La Curva de Laffer y la aplicación de una política de economía de la oferta

Ley de la Oferta y la DemandaLa Curva de Laffer está relacionada con la Ley de la Oferta y la Demanda, y postula que los ingresos del gobierno no aumentan de forma indefinida al subir los impuestos. Ilustra que tanto con una tasa del 0% como con una del 100%, la recaudación es cero. Existe un punto intermedio óptimo que maximiza la recaudación impositiva; superarlo reduce la base impositiva y los ingresos totales debido a sus efectos desincentivos y a la resultante evasión.

El Dr. Arthur Laffer es un destacado economista de la escuela de la oferta (supply side economics) que proclamó este concepto en 1974, ilustrado por la Curva de Laffer, el cual fue originalmente aplicado en la política económica de un país por el Presidente Ronald Reagan (Reaganomics) y en la actualidad respaldado firmemente en el marco económico fundamental de la política del Presidente Donald Trump, basada en recortes de impuestos y reducciones del gasto público, así como en una firme presión tarifaria impuesta a otros países para llevarlos a la mesa de negociaciones. Sin embargo, el respaldo de Laffer a esta política es condicional porque ha expresado ciertas reservas y cautela respecto al uso agresivo de aranceles generalizados impuestos a las importaciones.

Los postulados de esta teoría se aplican a cualquier país del mundo y pretenden ofrecer una solución alternativa a políticas populistas o socialistas que han ganado terreno durante el último siglo no sólo en Estados Unidos sino en Europa y otros países industrializados. De hecho, la teoría de la Curva de Laffer es aplicable conceptualmente en Europa, pero los expertos debaten si la mayoría de los países están en la zona donde bajar impuestos aumenta la recaudación o en la zona donde la reduce. Esto se debe a que los críticos de esta teoría alegan que la Curva de Laffer se centra en un modelo teórico demasiado simplificado que no ofrece una fórmula exacta para las realidades económicas. Los economistas suelen cuestionar su aplicación práctica debido a la dificultad de medir sus variables y a las consecuencias fiscales de implementarla.

Los promotores de esta teoría, como el Presidente Trump, reconocen esta deficiencia, pero estiman que el equilibrio que señala la curva se va obteniendo a medida que se hacen reajustes según se vayan viendo los resultados. Por lo tanto, hay que comenzar con recortes de impuestos y reducción de los gastos presupuestarios.

Laffer considera que las políticas fiscales y regulatorias de la administración, orientadas a fomentar el crecimiento, son motores fundamentales para los salarios de los trabajadores manuales y los ingresos netos generales. Asimismo, apoya iniciativas enérgicas para reducir los costos federales, afirmando que un gasto público excesivo actúa como un impuesto oculto sobre la productividad económica. Por lo tanto, atribuye a la orientación económica de Trump el impulso de ganancias positivas en los mercados y el hecho tangible del crecimiento económico real que ya se está observando.

Por otra parte, los aranceles pueden ser una poderosa herramienta de negociación frente a las políticas comerciales y proteccionistas establecidas por otros países. Aunque este parece ser también un hecho tangible en los enfrentamientos que hemos observado de Estados Unidos con otros países y aunque Laffer lo ha reconocido públicamente, advierte que los aranceles excesivos o prolongados corren el riesgo de alterar las cadenas de suministro globales establecidas y provocar un agudo desequilibrio en los precios de productos de consumo y en los costos de producción de esos productos. Ha señalado también que los regímenes arancelarios agresivos no se traducen automáticamente en ingresos fiscalesCurva de Laffer extraordinarios y mágicos, ni sustituyen de manera eficaz y suficiente a los recortes generalizados del impuesto sobre la renta contemplados en la Curva de Laffer.

En otro renglón de la política económica de EEUU, Laffer ha expresado gran optimismo respecto a las decisiones de Trump sobre la Reserva Federal, subrayando la necesidad de políticas monetarias disciplinadas orientadas a estabilizar el valor del dólar.

Ahora bien, ¿cuáles son los postulados de la teoría que plantea la Curva de Laffer?

  • Extremos en cero: Como puede verse en el gráfico, la recaudacíón es cero cuando tasa de impuestos es 0% y recurva a cero cuando la tasa llega al 100%, que sería un nivel que confisca todo beneficio y destruye todo incentivo para producir. Este último es el objetivo final del socialismo con el control estatal de todos los medios de producción y servicios para proveer a los asalariados según estime sus necesidades básicas.
  • Punto óptimo: Subir la tasa impositiva genera más dinero por cada unidad monetaria gravada hasta el punto en que las tasas alcanzan un nivel tan excesivo que castigan la actividad económica y reducen las ganas de trabajar, invertir o producir. Por lo tanto, se trata de buscar un porcentaje exacto de impuestos que logre el ingreso máximo para el Estado sin afectar excesivamente la actividad económica. En otras palabras, si los tributos rebasan el nivel óptimo, la base impositiva se encoge tanto que el Estado recauda menos.
  • Problemas y soluciones: Los impuestos excesivos empujan a los contribuyentes hacia la economía sumergida, la evasión, la fuga de capitales o el fraude. Por el contrario, reducir los impuestos excesivamente tiene efectos a largo plazo de reactivar la economía formal e incrementar la recaudación fiscal.

Hay que tener en cuenta que estas medidas toman tiempo en mostrar sus resultados. Por ejemplo, la política de Ronald Reagan, centrada en la economía de la oferta, fue seguida en gran medida por Bill Clinton y no sería hasta el segundo período de su mandato que se observarían sus más notables resultados positivos.

Robert Mundell fue un economista canadiense, precursor de las teorías de Laffer, ganador del Premio Nobel de Economía en 1999 y un teórico considerado el padre de la macroeconomía de economías abiertas. Sus investigaciones revolucionaron el diseño de las políticas monetarias y fiscales globales y sentaron las bases teóricas para la creación del €uro. Participó en los inicios del movimiento promotor de la economía de la oferta que abogaba por la reducción de impuestos para estimular la producción.

Aunque otro famoso economista, Milton Friedman, orientó su trabajo hacia la teoría del monetarismo, la cual ponía el foco principal en controlar la cantidad de dinero en circulación (una situación que ha llegado a niveles descontrolados desde la década de los 90), compartía y respaldaba también muchas de las metas de la economía de la oferta (supply-side economics), como bajar impuestos y reducir el tamaño del Estado.

Cabe subrayar también que incluso antes de estos notables economistas ya se habían aplicado algunas políticas semejantes. Aunque sin un claro respaldo teórico, tuvieron notables resultados:

  • La acción: Tras la Primera Guerra Mundial, el Secretario del Tesoro, Andrew Mellon, quien sirvió en los gobiernos de Warren G. Harding y Calvin Coolidge, redujo los impuestos máximos a las grandes fortunas desde un asfixiante 73% hasta un 24%.
  • El impacto económico: La medida desató los "Felices Años Veinte" (un fenómenos que en otros países se proclamó como “la danza de los millones”), impulsando arrolladoramente la inversión y la producción industrial.
  • El resultado fiscal: En el caso específico de EEUU, la recaudación fiscal total aumentó. Al ser la tasa inicial del 73% extremadamente confiscatoria, la rebaja incentivó a los millonarios a declarar su dinero en lugar de ocultarlo o de invertirlo en otros países, lo que expandió considerablemente la base impositiva.

Por otra parte, aunque provocó inicialmente un aumento del desempleo, el caso más claro y emblemático de la aplicación de una política de economía de la oferta en Europa fue en el Reino Unido bajo el gobierno de Margaret Thatcher. Su aplicación combinó recortes de impuestos marginales, desregulación de mercados, privatización de empresas estatales y reducción del poder de los sindicatos, con resultados mixtos pero positivos para la economía en general, en particular porque frenó la inflación y modernizó sectores productivos rezagados

Por su parte, la mayoría de las otras economías de la Unión Europea que han ensayado algunos aspectos de estas políticas han preferido aplicar medidas de oferta de corte institucional —como inversión en educación técnica, o en la Investigación y la infraestructura— en lugar de confiar puramente en la reducción radical de impuestos.

En el Reino Unido, después de los gobiernos conservadores de Margaret Tatcher y John Major, se instauró lo que llamaron “Nuevo Laborismo”, bajo la dirección de Tony Blair y Gordon Brown, pero sin revertir las reformas estructurales de Thatcher (al estilo de Bill Clinton en EEUU). En lugar de regresar al viejo modelo laborista de intervención estatal y nacionalizaciones, implementaron lo que llamaron "socialdemocracia de la oferta". Aceptaron el libre mercado, mantuvieron las restricciones legales a los sindicatos y cedieron la independencia al Banco de Inglaterra.

Cabe señalar que la Curva de Laffer es sólo ilustrativa de una teoría económica y no determina un determinado nivel numérico porcentual que sea universalmente aceptado, como ya se ha señalado en este texto, porque depende de las circunstancias específicas de cada país y de la conducta de los contribuyentes y consumidores. Para Estados Unidos, estudios recientes del personal del Joint Committee on Taxation (JCT) sitúan la tasa federal máxima de recaudación para altos ingresos cerca del 39%. En cuanto a las corporaciones, se ha determinado que la tasa impositiva federal fija debe ser del 21%. Esta tasa única y máxima fue establecida de forma permanente por la Ley de Recortes Fiscales y Empleos (TCJA) y el Joint Committee on Taxation (JCT). Además, se ha anulado la escala progresiva de varios niveles para las empresas.

Aunque ya se observan algunos resultados positivos, pese a la influencia negativa de las operaciones militares en el Golfo Pérsico y el Oriente Medio en general, tomará quizás de dos a cuatro años más para llegar a un equilibrio presupuestario y a la eliminación del déficit que aumentaba descontroladamente la deuda nacional, siempre y cuando algún nuevo gobierno no anule las decisiones hasta ahora tomadas en política económica.

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