Ramiro Valdés, esbirro de una cruel dictadura elevado a "Héroe de la Revolución"

Sobrada habrá sido la motivación popular que ha inspirado a los cubanos a calificar de "Charco de Sangre" o como el "Carnicero de Artemisa" a este esbirro de la dictadura más cruel de la historia de este Continente Americano.  

En efecto, Ramiro Valdés, nativo del pueblo de Artemisa, en la Provincia de Pinar del Río, fue el arquitecto del aparato de seguridad, del espionaje interno y de la brutal represión que ha mantenido el régimen durante 66 años desde su posición como Ministro del Interior, un cargo que ejerció en dos ocasiones a lo largo de 23 años, en el que se le atribuye un papel central en la maquinaria de vigilancia, inteligencia y represión política que sostuvo al castrismo frente a la oposición interna, siendo también responsable de la creación de las represivas Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP).

Según múltiples testimonios, Ramiro Valdés era un ejecutor convencido del terror como un instrumento eficaz para conservar el poder. Durante su primera etapa al frente del Ministerio del Interior se estructuraron los órganos de la Seguridad del Estado, gestores de miles de fusilamientos en los primeros años del castrismo en el poder. Bajo su autoridad se consolidaron prácticas documentadas durante décadas por organismos de derechos humanos, ex presos políticos y antiguos funcionarios del propio régimen, incluyendo la creación de campos de concentración, desplazamientos forzosos de campesinos y la implementación de torturas y métodos violentos y psicológicos de interrogatorio, detenciones arbitrarias, juicios sumarios y fusilamientos, encarcelamientos prolongados por razones ideológicas y un cruel sistema penitenciario concebido como herramienta de escarmiento.

Durante más de 20 años ejerció también esporádicamente diversos cargos como Vicepresidente del país, como miembro del Consejo de Estado y Miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC), el único permitido.

En 1980, ascendió al cuarto lugar en la nomenclatura del PCC, a cargo del departamento ideológico. A pesar de su avanzada edad, en sus últimos años de vida y a pesar del relevo generacional en el poder que impulsó el propio Raúl Castro, Valdés seguía ejerciendo como Viceprimer ministro desde la entrada en vigor de la Constitución de 2019. 

En los últimos meses circulaba el rumor de que estaba enfermo, aunque nunca se confirmó oficialmente, pero sí quedó patente con sus ausencias en las recientes reuniones del Comité Central del PCC y de la Asamblea Nacional.

El Presidente Miguel Díaz-Canel despidió a Ramiro Valdés con elogios —contaba 94 años de edad— elaborando  la imagen de un “combatiente ejemplar”, un hombre de “fidelidad absoluta” y un “defensor de la soberanía”. En agudo contraste, vuelve a circular una confesión de Valdés en una entrevista televisiva, en la que cuenta su participación en sabotajes y otras actividades violentas, de las que se declaró estar orgulloso.

Varios de sus hijos residen fuera de la Isla, establecidos en países donde disfrutan de libertades civiles, movilidad y condiciones materiales vedadas a la mayoría de los cubanos. 

La gerontocracia cubana "revolucionaria"

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