El poder económico y militar de China es real pero no basta para lograr sus propósitos supremacistas

Un reportaje testimonial aparecido en The New York Times remitido por una residente de Beijing señala la desesperación de amplios sectores del pueblo chino, encubierta por las autoridades, relatando que: «Hoy, a muchos de nosotros nos resulta más difícil sentir orgullo. Detrás del orden de la vida cotidiana, hierve una silenciosa desesperación. En las redes sociales y en conversaciones privadas, se repite un estribillo común: preocupación por el desempleo, los recortes salariales y llegar a fin de mes.»

En su testimonio, subraya también que: «Hoy en día, existe un sentimiento de amarga ira entre la gente por ser víctimas sin voz de la obsesión del Estado con el poder mundial y con superar a Estados Unidos. Es probable que ese sentimiento crezca. El último plan quinquenal —el plan maestro del gobierno sobre prioridades económicas— publicado el mes pasado deja claro que planea redoblar la apuesta por priorizar el poder militar sobre el bien común.»

Esto es cierto y Estados Unidos lo ha estado ignorando durante largo tiempo, permitiendo que China haya estado cerrando rápidamente la brecha en la carrera armamentista, mostrando liderazgo en áreas críticas de tecnología como AI, tecnología hipersónica y guerra cibernética, al tiempo que expande rápidamente su arsenal nuclear, aunque aún se encuentra a la zaga de los EE.UU. Desarrolla así un extenso programa de competencia estratégica multifacética tanto en los ámbitos tradicionales como tecnológicos. Mientras los EE.UU. todavía han mantenido ventajas en poder militar agregado y algunos sistemas de alta gama (o high-end systems: tecnologías de vanguardia que combinan potencia de fuego con capacidades digitales avanzadas para obtener una superioridad estratégica decisiva), es cierto también que China sobresale en tecnología emergente, desafiando la supremacía norteamericana en el espacio y la red, lo que ha obligado a Estados Unidos a reevaluar urgentemente su perspectiva estratégica.

No obstante, el reportaje testimonial que estamos citando destaca que: «Esa fachada de fortaleza se resquebraja aquí en China, donde la desesperación ante la disminución de las perspectivas económicas y personales está muy extendida. Este contraste entre un Estado confiado y una población agotada se resume en una frase que los chinos utilizan para describir su país: "wai qiang, zhong gan", que se traduce aproximadamente como "fuerte por fuera, frágil por dentro"

China se enfrenta a importantes obstáculos estructurales, como una persistente caída del mercado inmobiliario, un consumo interno débil, presiones deflacionarias y una frágil confianza del sector privado, lo que se traduce en un crecimiento inferior al esperado en áreas como las ventas minoristas y la inversión, a medida que se aleja de la expansión impulsada por el sector inmobiliario y por el enorme superávit comercial.

Si bien muestra cierta resiliencia en algunos aspectos, los problemas subyacentes sugieren una transición necesaria, aunque lenta, que requiere importantes reformas, lo que genera preocupación sobre el potencial de crecimiento futuro.

El enfrentamiento comercial con EE.UU. y las abrumadoras tarifas impuestas por el Presidente Trump que forzaron al régimen chino a negociar acuerdos equitativos (rebajando al 15% las tarifas de importación, que ascendían al 42% hasta principios de 2025), son una de las principales causas del deterioro económico que está sufriendo el país, cuyo poder se había erigido por años en una dependencia de las exportaciones masivas de productos subsidiados o de precios muy baratos gracias a los sueldos de miseria de los trabajadores y a un amplio superavit comercial basado en los costos arancelarios de importación. Las exportaciones totales ascendieron a $3.577 billones (trillones en inglés) en 2024, mientras que las importaciones totales fueron de $2.585 billones (trillones en inglés). 

De hecho,desde la primera presidencia de Trump se han aplicado sanciones sobre los bienes y tecnología chinos, que recientemente se han intensificado. Esto ha afectado considerablemente al comercio y ha alentado a algunas empresas a trasladar la producción fuera de China (a Vietnam, Singapur, Malasia, Tailandia, Filipinas, Corea, etc.) o de regreso a EE.UU., provocando que el progreso de las reformas internas se haya estancado en gran medida. En consecuencia, la economía estatal ha crecido mucho en perjuicio de las empresas dinámicas del sector privado del país. Además, las empresas inmobiliarias, ahora altamente endeudadas, constituyen un riesgo para la estabilidad. 

Según revela el testimonio recibido por The New York Times: «En abril, a medida que se intensificaba la guerra comercial con Estados Unidos, un editorial del Diario del Pueblo argumentó que Pekín podría resistir la intimidación estadounidense gracias a ventajas sistémicas, como la capacidad de China para centralizar recursos y destinarlos al logro de objetivos nacionales. La reacción en las redes sociales chinas fue inmediata. Mientras el gobierno alardeaba, una publicación que se hizo viral señalaba que las dificultades cotidianas, como encontrar trabajo, llevar comida a la mesa y educar a los hijos, están "llenas de obstáculos". Ganar la guerra comercial con Estados Unidos significa "estar preparados para sacrificar a parte de la población", escribió el autor. Los censores bloquearon rápidamente esa publicación y otras similares.»

La realidad que el régimen chino intenta ocultar es que se estima que 200 millones de familias sobreviven con trabajos precarios en una economía crecientemente basada en el empleo temporal o a destajo. Los consumidores, muchos de los cuales han visto disminuir su patrimonio debido al persistente colapso del mercado inmobiliario, están reduciendo sus gastos, lo que atrapa a la economía en una espiral deflacionaria. Por añadidura, el enfrentamiento comercial y arancelario con EE.UU. ha dado lugar a un agudo y generalizado descenso de la demanda de productos chinos que apunta a un exceso de capacidad en muchas industrias.

Los indicadores económicos son desalentadores para Xi Jinping con una baja del 4.8% del ritmo de crecimiento de la economía el pasado mes de noviembre, así como un descenso notable de las venta al detalle ese mes y un recorte del 2.6% en las inversiones en el período de enero a noviembre. El consenso entre los economistas pronostica que el crecimiento se desacelerará aún más en 2026 (alrededor del 4,2% según el FMI), con un potencial descenso al 3% para la década de 2030 si no se implementan reformas importantes. Por lo tanto, Beijing se enfrenta a la presión de implementar reformas estructurales con la mayor urgencia para impulsar la demanda interna y reducir la dependencia de las exportaciones, señala el Fondo Monetario Internacional.

Sería lógico anticipar que el régimen chino reconociera su incapacidad de superar a EE.UU. en una carrera armamentista que arruinaría el país, en un escenario muy similar al que experimentó Gorbachov en su enfrentamiento con Reagan, el cual provocó el derrumbe del imperio soviético. China no tiene otra solución razonable a sus problemas económicos y sociales que acomodar su economía a un sistema de intercambio comercial equilibrado con EE.UU. y el resto del mundo, reajustando al mismo tiempo su presupuesto para favorecer el progreso y el bienestar de su pueblo en lugar de arruinarlo y empobrecerlo con un gasto desproporcionado en una desastrosa carrera de armamentos y aventuras militares expansionistas en el mar meridional de China y Taiwán.

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