Se acerca el día en que, para la diócesis de Pinar del Río, a través de todas sus parroquias, llegará y se distribuirá la donación comprometida del gobierno de los Estados Unidos para los más necesitados de nuestra sociedad cubana. Por ello no quiero perder la oportunidad de una breve opinión sobre el trabajo de nuestra iglesia católica de Guanajay.
Con justeza ya se ha felicitado desde el altar de nuestra parroquia San Hilarión, la labor del grupo creado para encontrar y distribuir a los receptores, urgidos de la mencionada ayuda. Elogio por haber colaborado con Cáritas parroquial y diocesana, pero sobre todo por encontrar al hermano: meta-objetivo de la primera tarea que se terminó, para luego distribuir el envío: tarea aún por realizar, en zona urbana y barrios periféricos, para la mayoría de las personas más pobres entre los vulnerables, casi toda la población cubana.
Con esta labor se han escogido a personas según su salud, etapa de vida, familia o soledad. Se optó por ancianos, enfermos encamados o minusválidos, madres solteras embarazadas, madres o padres separados u otro familiar a cargo de los pequeños u otro casos. Todo ellos, personas desprovistas de capacidad para alimentarse con regularidad, procurar medicamentos, vestimentas y mantener otras necesidades del hogar y la vida por su propio esfuerzo.
Comunidades fraternales como los masones Luz de Occidente, la orden Odd Felows y la rama femenina Sacerdotisas del Hogar, así como la hermana Iglesia Bautista del Camino y otros ciudadanos por cuenta propia, como también los trabajadores sociales, aportaron información de personas necesitadas para el grupo que ha realizado la labor de mapeo o localización, bajo el principio del amor al prójimo. Así se han conocido de un modo más profundo las muchas necesidades de otros conciudadanos.
En la ruta, los miembros del grupo han caminado una vez más, no para buscar la diaria supervivencia, sino a quienes más imposible les resulta sobrevivir entre las calles rotas de un Guanajay roto, como toda Cuba hoy. Han recorrido caminos de pura tierra y piedra limpia, bajo el sol y a veces también bajo alguna llovizna; han tocado en puertas fuertes y otras muy débiles; han escuchado quejas y penas, honestidad y picardía, múltiples experiencias; donde prestar oídos para quienes, necesitando tanto, algunos expresaron palabras de alegría, más por la visita recibida y la fraternidad compartida en la fe de Cristo que por las posibles donaciones a recibir.
Los hermanos que han desandado caminos, en esta pesquisa, tras el Jesús enfermo, con hambre y lejos del hogar o la famila, como tantos presos hoy, han sido adultos la mayoría, aunque también participaron jóvenes y hasta adultos mayores. Un grupo, una comunidad, un trabajo en clave de sinodalidad que habrá que continuar creciendo en otros ámbitos de fe y vida; juntos en el aporte de más experiencia en el servicio: ojos que ven, oídos que escuchan, razones para decidir, manos que se unen.
El trabajo realizado ha sido bueno y amplio en la búsqueda; complejo y ético en la evaluación; caritativo y justo en la decisión, muy organizado desde dentro hacia el pueblo. No será perfecto, nada humano lo es, aunque el amor lo puede todo, pero se ha interactuado dentro de una realidad, donde la vulnerabilidad pertenece a la mayoría; se dice que algo más del ochenta porciento de los cubanos son pobres, necesitados de mucho. Realidad de donde también alguien puede intentar empañar la labor, personas que falsifiquen su realidad u otras con intereses diversos, incluso para desacreditar a la iglesia como mediadora; hechos parecidos han sucedido ya en Villa Clara y siempre serán fácilmente posibles bajo el actual sistema ideológico de gobierno, aunque este haya permitido la presente donación humanitaria del gobierno de los Estados Unidos, para los más necesitados del pueblo cubano.
Concluyo en que me parece que hay tiempo todavía, si fuera necesario o surgieran dudas, para reevaluar casos. Pero de todos modos, lo esencial es saber que se ha obrado con la mejor intención y que un gran trabajo se ha realizado en el andar como Iglesia. Mi respetos con admiración para todos los involucrados en esta tarea asumida por Cáritas y la comunidad toda, al servicio de la donación y de nuestros hermanos más necesitados.
¡Gracias y gracias a Dios!