Radiografía del populismo y el caso Brasil 2026

Librado LinaresEl populismo, ya sea de izquierda o de derecha, comparte un patrón que termina debilitando la democracia. En lugar de fortalecer al ciudadano y las instituciones, refuerza la figura del caudillo, que se presenta como salvador y concentra poder. Esa dinámica fertiliza el terreno para el arribo de alguna forma de autoritarismo, pues se socavan los contrapesos y se deslegitima la crítica.

En el plano económico, el populismo suele prometer beneficios inmediatos que generan problemas estructurales: déficit fiscal, deuda pública, inflación y, como consecuencia, el empobrecimiento de los sectores más vulnerables. Los empresarios ven esfumarse sus ahorros y la inversión se retrae, lo que agrava la falta de oportunidades. Así, lo que se presenta como solución termina creando más problemas que los que se buscaba resolver.

Uno de los bienes más preciados que puede tener una sociedad es haber interiorizado cómo se genera riqueza y oportunidades en buena lid. Esa conciencia colectiva es la que permite blindarse contra la trampa de los caudillos sin escrúpulos. Chile, por ejemplo, aparece como la nación mejor posicionada en América Latina para alcanzar el desarrollo, en parte porque rechazó mayoritariamente el referendo constitucional impulsado por sectores de la llamada “izquierda carnívora”. Ese acto refleja una ciudadanía que entiende que el progreso no se construye con atajos populistas, sino con instituciones sólidas y reglas claras.

El caso de Brasil en 2026 es ilustrativo. Lula logró remontar en la segunda vuelta gracias a una propuesta laboral de fuerte impacto social: reducir la jornada de seis días de trabajo y uno de descanso (6x1) a cinco días de trabajo y dos de descanso (5x2), manteniendo el pago de seis. Además, se aprobó la reducción progresiva de la jornada semanal de 44 a 40 horas en un plazo de 14 meses. La medida benefició a millones de trabajadores, pero fue adoptada en un contexto de fragilidad fiscal: el déficit primario se ubicaba en torno al 0,6% del PIB, el déficit nominal en casi 9,5% y la deuda pública superaba el 82% del PIB.

Los críticos señalaron que se trataba de una medida populista, pues otorgaba un beneficio inmediato sin un cálculo claro del impacto económico. Los mercados reaccionaron negativamente: el real se depreció y la Bolsa de São Paulo cayó con fuerza tras la victoria. Sin embargo, el efecto político fue contundente: Lula consiguió la adhesión de un electorado que priorizó el beneficio inmediato sobre la sostenibilidad fiscal.

La victoria fue celebrada por líderes autoritarios como Vladimir Putin, Xi Jinping y Miguel Díaz-Canel, lo que resulta sintomático. El populismo, al reforzar al caudillo y debilitar las instituciones, encuentra afinidad con proyectos que privilegian el poder personal sobre la democracia.

En conclusión, el populismo tuerce la democracia y compromete la sostenibilidad económica. El caso de Brasil 2026 muestra cómo una medida laboral de fuerte impacto social puede asegurar una victoria electoral, pero a costa de profundizar desequilibrios fiscales y económicos. La verdadera riqueza de una sociedad radica en haber interiorizado cómo se generan oportunidades de manera sostenible, blindándose contra la seducción de líderes populistas.

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