Razones que pueden explicar la ausencia de respuesta ante una agresión avisada

Razones que pueden explicar la ausencia de respuesta ante una agresión avisada

2 months 3 weeks ago
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El artículo publicado por The New York Times el pasado 1 de diciembre bajo la firma de los periodistas Ronen Bermang y Adam Goldman dejó abiertas nuevas interrogantes al sorpresivo ataque terrorista de Hamás a territorio israelí y las consecuencias posteriores. La afirmación de que Israel conocía los detalles del operativo un año antes de haberse producido, se basa en el contendido de un documento de más de 40 páginas identificado con el código Muro de Jericó, obtenido por la inteligencia y fuerzas armadas de Israel a finales del 2022. El documento, cuya autenticidad nadie discute, recoge con exactitud el plan que dejó marcada la fecha del 7 de octubre del 2023 como “el día más letal en la historia de Israel” según destaca la publicación periodística. La precisión, los detalles de conocimientos tácticos que disponía y el alcance del propósito que buscaba, fueron desestimados por consideraciones que tratan de explicar algo que no parece creíble y es la desidia de uno de los cuerpos de seguridad mejor preparados del mundo. Que alguno de sus miembros considerara irrealizable esta incursión o que su realización estuviera fuera de la capacidad de sus planificadores, es una razón que deja más lugar a las dudas que a descargos justificativos. En paralelo con el conocimiento de esta información funcionarios del ejército afirman que en aquel entonces se consideró que las intenciones de Hamás no eran claras. Otros agentes de gobierno y personal castrense especializado aseguran no obstante que de haberse tomado en serio las advertencias que estuvieron recibiendo hasta días antes de la agresión, esta pudo incluso haberse evitado. ¿Cabe pensar entonces que puedan existir otras explicaciones para tamaño error y descuido?

Lo aseverado por el artículo del New York Times sustenta las versiones que apuntan a que lo ocurrido el 7 de octubre, además de significar una tragedia para las víctimas del ataque terrorista, llegó de manera muy oportuna para un gobierno asediado por una crisis socio política excepcional. La agresión desmesurada dejaría a los autores en una posición insostenible, dando la posibilidad a una respuesta, que ya se anunciaba sería terrible, difícil de combatir o criticar desde los ámbitos políticos internacionales, aun cuando las condenas incluyeran las acciones perpetradas por Hamás. El gobierno de Netanyahu encontraba así no solo la coartada para lanzar una incursión en toda regla y profundidad en el territorio de Gaza, destruyendo la infraestructura del grupo islamista predominante en la Franja, sino que a la vez lograba de alguna manera restañar una unidad nacional quebrantada por las protestas en su contra, arrinconar a los sectores críticos- medios informativos incluidos- bajo el pretexto de la nación atacada, acallar las voces que apoyan el derecho de los palestinos a la soberanía, conceder más espacio a los extremistas que preconizan lo contrario mientras crecen las ocupaciones ilegales por parte de colonos judíos. A lo anterior se puede agregar la posibilidad de sacar del panorama gazatí a una buena parte de la población árabe que de hecho ha quedado desplazada en un terreno que deberá ser reconstruido y que ya se disputan las inmobiliarias israelíes para una reconstrucción en la que más que probable los beneficiados no serán los antiguos pobladores del sitio arrasado. Sobre este aspecto trata un artículo publicado en el diario israelí Hayom, denunciando las intenciones. Sin obviar el añadido de un aspecto que no puede faltar en cada situación de guerra que se produce cuando se trata de probar en directo las nuevas armas y tecnologías afines. En este caso específico las que llegan bajo el sello novedoso de la Inteligencia Artificial.

Tomando en cuenta esta realidad conviene señalar el contenido de dos documentales que pueden ser vistos en la plataforma YouTube y que exponen la situación en que han quedado las corrientes de izquierda israelíes, unas de las grandes afectadas por el ataque. Ambos materiales fílmicos recogen las claves principales que ayudarían a entender razones para pasar por alto las alertas ante un plan que podría parecer utópico, pero no imposible de intentar. El documental La vida después del terror del cineasta israelí Ori Sztenfeld producido bajo la marca DW, muestra la situación de miedo y desconfianza que ha dejado ese episodio a través de las narraciones de varios testigos que lo vivieron. Sofie Berson, una artista visual vecina del kibutz Be’eri Beeri que se identifica de izquierda, como la mayoría de los vecinos que poblaban esa localidad, no comprende la demora de la respuesta militar que llegó a ellos con doce horas de retraso tras producirse la incursión terrorista. Para el surfista Arthur Rashkoven esa acción contribuyó a destruir un proyecto que funcionaba como una herramienta de entendimiento sobre la base común y movible de una tabla de surf. Sourfez pour la Paix promovía la práctica de un surfismo compartido entre amantes de ese deporte de Gaza e Israel. Una manera de crear el entendimiento que no contaba con buena aceptación por parte de autoridades israelíes que ponían trabas a la practica bajo el pretexto de que las tablas de surf son inflamables y podían ser consideradas como apertrechamiento militar a los terroristas. Tampoco eran bien vistos por la parte de Hamás, más cómodos en sus trincheras confrontativas. Pero tras los atentados no solo queda engavetada la aspiración del surfista. Resulta terrorífico el pesimismo que manifiesta cuando expresa que ya no puede pensar en la gente que está del otro lado de muro. El caso de Noy Katsman ofrece una cara más esperanzadora a pesar de su drama personal. El hermano de este joven, asesinado durante el ataque, era un activista por la paz y el derecho de los palestinos a la autodeterminación que había participado en las protestas masivas contra el gobierno derechista de Jerusalén meses antes del ataque. No obstante, el joven Noy no reivindica la venganza, aspecto que acusa en la respuesta militar contra Gaza, y manifiesta que seguirá manteniendo la militancia pacifista de su hermano como mejor manera de conservar su memoria.

Por su parte el documental de ARTE titulado Kibutz y el desencanto de la izquierda ofrece otra mirada sobre los resultados producidos por la acción que algunos han dado en llamar el Pearl Harbor israelí y que otros comparan con los sucesos del 9/11 en Estados Unidos. El material narra a través de los testimonios la vida en los kibutz sumidos en el terror tras la experiencia sufrida. Nera Heiman habla de un modo de convivencia comunitaria entre personas pacificas, humanistas y liberales. Dice que ellos lograron crear un movimiento de mujeres de Gaza y Cisjordania en favor de la paz y por el fin del conflicto. Heiman era vecina del kibutz Nir Oz, que estuvo en la línea frontal de los ataques de octubre, reportando más de 80 víctimas mortales y numerosos secuestrados, entre los que se encontraba su anciana madre. Para la entrevistada Paula Cunio la opción de vivir en Nir Oz llegó más por calidad de vida que por cuestiones ideológicas. Tras la agresión terrorista no hay vuelta atrás en su decisión de no regresar al lugar idílico que se convirtió en un infierno para ella y su familia. Una de las escenas desarrolladas en uno de los hoteles que sirvió de refugio a los miembros de los kibutz atacados, capta el enfrentamiento crítico de estos hacia una ministra del gobierno que verificaba la situación de los damnificados. Aviva Metzzer increpa a la funcionaria y le reclama la falta de protección del gobierno y los militares. Una desatención que pone en contraste con la que procuraron las autoridades que se “ocupaban” de ella y otros manifestantes durante las protestas que realizaban semana tras semana contra el gobierno y sus planes de reforma judicial. Sin embargo, aunque Aviva sigue creyendo en la convivencia y en la paz, reconoce que no se puede hablar de esos términos con gente que les quieren asesinar y condenar a progroms. El documental ofrece una vista de la avenida Kaplan, antes bastión de las protestas antigubernamentales, convertido en el centro de reclamo por la vuelta de los secuestrados de Hamás. A los centenares de fotos y mensajes, se unen vallas que proclaman la unidad nacional frente al terrorismo, el enemigo común a derrotar. Un hecho que en el material se anota como una humillación infligida a las fuerzas armadas y a la izquierda militante. En ese escenario Bathseva Yahalomi, vecina de Nir Oz se presenta marcada por el secuestro de su hijo de 12 años durante la fatídica jornada. Una realidad que se sobrepone a la ilusión por un dialogo en el que ha perdido la fe. Frente a ella parece ganar terreno el criterio de los que rememoran los días grandiosos de la Guerra de los Seis Días, o los que apoyan una operación implacable, que ya pasa de tres meses con el costo de más de 24 mil vidas de civiles en Gaza, principalmente mujeres y niños. Contrasta la opinión de un entrevistado apoyando acabar con los terroristas, sin tocar a los civiles inocentes, algo que no es exactamente lo que se está logrando. Para cerrar los testimonios vale citar el de Ari Shavit, colaborador del diario de izquierda Harretz, medio que ha sentido las presiones del gobierno por sus publicaciones críticas, incluso durante el transcurso de las actuales operaciones militares en Gaza. Shavit señala al territorio en conflicto como el único lugar donde Israel ha hecho lo que el mundo le ha reclamado hacer respecto a las fronteras anteriores a 1967 y el desmontaje de las colonias implantadas. “Desde allí hemos recibido el ataque más brutal imaginable” subraya el periodista entrevistado. Un ataque que no solo aleja la paz, sino que pone distancia contra quienes se pronuncian por ella. Una acción que han sufrido en carne propia la gente progresista de los kibutz, los jóvenes pacifistas, simpatizantes de una solución dialogada para el reconocimiento de la soberanía palestina, defensores de los derechos cívicos de israelíes y árabes en un mismo contexto nacional o personas que simplemente aman la convivencia más allá de fronteras y consideraciones políticas o religiosas.

Aunque parezca increíble la incursión terrorista del 7 de octubre logró fortalecer las posiciones extremas en Israel, socavando y debilitando a quienes apoyan la causa de la paz y los derechos del pueblo palestino. La noticia fechada el pasado 18 de enero que recoge el informe de CPJ (Comité de Protección a Periodistas) donde el estado de Israel aparece entre los primeros países con el mayor número de informadores encarcelados (17) agrega otro eslabón a esta cadena de hechos extraños e inusitados que se conectan con la incursión sangrienta protagonizada por Hamás, una organización a la que voces autorizadas relacionan en sus orígenes con oscuros manejos de la  misma inteligencia israelí, así como a una serie de hechos ligados a un viraje de una de las sociedades más democráticas del Medio Oriente por un gobierno que coaliga posturas extremas enfrentadas al rechazo de la mayoría de la sociedad opuesta a sus intentos de imponer leyes restrictivas contra la independencia de la justicia y coerciones a las libertades cívicas, a la que ahora se suma las de opinión. Así los que perpetraron los ataques sangrientos de octubre se convirtieron por aquella inexcusable acción en los mejores aliados de los que proclaman contrarios a la causa palestina, haciendo que la jornada siniestra se convirtiera por igual en el día más letal para los pueblos afectados por este conflicto, que son los que en definitiva sufren las consecuencias de un enfrentamiento que lejos de alejar las amenazas de la guerra, supone más dolor, odio, resquemor y la marginación de los que luchan por los valores de la paz, la convivencia y el entendimiento sobre las bases del derecho a existir que tiene todo ser humano, independientemente de su raza, lengua o la creencia que profese. 
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