Cuba bajo asedio (III). Entre un experimento de ingeniería social y crimen de lesa humanidad
- Miguel Saludes
-
Topic Author
- Offline
- Posts: 160
- Thanks: 19
Cuba bajo asedio (III). Entre un experimento de ingeniería social y crimen de lesa humanidad
17 Oct 2026 06:06 - 17 Oct 2026 06:07
Un estudio realizado a mediados del 2026 por especialistas de Cuba y Estados Unidos, reveló datos terribles sobre las consecuencias y secuelas que está causando la crisis producida por el estrangulamiento energético norteamericano sobre la Isla. El trabajo investigativo liderado por los psicólogos Yunier Broche-Perez (Prisma Behavioral Center en Florida) y Zoylen Fernández Fleites (Departamento de Psicología de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas, Cuba) pone de relieve la incidencia de esta situación inédita, caracterizada por apagones indefinidos y carencias de todo tipo, sobre la salud mental de la población cubana.
Bajo el título "Impotentes y bajo presión: vulnerabilidades en salud mental en el contexto de apagones prolongados en Cuba", el análisis expone los niveles extremos provocados por el colapso energético, cuyos resultados muestran la gravedad de los hechos, incluso cuando estos son comparados con los estándares internacionales de crisis humanitaria, como señalan los especialistas en el informe. Las encuestas realizadas a centenares de participantes de diferentes puntos en la Isla, documentan niveles extremos de ansiedad, estrés y depresión severa, causados por la efectos de cortes prolongados e imprevistos de electricidad, una anomalía que provoca la pérdida de predictibilidad en la mente de los que sufren esta situación, agotamiento en el sistema nervioso y alteraciones en las funciones del cerebro. La desesperanza, la sensación de desamparo total generalizada, destaca en el conjunto del daño emocional y psíquico ocasionado a millones de cubanos. Una situación sobre la que los investigadores urgen poner fin ante el peligro que significa a corto y a largo plazo.
Una de las principales conclusiones del estudio señala el otro colapso, el funcional, no menos agudo que el económico, que destruye la estabilidad emocional de la gente y que va mucho más allá del fallo estructural del sistema. Un plan sustentado en justificaciones que en realidad responden a motivaciones de todo tipo -políticas y utilitarias- pero en ningún modo a razones humanitarias o del restablecimiento de una sociedad de derechos. Es precisamente la población a la que se dice respaldar para que recuperen libertades y democracia, la que recibe mayoritariamente en carne propia los efectos devastadores del escarnio , presiones y carencias de todo tipo impuestas por las sanciones de un cerco que puede tener numerosos y diferentes propósitos, pero cualquiera igual de siniestro.
¿Se trata simplemente de un plan para forzar el cambio político a través de una revuelta popular impulsada por el desespero y el agotamiento de la gente? ¿O acaso estamos igualmente ante un experimento de manipulación social a gran escala? Todo puede ser y nada parece quedar excluido en este escenario caótico que transcurre ante la mirada pasiva de gobiernos, organizaciones y sociedades internacionales, con raras excepciones. Manipulaciones experimentales ya se han producido en otros momentos y lugares. La más reciente de la mano de una pandemia que, sin poner en dudas la existencia del virus que la provocó, propició condiciones para poner en práctica un grupo importante de disposiciones medulares en la tipología que define ese tipo de ensayos sociológicos, a partir del estudio mediante pruebas prácticas diseñadas para observar cómo la presión de grupo, la autoridad, el entorno o la información alteran las decisiones, emociones y conducta de las personas expuestas.
Los días del COVID-19 transcurrieron entre aislamiento social, distanciamiento de personas, encierros domiciliarios, actividades laborales y escolares a distancia sin presencia personal en los centros, socialización restringida o casi nula, contacto personal restringido, escasez absurda de algunos bienes de consumo como el papel higiénico o el agua embotellada, el uso obligatorio de mascarillas que tiempo después se ha recocido sirvieron de poco o nada, a no ser para que la observancia irrestricta de esa medida fuera aceptada sin discusión por la masa. Un estudio relativo a estos eventos todavía cercanos, (“Consecuencias psicológicas de la cuarentena y el aislamiento social durante la pandemia de COVID-19” elaborado por Yunier Broche-Perez, Evelyn Fernández-Castillo y Darlyn Alejandra Reyes Luzardo), plantea el costo que tuvieron aquellas regulaciones para la salud mental de la gente que las tuvo que vivir y acatar. Casi lo mismo que ocurre ahora con la crisis energética que viven los cubanos.
Si a lo anterior sumamos ciertos proyectos consagrados en la llamada Agenda 2030, como la Ciudad de 15 minutos (muchos ni saben de este proyecto aberrante en el que la gente solo cuenta con sus piernas y si acaso con la ayuda de una bici para llegar al punto más lejano dentro del perímetro donde reside en un radio calculado en ese tiempo), la sustitución de combustibles por el uso de energías renovables , soluciones alimentarias con recursos sustentables mínimos y el descarte de personas, comenzando por las de edad avanzadas, para quienes va quedando la salida eutanásica como solución “civilizada” que ofrece el Jardín Occidental a los que ya considera prescindibles, bajo el amparo incluso constitucional, no es descabellado pensar que todo el acondicionamiento puesto en práctica con el bloqueo férreo establecido contra Cuba en este caso ofrece muchas posibilidades de laboratorio para ver cómo una población es capaz de aguantar, resistir, reaccionar e incluso superar los límites extremos que obliga la precariedad.
Ante esta posibilidad especulativa pero no descartable, presenta su cara más realista la estrategia de imponer el caos que conduzca como única salida al levantamiento violento incitado por situaciones extremas con la finalidad de derrocar un sistema o a un determinado gobierno. Una práctica inmoral que se ha aplicado en no pocos lugares del planeta. El Maidán ucraniano es un ejemplo. En You tube está disponible el documental Yemen, la guerra interminable , donde se aprecia la manera en que una parte importante de la población de ese país quedó sumida en la miseria absoluta por la agresión y el bloqueo de naciones vecinas que llegaron a poner en peligro de muerte por hambre a millones. Otro ejemplo ha sido Somalia , convertida en una nación fallida para beneficio de intereses foráneos. O Irak, en situación de tener que aceptar un acuerdo humillante para dar su petróleo a cambio de comida (Oil for Food) y el caso sirio sin posibilidades de acceder a medicamentos para pacientes enfermos de cáncer por las restricciones externas impuestas en el apogeo de aquellas “primaveras árabes”. Son algunos pequeños modelos dentro del maremágnum de injusticias en el que se hunde la Humanidad.
Más allá de justificaciones y argumentos esgrimidos para la puesta en escena de este cerco contra Cuba, existe una consideración de peso para condenar y exigir el cese de un acto brutal que apunta a un crimen de lesa humanidad . Una consideración que se fundamenta en una de las características principales que definen acciones de esta especie: “un hecho no aislado dentro de un plan y política deliberada dirigida contra una población civil por un Estado que de manera deliberada y manifiesta provoca con su acción un conjunto de efectos graves contra millones de personas inocentes, sometidas a tortura de carácter psíquica y existencial”, lo que se demuestra en los estudios especializados, artículos de prensa ( Dánica Coto , Nora Gámez Torres ) y varios medios que han recogido la crudeza de una situación creada con toda intenciónalidad por quienes implementan sanciones crueles sin el menor asomo de humanidad ni piedad, aún cuando en tantas ocasiones insistan en dar la imagen de devoción cristiana que dicen practicar o se proclamen defensores a ultranza de derechos humanos universales que parecen ignorar o aplican a criterio.
Bajo el título "Impotentes y bajo presión: vulnerabilidades en salud mental en el contexto de apagones prolongados en Cuba", el análisis expone los niveles extremos provocados por el colapso energético, cuyos resultados muestran la gravedad de los hechos, incluso cuando estos son comparados con los estándares internacionales de crisis humanitaria, como señalan los especialistas en el informe. Las encuestas realizadas a centenares de participantes de diferentes puntos en la Isla, documentan niveles extremos de ansiedad, estrés y depresión severa, causados por la efectos de cortes prolongados e imprevistos de electricidad, una anomalía que provoca la pérdida de predictibilidad en la mente de los que sufren esta situación, agotamiento en el sistema nervioso y alteraciones en las funciones del cerebro. La desesperanza, la sensación de desamparo total generalizada, destaca en el conjunto del daño emocional y psíquico ocasionado a millones de cubanos. Una situación sobre la que los investigadores urgen poner fin ante el peligro que significa a corto y a largo plazo.
Una de las principales conclusiones del estudio señala el otro colapso, el funcional, no menos agudo que el económico, que destruye la estabilidad emocional de la gente y que va mucho más allá del fallo estructural del sistema. Un plan sustentado en justificaciones que en realidad responden a motivaciones de todo tipo -políticas y utilitarias- pero en ningún modo a razones humanitarias o del restablecimiento de una sociedad de derechos. Es precisamente la población a la que se dice respaldar para que recuperen libertades y democracia, la que recibe mayoritariamente en carne propia los efectos devastadores del escarnio , presiones y carencias de todo tipo impuestas por las sanciones de un cerco que puede tener numerosos y diferentes propósitos, pero cualquiera igual de siniestro.
¿Se trata simplemente de un plan para forzar el cambio político a través de una revuelta popular impulsada por el desespero y el agotamiento de la gente? ¿O acaso estamos igualmente ante un experimento de manipulación social a gran escala? Todo puede ser y nada parece quedar excluido en este escenario caótico que transcurre ante la mirada pasiva de gobiernos, organizaciones y sociedades internacionales, con raras excepciones. Manipulaciones experimentales ya se han producido en otros momentos y lugares. La más reciente de la mano de una pandemia que, sin poner en dudas la existencia del virus que la provocó, propició condiciones para poner en práctica un grupo importante de disposiciones medulares en la tipología que define ese tipo de ensayos sociológicos, a partir del estudio mediante pruebas prácticas diseñadas para observar cómo la presión de grupo, la autoridad, el entorno o la información alteran las decisiones, emociones y conducta de las personas expuestas.
Los días del COVID-19 transcurrieron entre aislamiento social, distanciamiento de personas, encierros domiciliarios, actividades laborales y escolares a distancia sin presencia personal en los centros, socialización restringida o casi nula, contacto personal restringido, escasez absurda de algunos bienes de consumo como el papel higiénico o el agua embotellada, el uso obligatorio de mascarillas que tiempo después se ha recocido sirvieron de poco o nada, a no ser para que la observancia irrestricta de esa medida fuera aceptada sin discusión por la masa. Un estudio relativo a estos eventos todavía cercanos, (“Consecuencias psicológicas de la cuarentena y el aislamiento social durante la pandemia de COVID-19” elaborado por Yunier Broche-Perez, Evelyn Fernández-Castillo y Darlyn Alejandra Reyes Luzardo), plantea el costo que tuvieron aquellas regulaciones para la salud mental de la gente que las tuvo que vivir y acatar. Casi lo mismo que ocurre ahora con la crisis energética que viven los cubanos.
Si a lo anterior sumamos ciertos proyectos consagrados en la llamada Agenda 2030, como la Ciudad de 15 minutos (muchos ni saben de este proyecto aberrante en el que la gente solo cuenta con sus piernas y si acaso con la ayuda de una bici para llegar al punto más lejano dentro del perímetro donde reside en un radio calculado en ese tiempo), la sustitución de combustibles por el uso de energías renovables , soluciones alimentarias con recursos sustentables mínimos y el descarte de personas, comenzando por las de edad avanzadas, para quienes va quedando la salida eutanásica como solución “civilizada” que ofrece el Jardín Occidental a los que ya considera prescindibles, bajo el amparo incluso constitucional, no es descabellado pensar que todo el acondicionamiento puesto en práctica con el bloqueo férreo establecido contra Cuba en este caso ofrece muchas posibilidades de laboratorio para ver cómo una población es capaz de aguantar, resistir, reaccionar e incluso superar los límites extremos que obliga la precariedad.
Ante esta posibilidad especulativa pero no descartable, presenta su cara más realista la estrategia de imponer el caos que conduzca como única salida al levantamiento violento incitado por situaciones extremas con la finalidad de derrocar un sistema o a un determinado gobierno. Una práctica inmoral que se ha aplicado en no pocos lugares del planeta. El Maidán ucraniano es un ejemplo. En You tube está disponible el documental Yemen, la guerra interminable , donde se aprecia la manera en que una parte importante de la población de ese país quedó sumida en la miseria absoluta por la agresión y el bloqueo de naciones vecinas que llegaron a poner en peligro de muerte por hambre a millones. Otro ejemplo ha sido Somalia , convertida en una nación fallida para beneficio de intereses foráneos. O Irak, en situación de tener que aceptar un acuerdo humillante para dar su petróleo a cambio de comida (Oil for Food) y el caso sirio sin posibilidades de acceder a medicamentos para pacientes enfermos de cáncer por las restricciones externas impuestas en el apogeo de aquellas “primaveras árabes”. Son algunos pequeños modelos dentro del maremágnum de injusticias en el que se hunde la Humanidad.
Más allá de justificaciones y argumentos esgrimidos para la puesta en escena de este cerco contra Cuba, existe una consideración de peso para condenar y exigir el cese de un acto brutal que apunta a un crimen de lesa humanidad . Una consideración que se fundamenta en una de las características principales que definen acciones de esta especie: “un hecho no aislado dentro de un plan y política deliberada dirigida contra una población civil por un Estado que de manera deliberada y manifiesta provoca con su acción un conjunto de efectos graves contra millones de personas inocentes, sometidas a tortura de carácter psíquica y existencial”, lo que se demuestra en los estudios especializados, artículos de prensa ( Dánica Coto , Nora Gámez Torres ) y varios medios que han recogido la crudeza de una situación creada con toda intenciónalidad por quienes implementan sanciones crueles sin el menor asomo de humanidad ni piedad, aún cuando en tantas ocasiones insistan en dar la imagen de devoción cristiana que dicen practicar o se proclamen defensores a ultranza de derechos humanos universales que parecen ignorar o aplican a criterio.
Reply to Miguel Saludes
Moderators: Miguel Saludes, Abelardo Pérez García, Oílda del Castillo, Ricardo Puerta, Antonio Llaca, Helio J. González, Efraín Infante, Pedro S. Campos, Héctor Caraballo