Bajo el título de “amnistía” la dictadura de Venezuela adelanta un proyecto de ley que legitima su legislación que viola derechos humanos, que da legalidad a actos de fiscales y jueces que usan la justicia como instrumento de represión y de terrorismo de Estado, que afirma la institucionalidad del sistema de prisión y tortura, y de esta manera protege a los miembros del cartel narcoterrorista del reo Nicolás Maduro. Con el sofisma de liberar a sus víctimas la dictadura de Venezuela está dando impunidad a los verdugos.
La instalación del terrorismo de Estado en Venezuela bajo el modelo y la operación de la dictadura de Cuba empezó cambiando leyes, tipos delictivos, procedimientos legales y competencias de autoridades para crear un sistema penal que en lugar de proteger los derechos humanos y a la sociedad, los violen y los aterroricen para someterlos. Así aparecieron delitos como “incitación al odio”, procedimientos como “detenciones preventivas sin terminación de tiempo”, torturas para inducir a “auto inculparse” o aceptar delitos nunca cometidos, y persecuciones incluso internacionales para exiliar e inhabilitar.
Este proceso de cambio del sistema penal de la democracia al sistema terrorista del socialismo del siglo 21 es un “iter criminis”, que es “el recorrido del crimen” y que “permite determinar cuáles son todos los delitos que puedan estar asociados a una acción criminal”. Los delitos de suplantación, falsificación, violación de derechos y garantías fundamentales, acusaciones y denuncias falsas, prevaricatos, torturas, asesinatos, privación de libertad, asesinato de reputación y más, fueron cometidos por la dictadora en ejercicio de Venezuela, por los miembros de su gabinete, por sus legisladores, por sus fiscales sicarios y jueces verdugos, por sus matones y torturadores y por todo el aparado del “terrorismo de Estado”, siendo sus víctimas son los presos, exiliados y asesinados.
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A medida que transcurre el año 2026 se multiplican los llamados de propios y extraños al éxodo, exigiéndole el retorno inmediato al país a partir de la consideración que la situación cambió en Venezuela y amerita el aporte inmediato de sus ciudadanos dispersos por el mundo, quienes deben al sonido del clarín de la patria presentarse presurosos en su territorio.