*Excarcelaciones en Semana Santa*

Sor Nadieska Almeida*Excarcelaciones en Semana Santa*

Sor Nadieska Almeida, HC

11 de abril de 2026

El Viernes Santo es un día de gran silencio dentro de la Iglesia católica. En la celebración de los oficios tiene lugar la oración universal, rezamos por todos, y en la última de estas súplicas especialmente rezamos por los atribulados. Me quedó resonando esta petición: “para que libere de la injusticia a los perseguidos, redima a los encarcelados, conceda volver a casa a los emigrantes y desterrados”.

Ese viernes amanecimos con una noticia que nos alegra a medias, la excarcelación de 2010 personas privadas de libertad. Quedarme callada ante esto es imposible, sobre todo cuando dentro del discurso de quienes ofrecen esa excarcelación aparece el tema religioso y, aunque no me detengo ahí como hija de la Iglesia y consagrada dentro de ella, es un deber de justicia levantar la voz por aquellos a los que se les ha terminado la condena y aun siguen presos, como Maikel Osorbo, Luis M. Alcántara, y muchos otros. También por quienes, por pedir la libertad que muchos queremos y no nos atrevemos a pedir, están sufriendo condenas, entre ellos Jorge y Nadir Perdomo, Sayli Navarro, María Cristina Garrido, Sissi Abascal, Duannis Taboada, Lizandra Góngora, y muchos más. Otros están sufriendo reclusión domiciliaria apoyados en argumentos preparados para tener de qué acusarlas, como Anna Sofía Benítez y Caridad Silvente.

Aún siguen presos jóvenes del 11 de julio de 2021, cuyo reclamo fue un grito que muchos ahogan y que los están silenciando con torturas, con hambre, con amenazas a familiares. Otros, como los de las protestas de Morón que aún están siendo buscados, el joven, casi niño, Jonathan David, a quien acaban de trasladar a una cárcel sin avisar a sus padres, a quienes el sufrimiento de un hijo enfermo y encarcelado, los sume en un profundo dolor y en una grandísima impotencia.

Podemos seguir nombrando a todos aquellos que conocemos. Los jóvenes de Guanabacoa, que con valentía, y hartos de esta durísima situación, salieron a pedir lo que sus corazones añoran: libertad; los profesores expulsados de las universidades por apoyar a los jóvenes estudiantes en sus deseos de expresar sus pensamientos, o simplemente por dar voz a sus ansias de una Cuba diferente.

Es también doloroso el sufrimiento de los que han sido desterrados y no pueden regresar a la isla, y viven con ese duelo permanente de no poder estar en la tierra que los vio nacer y en la que aún tienen familiares, como los hermanos Ruiz Urquiola o Anamely Ramos. También por ellos hemos rezado este Viernes Santo y durante la Semana Santa.

Hemos entrado ya en la Pascua de Resurrección, celebramos el regalo de la vida que no muere para siempre. Este es un tiempo de alegría profunda, de gratitud a Dios por su amor al ser humano, amor que invita a amarnos entre nosotros. Me gustaría tanto creer que podemos llegar a vivir una Pascua distinta, donde prevalezca el respeto de unos hacia otros, donde las injusticias lleguen a su fin, donde las autoridades civiles y todos los que tienen la misión de defender y respetar al pueblo sean conscientes de su responsabilidad y la cumplan. Quiero seguir soñando en que no habrá más jóvenes perdiendo sus vidas en el servicio militar obligatorio.

No es justo mantener en una cárcel a quienes solo han reclamado sus derechos y los de todo un pueblo. Porque cuando a un pueblo le es negado casi hasta la posibilidad de vivir, lo más justo es reclamarlo, y lo que tocaría por derecho es el respeto a la dignidad, la escucha de las quejas y la solución a las graves necesidades que se plantean, porque no se resuelve el problema ignorando o encarcelando a las personas. La solución debe venir desde una aceptación de lo que está aconteciendo y una respuesta que haga posible la demanda justa de todo un pueblo.

Somos conscientes de que cuando se cometen actos que dañan a otras personas o a la sociedad, hay que recurrir a la justicia, pero no debe ser con medidas arbitrarias, ni desde los juicios o decisiones ejemplarizantes para que nadie se atreva a repetirlo. Debería ser desde intentar ayudar a la persona a hacerse responsable de sus actos y acatar lo justo.

No termino esta reflexión sin volver a rezar esa misma oracion de inicio, ahora más mía: Que la justicia vuelva a transitar por nuestras calles, que la libertad sea nuestra bandera, que la Buena Noticia de liberación, de alegría, de derecho a la vida digna sea muy pronto posible en esta tierra que languidece entre penumbras, que Tú, Jesús, Señor de nuestra historia, vuelvas a reinar en el corazón de cada cubano y veamos pronto el fin de todos nuestros sufrimientos. Que esta celebración de la Pascua, donde culmina la Semana Santa dando paso a la Vida, sea el regalo y la bendición para nuestra nación. Que así sea.

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