Cuba bajo asedio (I). Provocar cambios al precio del sufrimiento de una población
- Miguel Saludes
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Cuba bajo asedio (I). Provocar cambios al precio del sufrimiento de una población
17 Oct 2026 05:16 - 22 Oct 2026 20:44
La operación que tuvo por objetivo la captura de Nicolás Maduro para ser llevado junto a su esposa a territorio norteamericano y procesar judicialmente a los apresados, vaticinaba negras expectativas para la suerte inmediata de Cuba. El episodio venezolano, un acto con todas las características de secuestro, parecía ser el preámbulo de otro de mayor envergadura contra el gobierno cubano, al que no pocos auguraban la caída inmediata, fuera por intervención armada directa o como consecuencia de perder al suministrador principal de combustible, tal vez el único, que le quedaba a la Isla. Pero lejos del ataque militar o una invasión en toda regla, esperada y solicitada por no pocas voces externas y algunas internas, la opción contra la Isla devino en un asedio de crueldad comparable a aquellos que en diferentes lugares y momentos de la historia se establecieron contra sitios a los que se pretendía someter por la fuerza. En el caso cubano se erige un
bloqueo
sin tapujos, que ha llevado a la población a límites extremos y cuyo alcance no admite la denominación eufemística de simple “embargo comercial y económico".
Días enteros de apagones, con apenas pocas horas de luz en la semana (a veces dos o ninguna), falta de agua por no existir la capacidad de distribuirla, ausencia casi total de transporte, situaciones de hambruna por la pérdida de comida perecedera sin refrigeración adecuada para conservarla, graves situaciones de salud provocadas por la falta de higiene general, basura que se acumula en las calles ante la ausencia de medios para recogerla y que en muchas ocasiones la gente incinera in situ, entre otras calamidades, forman parte de la cotidianidad dantesca recogida en las noticias, pero que llega en directo (las pocas veces que hay electricidad y cobertura de internet) de amigos que sobreviven al infierno. Del tema he preferido no hablar con ellos en las raras comunicaciones que sostenemos. Alguno ha reclamado la condena personal a lo que allí ocurre tomando como punto central y único de la crítica al régimen. Pero la realidad de lo hechos en esta ocasión apunta con más fuerza en otra dirección, sin que ello disminuya los errores incurridos por los que gobiernan el país.
Un artículo publicado en El Nuevo Herald bajo la firma de Nora Gámez , fechado el pasado 30 de septiembre, expone la situación terrible que sufren los cubanos bajo las actuales sanciones por parte del gobierno que preside Donald Trump, calificándola de muerte lenta. Citando declaraciones de un médico que habla desde el anonimato, pero que gestiona una cuenta en redes sociales, el supuesto testimoniante describe el horror de una crisis “estructural” que “deriva en gran medida de decisiones tomadas por los propios dirigentes cubanos, especialmente de su reticencia a abandonar un modelo económico de planificación centralizada que ha fracasado en todas partes” Una valoración que pierde fuerza en el contexto actual reconocido en el mismo contenido del escrito al mencionar la nueva ronda de sanciones estadounidenses y un bloqueo petrolero *de facto* impuesto por la administración Trump. Medidas que intensifican lo que expertos ya consideran “la peor crisis humanitaria de la isla en la historia reciente producto del corte de suministro de petróleo procedente de Venezuela, México y otras naciones, como parte de una campaña de presión para impulsar cambios económicos y políticos en la isla”. Una determinación que acude a una batería de sanciones que ha diezmado las entradas financieras provenientes del turismo (una de las principales fuentes de acceso a la divisa), vuelos, comercio, transacciones bancarias, inversiones extranjeras y entorpecimiento incluso de las vinculadas a negocios por cuenta propia, entre varias medidas restrictivas. Un conjunto que no hace fácil cargar la responsabilidad solamente y en específico sobre los hombros de los que gobiernan en Cuba.
No es casual que la situación haya sido objeto de numerosos llamados de alerta internacional. Expertos de la ONU en derechos humanos, tras visitar la isla y constatar la realidad, instaron a evitar que Cuba se convierta en lo que califican como una “Gaza silenciosa” en referencia a la problemática que enfrentan los pobladores del territorio palestino, víctimas del conflicto bélico que asola esa región del Medio Oriente. Los peritos humanitarios avisan del peligro de esta crisis humanitaria en el Caribe, minimizada, o peor aún silenciada, trazando el paralelo con la mediática que tiene lugar en la franja territorial de Israel. Los expertos enfatizan la responsabilidad del embargo de Washington en lograr los efectos de aquello que supuestamente dicen querer evitar (el sufrimiento de una población) o buscar (su liberación). El grupo instó en un comunicado al Consejo de Seguridad de la ONU y a la Asamblea General de las Naciones Unidas a abordar urgentemente la situación de Cuba como una cuestión de paz y seguridad internacional. También llamaron al Gobierno de Estados Unidos a que pusiera fin “a todas las amenazas y actos hostiles contra la soberanía de Cuba y revocara todas las medidas que ha impuesto al país y que son contrarias al derecho internacional". Una convocatoria que parece no haber encontrado la mayor respuesta y que no debe extrañar cuando se lee la nota adjunta aclarando que “los expertos de la ONU son especialistas independientes designados por el Consejo de Derechos Humanos. Por lo tanto, sus opiniones y declaraciones no representan necesariamente la posición oficial de Naciones Unidas.” Lo que sirve para mostrar el nivel de ineficacia al que ha llegado el organismo internacional. El comunicado fue redactado a principios de agosto por varios relatores especiales, entre ellos los encargados de los temas de desarrollo, derecho a la alimentación e impacto negativo de las medidas coercitivas unilaterales.
Un bloqueo puro y duro establecido bajo el argumento liberador, pero que en realidad constituye una amenaza a derechos de salud y vida, según afirmaron los funcionarios del alto organismo internacional, quienes condenaron la utilización de alimentos y bienes básicos como instrumento de presión política. Algo en lo que no pocos gobiernos y la misma ONU han incurrido en un pasado no tan lejano durante conflictos en Irak o Siria, por citar dos ejemplos.
En uno de sus viajes con ayudas para Cuba gestionadas por Open Arms, el fundador de la organización manifestó dudas al señalar si era peor “ bombardear un hospital o dejarlo sin luz ”. Óscar Camps tomaba como referencia la situación de una niña cubana que pudo ser operada de una fractura en la cara gracias a los paneles solares llevados en anteriores envíos humanitarios, uno de ellos destinado al hospital Juan Manuel Márquez donde se realizó la intervención quirúrgica. Un testimonio entre tantos que fundamenta el paralelismo entre las situaciones de Gaza y Cuba en la expresión de Camps o la advertencia de los peritos de Naciones Unidas, al comparar dos panoramas afines. El primero sometido a los efectos de guerra directa y el segundo un escenario donde la acción militar ha sido sustituida por armas que no disparan pero al final resultan igual de letales.
Días enteros de apagones, con apenas pocas horas de luz en la semana (a veces dos o ninguna), falta de agua por no existir la capacidad de distribuirla, ausencia casi total de transporte, situaciones de hambruna por la pérdida de comida perecedera sin refrigeración adecuada para conservarla, graves situaciones de salud provocadas por la falta de higiene general, basura que se acumula en las calles ante la ausencia de medios para recogerla y que en muchas ocasiones la gente incinera in situ, entre otras calamidades, forman parte de la cotidianidad dantesca recogida en las noticias, pero que llega en directo (las pocas veces que hay electricidad y cobertura de internet) de amigos que sobreviven al infierno. Del tema he preferido no hablar con ellos en las raras comunicaciones que sostenemos. Alguno ha reclamado la condena personal a lo que allí ocurre tomando como punto central y único de la crítica al régimen. Pero la realidad de lo hechos en esta ocasión apunta con más fuerza en otra dirección, sin que ello disminuya los errores incurridos por los que gobiernan el país.
Un artículo publicado en El Nuevo Herald bajo la firma de Nora Gámez , fechado el pasado 30 de septiembre, expone la situación terrible que sufren los cubanos bajo las actuales sanciones por parte del gobierno que preside Donald Trump, calificándola de muerte lenta. Citando declaraciones de un médico que habla desde el anonimato, pero que gestiona una cuenta en redes sociales, el supuesto testimoniante describe el horror de una crisis “estructural” que “deriva en gran medida de decisiones tomadas por los propios dirigentes cubanos, especialmente de su reticencia a abandonar un modelo económico de planificación centralizada que ha fracasado en todas partes” Una valoración que pierde fuerza en el contexto actual reconocido en el mismo contenido del escrito al mencionar la nueva ronda de sanciones estadounidenses y un bloqueo petrolero *de facto* impuesto por la administración Trump. Medidas que intensifican lo que expertos ya consideran “la peor crisis humanitaria de la isla en la historia reciente producto del corte de suministro de petróleo procedente de Venezuela, México y otras naciones, como parte de una campaña de presión para impulsar cambios económicos y políticos en la isla”. Una determinación que acude a una batería de sanciones que ha diezmado las entradas financieras provenientes del turismo (una de las principales fuentes de acceso a la divisa), vuelos, comercio, transacciones bancarias, inversiones extranjeras y entorpecimiento incluso de las vinculadas a negocios por cuenta propia, entre varias medidas restrictivas. Un conjunto que no hace fácil cargar la responsabilidad solamente y en específico sobre los hombros de los que gobiernan en Cuba.
No es casual que la situación haya sido objeto de numerosos llamados de alerta internacional. Expertos de la ONU en derechos humanos, tras visitar la isla y constatar la realidad, instaron a evitar que Cuba se convierta en lo que califican como una “Gaza silenciosa” en referencia a la problemática que enfrentan los pobladores del territorio palestino, víctimas del conflicto bélico que asola esa región del Medio Oriente. Los peritos humanitarios avisan del peligro de esta crisis humanitaria en el Caribe, minimizada, o peor aún silenciada, trazando el paralelo con la mediática que tiene lugar en la franja territorial de Israel. Los expertos enfatizan la responsabilidad del embargo de Washington en lograr los efectos de aquello que supuestamente dicen querer evitar (el sufrimiento de una población) o buscar (su liberación). El grupo instó en un comunicado al Consejo de Seguridad de la ONU y a la Asamblea General de las Naciones Unidas a abordar urgentemente la situación de Cuba como una cuestión de paz y seguridad internacional. También llamaron al Gobierno de Estados Unidos a que pusiera fin “a todas las amenazas y actos hostiles contra la soberanía de Cuba y revocara todas las medidas que ha impuesto al país y que son contrarias al derecho internacional". Una convocatoria que parece no haber encontrado la mayor respuesta y que no debe extrañar cuando se lee la nota adjunta aclarando que “los expertos de la ONU son especialistas independientes designados por el Consejo de Derechos Humanos. Por lo tanto, sus opiniones y declaraciones no representan necesariamente la posición oficial de Naciones Unidas.” Lo que sirve para mostrar el nivel de ineficacia al que ha llegado el organismo internacional. El comunicado fue redactado a principios de agosto por varios relatores especiales, entre ellos los encargados de los temas de desarrollo, derecho a la alimentación e impacto negativo de las medidas coercitivas unilaterales.
Un bloqueo puro y duro establecido bajo el argumento liberador, pero que en realidad constituye una amenaza a derechos de salud y vida, según afirmaron los funcionarios del alto organismo internacional, quienes condenaron la utilización de alimentos y bienes básicos como instrumento de presión política. Algo en lo que no pocos gobiernos y la misma ONU han incurrido en un pasado no tan lejano durante conflictos en Irak o Siria, por citar dos ejemplos.
En uno de sus viajes con ayudas para Cuba gestionadas por Open Arms, el fundador de la organización manifestó dudas al señalar si era peor “ bombardear un hospital o dejarlo sin luz ”. Óscar Camps tomaba como referencia la situación de una niña cubana que pudo ser operada de una fractura en la cara gracias a los paneles solares llevados en anteriores envíos humanitarios, uno de ellos destinado al hospital Juan Manuel Márquez donde se realizó la intervención quirúrgica. Un testimonio entre tantos que fundamenta el paralelismo entre las situaciones de Gaza y Cuba en la expresión de Camps o la advertencia de los peritos de Naciones Unidas, al comparar dos panoramas afines. El primero sometido a los efectos de guerra directa y el segundo un escenario donde la acción militar ha sido sustituida por armas que no disparan pero al final resultan igual de letales.
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