Anoche, 14 de mayo, se celebraba en Pekin la cena de bienvenida para el presidente Trump y su comitiva ofrecida por el presidente Xi. Ambos dirigieron mensajes que se pueden interpretar como buenos augurios de una relación que, el mismo Xi, sorpresivamente afirmaba es la más importante del mundo. Trump respondía en los mismos términos positivos, pero, sin que alguien se diera cuenta, estaba iniciando un proceso histórico con el que ya ha cambiado el mundo. Tal vez por eso llegaba con toda la caballería mundial con emprendedores representado $3 trillones de dólares.
Pero nadie reportaría un evento de calificación inusual fuera del programa, solamente entre los dos mandatarios, sin participantes, sin testigos, asesores. Y para calibrar el inusual secretismo del evento, el intérprete del presidente Xi sería su hija Xi Mingze, quien es graduada de Harvard y se prepara para regresar para un doctorado. Pero, con mi activa imaginación, así es como visualizo esa reunión. Parte de lo tratado fue algo que impresionaría a Xi, el conocimiento de la filosofía china de los padres fundadores, y lo que ha significado para el éxito de EU que Trump citaba.
Esta reunión entre el presidente Trump y el presidente chino Xi que acaba de terminar, es una consecuencia de algo que se iniciara hace muchos años, un evento en el que chocan las opiniones acerca de su inicio, pero coinciden al identificar el objetivo. Al inicio del siglo XIX se llevaba a cabo el Congreso de Verona, en donde las monarquías de Europa decidían subvertir a EU con su republicanismo dirigente y sus mercados "libertinos", para regresarlo a su nivel colonial. Porque el experimento político-económico de EEUU se estaba convirtiendo en el milagro del siglo y las monarquías temblaban – había que detenerlo.
Trump le informaba a Xi, que en el edificio de la suprema corte de justicia de EU hay una escultura de Confucio junto a Moisés y Solón. La escultura es un indicador del impacto de Confucio en la formación de la cultura y valores de EU y, sobre todo, en la impartición de justicia. John Adams, en una carta a Thomas Jefferson, criticaba al teólogo y filósofo natural inglés Joseph Priestley por ignorar a Confucio en sus escritos, pues para él el confucianismo era el mejor modelo para formar una sociedad armoniosa y meritocrática que ellos siempre practicaron
Xi por su parte le diría; Confucio y Marx han representado dos pilares ideológicos para China, tradicionalmente contrapuestos: el primero enfatiza la armonía social a través de la jerarquía, la tradición y la ética familiar, mientras que el segundo promueve la lucha de clases, el cambio y la igualdad material. Trump le rebatía afirmando que China ha intentado fusionar ambos enfoques buscando la legitimidad política a través de la tradición confuciana, mientras mantiene la estructura socialista. Y eso es como, al estar participando en una carrera fórmula uno, se instalara en tu auto un mecanismo automático que limite tu velocidad.
Benjamín Franklin difundió las ideas confucianas convertido a ellas cuando leyera “The Morals of Confucius” durante su estancia en Londres. Influido por Confucio, Franklin centró su vida en el cultivo de la moral y la virtud personal. Confucio trazó su camino hacia la perfección virtuosa: desde uno mismo hacia la familia, luego hacia el Estado y, finalmente, hacia todo el imperio. En 1737, Franklin presentó esta noción a los colonos al publicar, en su “Pennsylvania Gazette”, algunos fragmentos extraídos de “The Morals of Confucius”:
Lo que Confucio proponía para los príncipes: instruirlos sobre cómo rectificar y pulir, primero, su propia lógica y razón y, posteriormente, la razón y la persona de todos sus súbditos sin distinción alguna. Pero para causar una impresión más profunda, tras haber descendido gradualmente desde esa sabia administración de todo el imperio hasta la perfección del entendimiento personal, deberán ascender de nuevo —por los mismos grados de sabiduría— desde el entendimiento iluminado hasta el estado de prosperidad de todo el imperio. Franklin coincidía con Confucio en que el hombre no solo debía cultivar las virtudes personales, sino también difundirlas entre los demás, incluidos los líderes políticos en donde cada vez las virtudes son más escasas.
El método de Confucio para sentar principios morales fue una influencia maravillosa de la humanidad; Nuestras reformas comenzaron con la turba ignorante; y una vez domada, las miras partidistas atrajeron a los grandes. Ellos son los que debían usar ambos métodos, así las reformas serían más rápidas y efectivas. ¡Ojalá pudiera hallarse un secreto para hacerlas así y perdurables! Jefferson, hombre de gran reputación y honor, era sumamente consciente de su comportamiento y consideraba príncipe chino Wei —figura destacada en “El Gran Saber”, uno de los cánones del confucianismo— como un modelo ejemplar para otros líderes. Fue lo que impactara a Tocqueville para adjudicar la grandeza de EU a la moralidad de sus pobladores.
En su obra, “La edad de la razón”, el polemista del republicanismo, Thomas Paine, escribió que Confucio, al igual que Cristo, fue un gran maestro moral. Paine reiteró este punto en un artículo que escribió para “The Prospect” afirmando: Como libro de moral, hay varias partes del Nuevo Testamento; sin embargo, es solo lo que lo que se había predicado en el oriente siglos antes del nacimiento de Cristo. Confucio, el gran filósofo chino que vivió quinientos años antes del nacimiento de Cristo, afirmaba: “Corresponde a los beneficios con beneficios, pero nunca vengues las ofensas.”
James Madison, padre de la Constitución de los EEUU, llegó a tener una pintura de Confucio en su hogar. No fue una coincidencia histórica que el padre de la constitución luchara para que los ideales morales confucianos fueran respetados, en una época en la que algunos líderes estadounidenses buscaban liberar la cultura americana de lo que consideraban ideologías europeas fallidas que finalmente fueran sus tragedias.
Ante las esperanzas de los estadounidenses de mejorar la deprimida economía posterior a la Guerra de la Independencia, el “Empress of China” —el primer buque comercial internacional de EU— zarparía de Nueva York rumbo a Cantón, China, el 22 de febrero de 1784. Un mes después de la partida del buque, Washington le afirmaría a Jefferson que “a nuestros ciudadanos nunca se les impedirá comerciar”. Las palabras de Washington revestían una misión para los incipientes EU. La exitosa travesía del “Empress of China” no solo simbolizaba la esperanza de construir un futuro entre los dos países, sino que también enviaba un mensaje al mundo: los EU son ahora una nación.
Los esfuerzos por establecer relaciones comerciales con China comenzaron durante un periodo crítico posterior a la Revolución Americana. El nuevo gobierno nacional, que operaba bajo los Artículos de la Confederación, lidiaba con la consolidación de trece estados independientes, mientras que la economía y las finanzas de la nación se hallaban al borde del caos. Dado que los socios comerciales tradicionales habían cerrado sus puertas a la joven nación, era urgente cultivar nuevas relaciones; de lo contrario, la independencia bien podría haber resultado ser una victoria estéril.
Ahora Trump llegaba con The Empress of America.

** Ricardo Valenzuela es un empresario mexicano con formación en economía y administración, quien tras sufrir expropiaciones de sus negocios en México se inspiró en una nueva visión de libertad económica en Estados Unidos, donde reside actualmente.
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