
Han pasado dos semanas desde que las catastróficas inundaciones y los deslizamientos de tierra afectaron a comunidades a lo largo de la frontera entre Nepal y el Tíbet, y cientos de familias siguen esperando asistencia para hacer frente a la devastación de sus comunidades.
Nuestros pensamientos están con todos los afectados por esta tragedia: aquellos que han perdido a seres queridos, los muchos que siguen desaparecidos y las comunidades que enfrentan la difícil tarea de recuperación y reconstrucción.
Las autoridades chinas han informado que han muerto 31 personas y que hay 531 desaparecidas. Lamentablemente, en agudo contraste con su presencia en Nepal, los periodistas independientes, las organizaciones humanitarias y otros observadores no pueden acceder a las zonas afectadas en el Tibet y no hay forma de verificar si esas cifras son correctas y actualizadas. Sin embargo, sumando testimonios recibidos de distintas fuentes, ya se cuenta un mínimo de 53 muertos en Tíbet. 
Por eso estamos pidiendo a las autoridades chinas que proporcionen información verificable a periodistas independientes sobre los muertos y desaparecidos, y permitan a organizaciones humanitarias y otros observadores independientes acceso a las comunidades afectadas para reportar su tragedia y brindarles asistencia.
Lo que estamos oyendo desde el interior del Tíbet hace que ese llamamiento humanitario sea aún más urgente.
Los medios estatales chinos han publicado informes oficiales de "extensas operaciones" de socorro y asesoramiento, pero el último informe que hemos recibido de International Campaign for Tibet (ICT) demuestra una sobrecogedora realidad en la que los tibetanos están siendo atacados y castigados por publicar en línea detalles sobre las muertes en el Tíbet, demostrando que su número es considerablemente mayor de lo que indican las cifras oficiales.
Más de 20 tibetanos han sufrido acciones policiales o administrativas por publicaciones relacionadas con el desastre que han sufrido y siguen sufriendo, mientras que los videos tomados de primera mano han sido confiscados y han desaparecido de las redes sociales. El resultado ha sido que los residentes dejen de compartir sus experiencias debido a su temor a sufrir crueles represalias, quedando así abandonados los damnificados a su suerte.
También hay preguntas sobre la rapidez con que la asistencia china llegó a algunas comunidades tibetanas. Fuentes dijeron a ICT que, entre los pueblos más afectados, muchos residentes fallecidos siguen sin ser identificados ni se sabe el número de desaparecidos. Se dice que los trabajadores de rescate no comenzaron a llegar a algunas áreas hasta aproximadamente 60 horas después de la inundación y tardaron días más en otras zonas.
Nuestro llamamiento a una mayor transparencia y acceso a la información surge, ante todo, de un imperativo humanitario. En un desastre de esta magnitud, la información oportuna y confiable ayuda a salvar vidas. El gobierno chino es responsable y tiene la obligación humanitaria de aceptar también la ayuda que se les ofrece para aliviar tan espantosa tragedia en el Tibet, antes de que sea demasiado tarde para muchas vidas.