El novelista e historiador ruso Aleksander Solzhenitsyn se quejaba de que mucha gente había saludado el XX, como un siglo de razón elevada, sin imaginar los horrores
canibalísticos que traería consigo. Daniel J. Mahoney, examina “la enfermedad del alma” que ha provocado ese canibalismo. En su ensayo, "Encontrando el espíritu de la negación revolucionaria” (2022) el escritor y profesor emérito estadounidense, toma como base, una de las novelas más exitosas de la literatura rusa, para encontrar una respuesta lógica a este problema que amenaza con destruir la cultura occidental.
Los demonios (1871) escrita por Fodor Dostoievski, gira en torno al dilema humano: ¿Si una persona se dedica al mal, es un demonio o está poseída por otro? Mahoney considera esta obra: un estudio literario oportuno y atemporal del nihilismo moral y político, en el que Dostoievski reúne todos sus poderes imaginativos y proféticos para enfrentarse al espíritu de negación radical que define el proyecto revolucionario moderno.
El título de la traducción al inglés de Constance Garnett en 1916, The Possessed o Los Poseídos, resultó controversial pues se argumentó que Bésy (Demonios en ruso) se refiere a “posesores” (activos) más que a “poseídos” (pasivos). Los demonios son individuos que actúan de forma criminal o inmoral mientras que Los poseídos asumen las ideas y actos de quienes influyen en ellos. Igual los convierte en cómplices de la maldad.
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Las movilizaciones contra el conflicto entre Israel y Palestina introdujeron este año, en ciudades como Nueva York, la cancelación de las navidades en plena nochebuena. Su propósito no era protestar en paz o transmitir un mensaje pacifista, sino crear confusión y producir el caos, dos elementos asociados con el terrorismo urbano.
Europa”, durante los años de agitación y guerra en el Viejo Continente.
In Federalist 63, James Madison writes proudly of the fact that ours will be the first purely representative government. This doesn’t just mean that instead of a king being sovereign, as in England, we would elect our rulers. It means that no one inside the government—none of the people carrying on the activities of the government—would be sovereign. The sovereign would be located outside the government. As Abraham Lincoln would later put it, the constitutional majority is the only true sovereign of a free people. All powers are to be delegated from the society to the government.