Macron enciende alertas sobre amenazas imperiales en ciernes

Macron enciende alertas sobre amenazas imperiales en ciernes

8 months 2 weeks ago - 8 months 2 weeks ago
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El pasado 27 de julio, durante una gira por territorios del Pacífico, el presidente francés Emmanuel Macron alertaba sobre la amenaza de un “nuevo imperialismo”. Coincidían su discurso y visita, descrita por algunos titulares como “histórica”, con la crisis abierta entre su país y Níger tras el golpe militar que un día antes había sacado del poder al presidente de la nación africana. Las advertencias de Macron, obviamente dirigidas contra China, se producían en un momento álgido en que el episodio golpista se suma a similares eventos ocurridos recientemente en la franja del Sahel, en los países francófonos que componían el extenso territorio colonial de la antigua metrópoli europea. Mali, Guinea-Conakry, Burkina Faso y ahora Níger son escenario de un rechazo generalizado hacia unas relaciones y permanencia que los lugareños de esos países consideran continuación de un sistema neocolonial representado por las ínfulas imperiales y explotadoras del país con el que les une una lengua común, herencia de un pasado execrable. 

La movilización de fuerzas para restablecer el orden democrático nigerino, con apoyo de algunas naciones vecinas del país en conflicto, han encontrado una respuesta nada convencional. En primer lugar, la reacción de la mayoría de los ciudadanos que se lanzaron a las calles en respaldo de la junta militar, mientras en contraste hacían manifiesto rechazo a todo lo que se identifique con la nación que les colonizó, desde la bandera hasta el propio idioma. Ni siquiera han servido las presiones provenientes de los aliados de Francia en la región, incluyendo Estados Unidos y la ONU, que mostraron su disposición a colaborar para restaurar al presidente depuesto. Una prontitud de respuesta que difiere con aquellas, no pocas veces inexistentes, cuando las asonadas han ocurrido en escenarios donde además de derrocar a mandatarios elegidos constitucionalmente, se han impuestos dictaduras sangrientas que han doblegado a sangre y fuego la resistencia ciudadana opuesta a la entronización castrense.  

Sin pretender justificar las acciones de fuerza, mucho menos cuando estas suponen la salida de gobiernos electos de acuerdo con las fórmulas democráticas reconocidas en Occidente, hay mucha tela por donde cortar en el caso nigerino y en países que viven trances similares. Un primer corte arrojaría el descredito, cada vez más palpable, de esos gobiernos “democráticos”, avalados desde el exterior, sumidos en la corrupción y el entreguismo a intereses foráneos, en detrimento de la población que ellos dicen representar. 

El enfado mostrado por los civiles no solo se evidencia en eslóganes y palabras favorables a la acción golpista. Es mucho más significativa su presencia en centros de reclutamiento para luchar junto con los militares en caso de una incursión extranjera. Algo difícil de entender como imágenes de banderas rusas en manos de los manifestantes, que en paralelo destrozan la enseña nacional francesa, se fundamenta en el principal entramado que afecta a la mayoría de los países del tercer mundo y de manera particular a los configuran el mapa político del continente africano, esa “jungla” a la que se refiriera sin tapujos el jefe de  la diplomacia europea Josep Borrell durante una intervención infeliz en la que de manera contrastante llamaba “jardín” a Occidente. Y es que ese vergel, en el que se cuenta Francia, vive de los recursos que explotan sin miramientos ni comedimientos, de países como Níger, nación que produce uranio, oro, petróleo, carbón y fosfatos, entre otras riquezas que abastecen los reclamos de la prospera industria occidental. En cambio, la indigencia se enseñorea de una población que tiene la taza de pobreza más alta del mundo (48,9%), ocupando el último lugar entre 188 naciones, y que además tiene que soportar el menosprecio de los que ocupan los primeros sitios en la lista, al punto de verse convertidas en el basurero de millones de toneladas de desechos tecnológicos provenientes de los prósperos patios del Norte industrializado. Hay muchos materiales que ilustran esa dicotomía de pobreza-riqueza. Los documentales Níger: los fantasmas del uranio y Comprar, tirar, comprar: obsolescencia programada de la televisión española, muestran esa terrible realidad.

Como si no fuera suficiente desde hace años esa pobre gente es víctima del flagelo de guerras internas contra grupos armados que implantan el terror del extremismo religioso o escudan en sus acciones el saqueo en beneficio de espurios intereses. Una lucha para la que supuestamente organizaciones internacionales han enviado ayudas que de poco han servido. No pocas veces más bien han contribuido a afianzar esas presencias hostiles con su inoperancia, cómplice o irresponsable. Fue el caso ocurrido con la expulsión de corresponsales francesas de Liberation y Le Monde en Burkina Faso. Un gesto considerado de inaceptable y desproporcionado desde la óptica parisina sobre libertad de expresión, pero que en Uagadugú aprecian desde el ángulo de la cobertura sesgada de los acontecimientos nacionales que les afectan. Una de estas noticias se refiere a un video que muestra la ejecución de niños por hombres vestidos con los uniformes de las fuerzas armadas burkinesas. Al respecto el jefe de gobierno burkinés apeló a un mínimo de prudencia por parte del periodista que le hubiera bastado para darse cuenta de que los ejecutores eran miembros de grupos terroristas vestidos con uniformes de las Fuerzas Armadas Nacionales. Otro caso ocurrió con la suspensión del canal France 24 por la entrevista que hiciera ese medio al jefe del grupo de Al Qaida del Magreb Islámico. Ante la difusión del material la junta que gobierna Burkina Faso manifestó que el acto “informativo” más bien que espacio de comunicación se había convertido en una oportunidad que los terroristas aprovecharon para legitimar sus acciones violentas y su discurso del odio. 

Pero las cosas van más allá de Francia. A fines de mayo del 2023 miles de personas se manifestaron en la capital de Mali para exigir la retirada de la misión de la ONU en esa nación. Los manifestantes calificaron la presencia del personal militar de Naciones Unidas como "fuerza de ocupación" que tergiversaba su realidad. Las críticas se dirigían contra un informe del organismo internacional que señala al ejército maliense la autoría de una masacre perpetrada en marzo de 2022 contra la población civil. Una maniobra que los manifestantes calificaron de "complot para que la OTAN ataque a Mali". 

Todas en conjunto son  razones suficientes para comprender el estado de hostilidad creciente que se produce en Níger y en otras naciones, afectadas por una actitud imperial que persiste bajo ropajes neocoloniales y que Macron ignora mientras señala nuevas amenazas de ese tipo en Oceanía. Casi cuando daba un último repaso a estas líneas llegan las noticias de un nuevo golpe militar, ocurrido ahora en Gabón, donde los militares, apoyados por miles de ciudadanos, echaron del gobierno al flamante ganador de las elecciones celebradas en la última semana de agosto. En su condena del hecho, el secretario general de la ONU tuvo que reconocer la falta de transparencia de unos comicios que garantizaban la continuidad de un tercer mandato al ganador Alí Bongo, en el poder desde el 2009 tras la muerte de su padre. Una dinastía iniciada por papá Bongo en 1967 y que su hijo pretendía alargar de manera “democrática” al menos hasta el 2028. Otro revés para la France libertaria, igualitaria y fraterna que ahora también ve nublarse los suministros de petróleo y manganeso que le llegan de esa lejana excolonia africana. 
Last edit: 8 months 2 weeks ago by Miguel Saludes.
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