He estado pensando en las necesidades que nos estructuran
Hay tres necesidades alrededor de las cuales se estructura la personalidad: el afecto, la seguridad para la supervivencia y la experiencia de control sobre nuestra vida. Sentirse amado, seguro y con un sano control de nuestra vida, permite que el miedo no nos gane ni nos gobierne.
Cuando estas condiciones no se dan, nos protegemos, levantamos defensas, y si no nos damos cuenta, acabamos confundiendo nuestras defensas con nuestra identidad, y empezamos a actuar desde nuestras defensas para sentirnos protegidos.
Así, terminamos haciendo lo que no queremos hacer, o diciendo lo que no queremos decir. Actuamos desde un “yo” desde el cual no nos reconocemos, desde el que no nos identificamos, pero que nos da seguridad.
Ocurre lo mismo a nivel de pueblo. Una dictadura no ama a sus hijos. Los controla, los manipula, los usa para sus fines, pero no los ama. Sus vidas, sus ilusiones, sus deseos… no importan.
Una dictadura no es capaz de ofrecer seguridad. Todos viven permanentemente con miedo: los que disienten, porque saben que en cualquier momento pueden ser enjuiciados, y los que la sirven, porque saben que por mucho que hayan entregado, basta un desliz, basta un error para “caer en desgracia”. Y al no existir un estado de derecho, no existe un sistema judicial autónomo que pueda defenderlos.
Bajo una dictadura el control de la propia vida es imposible. Todo está ya controlado: la educación, los mecanismos para solucionar las necesidades básicas, lo que se puede decir, los horizontes que se pueden alcanzar…
Al igual que en lo personal, una opción es crear defensas y vivir a partir de ellas: nos hacemos “obedientes”, participamos en todo, aprobamos lo que se nos pide aprobar y desaprobamos y atacamos lo que se nos pide atacar. Aprendemos a vivir con miedo y lo enseñamos así a nuestros hijos, mientras generamos una sofisticada colección de justificaciones: “es por nuestro bien”, “no tengamos problemas”, “no es posible otro modo”, “hay que adaptarse”…
Todo mientras sentimos que ese no es nuestro yo, mientras desde lo más hondo algo nos grita que no queremos una vida así.
Y cuando nos regalamos unos segundos de verdad, nos damos cuenta de que hemos construido la vida a través de la falsedad, el miedo y la simulación. Y es entonces cuando se hace posible ver que el camino se bifurca, que podemos elegir vivir desestructurados, extraños a nuestro propio sentir, formando parte de una vida de comedia, actuando según el guion que se nos ha escrito, o que podemos empezar a construir una realidad diferente, que empieza por reconocer lo que realmente sentimos, pensamos y creemos, y que luego puede pasar del pensamiento a las palabras, y de las palabras a hechos concretos por defender y buscar la vida que realmente queremos vivir.
Todo cambia cuando decidimos despertar de la amnesia que generan las dictaduras, y nos damos cuenta de que tenemos derechos: derecho a un sistema social que tenga en cuenta nuestras necesidades y que nos permita realizar nuestras aspiraciones y proyectos; derecho a un sistema que nos proteja y a unas leyes que nos proporciones seguridad ante las injusticias; derecho a decidir el rumbo que queremos darle a nuestra vida.
Porque tenemos derecho a vivir sin que el miedo nos gane ni nos gobierne.
He estado pensando en las necesidades que nos estructuran
Comments powered by CComment