«Los oligopolios y el coeficiente antisistémico. La importancia del progreso social»

Pedro Gómez Martín-RomoResumen

El artículo analiza los riesgos que plantean las empresas de gran envergadura y los fondos de inversión que se convierten en entidades «sistémicas»; es decir, aquellas cuyo fracaso podría perjudicar gravemente la economía de un país o el sistema financiero mundial. El autor sostiene que el progreso social—representado por la democracia y los mercados financieros modernos— ha transformado a la humanidad, pero también ha generado nuevos desafíos que exigen mejores instrumentos de regulación.

El texto comienza describiendo dos grandes innovaciones sociales: la democracia y la creación de los mercados de capitales modernos. La posibilidad de que los ciudadanos comunes invirtieran en empresas mediante acciones —especialmente tras la emisión de títulos por parte de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales en 1602— transformó el panorama económico al propiciar la creación de bolsas de valores, intermediarios financieros y nuevas modalidades de inversión. No obstante, estos avances también fomentaron la especulación y las crisis financieras, además de favorecer el surgimiento de monopolios y grandes corporaciones dominantes.

Una cuestión central que se aborda es la existencia de empresas «demasiado grandes para caer» (*too big to fail*). El autor centra su atención en las grandes instituciones financieras y los fondos de inversión que gestionan volúmenes ingentes de activos. Cuestiona si debería permitirse que una empresa privada alcance tal magnitud que una gestión deficiente pueda poner en peligro la estabilidad de toda una economía. Si bien los gobiernos suelen rescatar a las empresas sistémicas para evitar un colapso económico, el autor argumenta que el verdadero problema radica en haber permitido que dichas compañías adquieran un poder excesivo desde un principio.

El artículo clasifica a las empresas sistémicas en tres grupos.

El primero comprende los monopolios naturales, en los que una sola empresa opera con mayor eficiencia debido a los elevados costes de infraestructura. Entre los ejemplos figuran las redes de abastecimiento de agua, los sistemas eléctricos, los gasoductos y las redes ferroviarias. En estos casos, la competencia puede resultar inviable, por lo que se requiere una gestión sólida y una supervisión rigurosa para prevenir abusos.

El segundo grupo abarca los monopolios artificiales, surgidos gracias al apoyo gubernamental, a las subvenciones o a decisiones políticas. El autor sostiene que estas empresas distorsionan la competencia, dado que su éxito no deriva exclusivamente de las fuerzas del mercado. Cita como ejemplo a las empresas tecnológicas estratégicas, cuya posición dominante puede generar tensionesninternacionales. Se presenta el caso de ASML —empresa fundamental para la fabricación de semiconductores avanzados— como ejemplo de cómo un monopolio tecnológico puede convertirse en un problema geopolítico.

El tercer grupo lo constituyen los monopolios accidentales, que surgen sin asistencia gubernamental directa. Estos pueden derivar de ventajas tecnológicas, vacíos legales o estrategias empresariales agresivas. El artículo cita los casos de Standard Oil, que controló gran parte del mercado petrolero estadounidense a finales del siglo XIX y principios del XX, y de Microsoft, que mantuvo una posición dominante en el ámbito de los navegadores de Internet gracias a su control sobre el sistema operativo Windows. Ambos casos desembocaron finalmente en la intervención estatal mediante leyes de competencia.

El autor cuestiona la idea de que los monopolios desaparecen siempre de forma natural gracias a la competencia. Aunque algunas empresas dominantes terminen perdiendo poder, pueden perjudicar a los mercados mientras permanecen activas. Por ello, la regulación debe evolucionar al ritmo de los cambios tecnológicos y económicos. El artículo sostiene que la sociedad requiere medidas preventivas, en lugar de esperar a que los problemas se vuelvan irresolubles.

La propuesta principal consiste en crear el «coeficiente antisistémico» o «coeficiente Gómez». Esta idea plantea exigir a las empresas que incrementen sus reservas de capital a medida que aumenta su cuota de mercado. Cuanto mayor y más dominante sea una empresa, más sólida debería ser su base financiera. Esto evitaría que las compañías se expandieran excesivamente apoyándose en un endeudamiento excesivo o en una capitalización débil.

Según el autor, esta norma restaría atractivo al crecimiento desmesurado, ya que obligaría a las empresas a retener una mayor parte de sus beneficios en forma de capital. Llegado cierto punto, a los accionistas podría resultarles más ventajoso dividir una gran empresa en entidades más pequeñas, ya sean especializadas o de ámbito regional. El artículo compara este enfoque con precedentes históricos como la fragmentación de Standard Oil y AT&T, procesos que fomentaron la competencia tras dividirse en empresas independientes.

Asimismo, el artículo argumenta que la política monetaria puede contribuir a la formación de corporaciones de tamaño excesivo. La liquidez desmedida y la creación de dinero pueden incentivar el crecimiento de grandes grupos financieros e industriales. Para abordar esta cuestión, el autor propone otra herramienta denominada «Patrón de Interés», cuyo objetivo es mantener el equilibrio entre el ahorro y la inversión.

Por último, el autor se centra en los fondos de inversión y sostiene que la normativa actual es insuficiente, ya que estos fondos pueden gestionar enormes cantidades de dinero sin estar sujetos a las mismas restricciones que los bancos o las empresas industriales. Propone aplicar principios antisistémicos a los fondos de inversión mediante la introducción de límites objetivos de tamaño y la exigencia de una mayor transparencia.

En conclusión, el artículo argumenta que es preferible evitar una concentración excesiva de poder económico antes que rescatar a grandes empresas una vezque se han convertido en un peligro. El coeficiente antisistémico se presenta como una nueva herramienta regulatoria diseñada para proteger la competencia, la estabilidad financiera y la salud del mercado a largo plazo.

Enlace al articulo completo (formato pdf):

https://democraciaparticipativa.net/images/2026/ES%20Fondos%20oligopolios%20y%20ratio%20antisistemico.pdf

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