Esta frase no es mía, sin embargo, me la he apropiado y me ha ayudado mucho en momentos en que me he sentido dispersa.
Estamos viviendo un momento tan crítico, que son pocos los que logran vivir concentrados ante el intento diario de sobrevivir. Sin embargo, nuestro gobierno se sigue desconcentrando permanentemente.
Hace muy poco sufrimos la detención de Dagoberto Valdés y de Yoandy Izquierdo, y el mismo día, la citación de los sacerdotes Alberto Reyes y Castor Álvarez; todos por la misma causa: pensar, expresar, acompañar. Hace unos días fuimos testigos de la mentira institucionalizada a través de un vocero del régimen que expresaba que en Cuba no se persigue a los opositores, y en menos de 24 horas encarcelaron a los jóvenes de El 4tico, por pensar y expresar lo que piensan. Días después, la joven Ana Sofía Benítez y los muchachos de Fuera de la Caja fueron citados y amenazados por la policía. Y recientemente, supimos de la detención y la violencia hacia Lara y Daniela por repartir comida para mitigar el hambre que muchas personas están padeciendo. ¿Hasta cuándo vamos a soportar estos atropellos? ¿Hasta cuándo nuestros muchachos y todo un pueblo vamos a seguir sufriendo la mutilación de nuestra libertad de expresión? ¿Lo vamos a seguir permitiendo?
Mientras quienes dirigen el país siguen poniendo toda su energía en reprimir, castigar, encarcelar, permanecen desconcentrados de sacarnos de la miseria en la que dolorosamente nos han sumergido.
Desconcentrados de lo que provoca en nuestros jóvenes el cierre de las universidades, con el pretexto de clases virtuales, cuando la conexión de internet es casi imposible.
Desconcentrados cerrando servicios de salud.
Desconcentrados del objetivo de garantizar que Cuba transite un camino que le lleve a avanzar, a construir la paz, a vivir.
Todos sabemos que no es sencillo, sin embargo, como otros han expresado, estamos esperando, deseando y preparándonos para un cambio, que se ha de dar, posiblemente entre ensayos y errores, aferrados a la esperanza de reconstruir el país.
Hoy digo nuevamente a cada uno de los que tienen el peso y la responsabilidad de gobernar a este pueblo:
Basta ya de querer dar muerte a la libertad de expresión.
Basta ya de querer callarnos.
Basta ya de querer hacer creer al mundo que cuentan con el apoyo de este pueblo.
Basta ya; concéntrense y retírense de una buena vez.
El mejor modo de respetarse y respetarnos es reconocer que no pueden y, por tanto, dejar paso a quienes hoy cuentan con la voluntad y la sabiduría que se necesita para conducir a este país hacia la libertad y el progreso.
No queremos vivir de migajas. Queremos vivir de nuestros sueños. Queremos una Cuba digna, libre, que vuelva a sonreír y tener en sus hogares lo necesario, especialmente la paz que nace de saber que nuestras decisiones son respetadas, que nuestros ideales pueden ser diferentes, y eso garantiza la posibilidad de vivir en libertad, sin que nadie nos diga qué y cómo vivir.
Elevo mi corazón y mi oración a Dios con las palabras del rey Salomón: “Atiende la plegaria que tu servidor entona en este lugar. Escucha la súplica que tu siervo y tu pueblo entonan en este lugar. Escúchanos Tú”. (1Re 8, 27-30)
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