Cuba: ¿Transición pactada o pacto incompleto?


Librado LinaresLas declaraciones recientes de Donald Trump sobre Cuba han sacudido el tablero político. Al afirmar que no quiere trato con Miguel Díaz-Canel, pero sin rechazar a Raúl Castro, el mensaje es inequívoco: el presidente formal queda deslegitimado como interlocutor, mientras que el patriarca histórico conserva un margen de reconocimiento.

En ese vacío aparece una figura inesperada: Óscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino nieto de Raúl, ministro de Inversión Extranjera y primer viceministro, quien en la televisión oficial explicó las reformas de mercado que incluyen la inversión de la diáspora y la apertura a capital estadounidense. 

Que sea él quien dé la cara en este momento crítico parece más que una coincidencia. Su perfil técnico, su vínculo familiar y su rol institucional lo colocan como posible rostro de una conducción formal hacia una transición pactada. En otras palabras, podría ser el puente visible entre el castrismo histórico y un nuevo esquema de apertura económica y política.

Pero cualquier pacto entre Washington y La Habana no puede ignorar a la oposición democrática cubana. Ante la eventualidad de un acuerdo, esta oposición tendrá que apretarse los cinturones para exigir su derecho a existir, ocupar el papel protagónico que le corresponde por derecho propio y convertirse en garante de que la transición llegue a puerto seguro. Sin su participación activa, el riesgo es que las reformas se reduzcan a un simple reacomodo del poder dentro del castrismo, sin democratización real.

La geopolítica añade otra capa de lectura. El castrismo parece haber entendido que ni China ni Rusia están dispuestos a “sacar las castañas del fuego” en Cuba. Los recelos hacia Pekín y Moscú, sumados a la falta de apoyo económico tangible, habrían llevado a una conclusión inevitable: ha llegado la hora de acercarse a Estados Unidos, porque no queda otra alternativa. El pragmatismo se impone sobre la retórica, y la supervivencia del sistema pasa por un viraje hacia el adversario histórico.

 La especulación es inevitable: ¿estamos ante el inicio de un viraje histórico? La exclusión de Díaz-Canel, la permanencia de Raúl como garante y la aparición de Óscar Pérez-Oliva Fraga como rostro de reformas económicas sugieren un guion de transición pactada. Trump y Marco Rubio, desde la otra orilla, insisten en que cualquier beneficio económico debe estar acompañado de reformas democratizadoras.

La Habana, acorralada por la crisis energética y las protestas, parece dispuesta a abrir la puerta. El desenlace dependerá de si Cuba se atreve a dar el paso hacia una apertura política real, acompañada de la económica. Y ahí, la oposición democrática no puede ser espectadora: debe ser protagonista. Solo así se evitará que el pacto sea incompleto y que la transición se quede en un cambio de rostros sin transformación de fondo.

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