En el silencio de un central parado, las máquinas oxidadas parecen recordar tiempos mejores. El olor a bagazo húmedo se mezcla con la frustración de los obreros que, tras décadas de experiencia, saben cómo producir azúcar, pero carecen de lo más básico: combustible, piezas de repuesto y caña suficiente. La zafra azucarera, otrora columna vertebral de la economía cubana, atraviesa una de las peores crisis de su historia.
Cinco años de desplome. Las cifras hablan por sí solas:
- En 2019 2020 se produjeron 1,2 millones de toneladas de azúcar.
- - En 2020 2021, 816 000.
- - En 2021 2022, apenas 473 000.
- - En 2022 2023, 350 000.
- - En 2023 2024, 250 000.
- - En 2024 2025, solo 150 000 toneladas, la peor en más de un siglo.
- - Y en 2025 2026, con una meta oficial de 400 000 toneladas, menos de una decena de centrales han arrancado, muchos paralizados por falta de combustible y roturas constantes. El desplome no es coyuntural: es estructural. Los ingenios envejecidos, los cañaverales agotados y la crisis energética han convertido la zafra en un símbolo del fracaso nacional. Los centrales: reliquias de otro tiempo. Salvo los últimos seis o siete construidos después de 1959, la inmensa mayoría de los ingenios que hoy siguen funcionando fueron levantados antes del triunfo revolucionario. Más de seis décadas después, el castrismo no ha sido capaz de renovar ni ampliar de manera significativa su infraestructura industrial. En Villa Clara, el Quintín Bandera arrancó y se detuvo varias veces hasta que finalmente fue paralizado.
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I have been thinking about the needs that shape us and the experience of the Cuban people.