uno de sus destacados directores, Pedro Méndez, o desde su actividad parlamentaria, o en la creación de la Escuela de Estudios Sociales, como destaca el Padre Ugalde en este número, o en la promoción popular, o en el Movimiento Familiar Cristiano, por no mencionar sino algunos de los grandes aportes del maestro
Pero lo que quisiera resaltar brevemente en este artículo es su extraordinario aporte a la diplomacia venezolana.
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Bajo el título de “amnistía” la dictadura de Venezuela adelanta un proyecto de ley que legitima su legislación que viola derechos humanos, que da legalidad a actos de fiscales y jueces que usan la justicia como instrumento de represión y de terrorismo de Estado, que afirma la institucionalidad del sistema de prisión y tortura, y de esta manera protege a los miembros del cartel narcoterrorista del reo Nicolás Maduro. Con el sofisma de liberar a sus víctimas la dictadura de Venezuela está dando impunidad a los verdugos.
A medida que transcurre el año 2026 se multiplican los llamados de propios y extraños al éxodo, exigiéndole el retorno inmediato al país a partir de la consideración que la situación cambió en Venezuela y amerita el aporte inmediato de sus ciudadanos dispersos por el mundo, quienes deben al sonido del clarín de la patria presentarse presurosos en su territorio.