Clandestinidad, extorsión e impunidad: El costo humano de la migración cubana con rostro de mujer

El 80% de mujeres migrantes expuestas a violaciones en su trayecto irregular hacia Estados Unidos es un dato proveniente de informes de organizaciones internacionales (como Amnistía Internacional o Médicos Sin Fronteras).

Para entender la magnitud del problema, el dato del 80% de violencia sexual funciona como una métrica del peligro de la ruta, un indicador del nivel de desprotección generalizado. No significa que cada mujer de la muestra sea agredida, sino que la mayoría de las mujeres que viajan sin documentos están expuestas al chantaje, la violación o la explotación sexual como un peaje obligatorio del trayecto.

Aunque es una estimación general para todas las mujeres que cruzan de forma irregular por rutas como Centroamérica y México, las migrantes cubanas sufren este impacto de manera severa.

Agencias de la ONU y Médicos Sin Fronteras (MSF) reportan que en el Tapón del Darién o el territorio mexicano, las violaciones son similares a las de un arma de guerra, para someter, castigar y despojar a los grupos de migrantes. Las mujeres cubanas están particularmente expuestas y presentan una vulnerabilidad agravada respecto a otras nacionalidades por factores políticos, económicos y de origen muy específicos.

Los "coyotes" catalogan a los migrantes según su nacionalidad y a las cubanas se las percibe como víctimas con alto valor de rescate debido a la fuerte y activa red familiar en Estados Unidos (el exilio en Miami). Las mafias asumen que los familiares en EE. UU. pagarán lo que sea por su liberación y cuando se retrasan, emplean la violencia sexual contra las mujeres como método de presión extrema hacia sus familias.

Y a diferencia de otros migrantes, las cubanas suelen viajar en grupos más pequeños o en solitario y dependen de intermediarios privados y traficantes, lo que las deja a merced total de personas que operan en la ilegalidad.

Las razones de esta vulnerabilidad extrema se deben a varios factores estructurales y de las rutas de tránsito:

Primero, el control de las rutas por el crimen organizado y las vías utilizadas para laRutas migratorias por el Darién migración irregular están fuertemente controladas por cárteles de la droga, pandillas y redes de tráfico de personas (coyotes). Para estos grupos criminales, el cuerpo de las mujeres es tratado como una mercancía económica o de control territorial. La violencia sexual se utiliza sistemáticamente como una forma de "pago" forzado, extorsión o castigo durante el trayecto.

Segundo, la clandestinidad de las rutas empleadas por las mujeres cubanas, para evitar controles migratorios y deportaciones directas, pues recurren a rutas altamente peligrosas (la selva del Darién o zonas rurales mexicanas desérticas). Al viajar de forma indocumentada o irregular, se mueven por espacios sin presencia policial ni institucional, quedando completamente desprotegidas ante abusadores y asaltantes en zonas aisladas. Sumado a que carecen de libre visado en la mayoría de países continentales, esquivan los control oficiales y se adentran zonas remotas y peligrosas, donde abunda el crimen organizado y la extorsión.

Tercero, la vulnerabilidad económica y dependencia durante un viaje ilegal hacia Estados Unidos es extremadamente costoso y los migrantes sufren robos y extorsiones constantes que los dejan sin fondos a mitad de camino. Las mujeres cubanas que se quedan sin dinero se ven obligadas a depender de intermediarios o son captadas por redes de trata, aumentando drásticamente el riesgo de explotación y abuso sexual a cambio de transporte, techo o protección.

Cuarto, la Impunidad y falta de denuncia por las mujeres migrantes que sufren agresiones sexuales rara vez denuncian los hechos ante las autoridades locales de los países de tránsito. Esto ocurre por el temor a ser deportadas o detenidas por su estatus irregular, la desconfianza en las policías locales implicadas en los esquemas de extorsión y la urgencia de continuar el viaje hacia la frontera de Estados Unidos.

Quinto, las medidas de "autoprotección" extremas hacen que muchas mujeres recurran a estrategias extremas antes de salir, a ingerir anticonceptivos inyectables o pastillas del día después antes de iniciar el viaje. Las Organizaciones de Derechos Humanos han documentado que las mujeres que viajan de manera irregular han asumido la violación como un riesgo inevitable del que solo pueden intentar prevenir un embarazo no deseado.

Tras la eliminación de políticas de asilo automático en Estados Unidos (como la derogación de la política de "pies secos, pies mojados"), las mujeres cubanas se ven obligadas a transitar de manera estrictamente clandestina.

La crisis humanitaria de Cuba y la devaluación extrema del peso cubano hacen que los recursos con los que una mujer sale de la isla se agoten casi al inicio del viaje y queden varadas en países de tránsito. Así muchas recurren al trabajo sexual de supervivencia o a aceptar "protección" a cambio de favores sexuales de delincuentes locales para poder costear la comida, alojamiento o el siguiente tramo hacia la frontera estadounidense.

Lo peor es cuando una ciudadana cubana abandona la isla, ella experimenta una desprotección total y sabe que no puede acudir a los consulados o embajadas de su propio país en busca de ayuda o repatriación segura. Y es que el propio gobierno cubano penaliza o estigmatiza cada salida, ta falta de respaldo diplomático las convierte en blancos ideales para las redes de trata de personas y sus captores saben que nadie reclamará legalmente por ellas.

Es necesario recomendar las vías legales de migración para evitar trayectos de forma irregular o clandestina, ya que las rutas terrestres actuales se consideran zonas de alto riesgo de violencia física y sexual. Pero más allá, apelar a la conciencia de los diplomáticos cubanos quienes tienen la obligación moral de brindar asistencia jurídica y médica, hacer caso omiso a la los estigmatización del migrante por parte del Partido Comunista de Cuba.

La mayor responsabilidad recae sobre el régimen de La Habana quien debe frenar la devaluación y escasez, crear oportunidades locales, cooperar en la lucha contra el crimen organizado y promover corredores humanitarios.

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