He estado pensando… (LXVII)

Padre Alberto Reyes                                          He estado pensando… (LXVII)

                                               por Alberto Reyes Pías

                            He estado pensando en un aparente desliz

Pudo haber sido un desliz, o una “traición del subconsciente”, o pudo ser algo intencionado, pero no deja de ser llamativo que, el día del miliciano, haya aparecido en el cintillo del Noticiero Nacional de Televisión la frase: “En lucha contra el pueblo”.

Es una frase con la que, inmediatamente, nos hemos identificado, porque esa es nuestra experiencia vital. No sólo sabemos, sino que sentimos que hemos vivido durante años bajo un régimen hipócrita.

Un régimen que, por una parte, ha mantenido un discurso que parece extraído íntegramente del Evangelio cristiano, un discurso desbordante de defensa de la justicia, de preocupación por el pobre, de superación de la miseria… mientras se creaba una realidad diferente.

Porque es un régimen que ha convertido a Cuba en un pueblo miserable y mendigo, ha institucionalizado la injusticia, ha intentado ahogar toda expresión de inconformidad y de crítica, ha llevado al país a un callejón sin salida, donde la vida se ha reducido a dos palabras: sobrevivir o irse.  

Ha sido y es un gobierno en lucha contra el pueblo: contra sus aspiraciones, contra sus legítimos deseos, contra su libertad de expresión, contra la pluralidad de opciones políticas, contra la manifestación de su sentir religioso…

 Pero la vida nunca está hecha de líneas rectas entre víctimas y victimarios. Las relaciones humanas suelen ser “circulares”, estableciéndose lo que solemos llamar un “círculo vicioso”.Porque es cierto que, a partir del 59, el nuevo gobierno de la isla desplegó una red de control, de dominio y represión, pero su éxito fue posible porque logró que nos volviéramos los unos contra los otros, y convirtió al vecino (y en algunos casos al propio familiar) en el primer espía, delator y agresor.

En esta “lucha contra el pueblo”, nos hicimos cómplices. Entre nosotros nos delatamos, nos hicimos actos de repudio, nos mentimos, nos sumamos a la represión.Y no sólo entramos en el círculo de volvernos los unos contra los otros, sino que nos volvimos también contra nosotros mismos, y aprendimos a actuar en contra de nuestra conciencia, de nuestros valores, de los principios que cuidan y protegen el alma.

 

Al inicio fue incluso comprensible, porque, como pueblo, estábamos tan cegados por la propaganda y la “novedad” del ideal socialista, éramos tan inexpertos en el tema, tan ingenuos ante la vehemencia avasalladora de nuestros líderes, que no fue difícil para los que dirigían la música hacernos bailar al son de sus instrumentos.

Pero hoy día, 65 años después, cuando los ojos no pueden estar más abiertos y las mentes no pueden estar más despiertas, mucha gente sigue encadenada a esos círculos malsanos, mucha gente sigue militando en ese ejército del pueblo que lucha contra el pueblo, mientras, eso sí, como todo el pueblo, intenta sobrevivir el día a día o espera, en las sombras, la oportunidad de escapar del monstruo al que alimenta.

Desliz o no, el mensaje ha sido cierto. Los milicianos han luchado contra el pueblo… y los CDR, y la Seguridad del Estado, y los “agentes de civil”, y los militares, y los Boinas Rojas y los Boinas negras, y los jóvenes del servicio militar… y tú, y yo. Y esta guerra, ¿puede terminar algún día? Sí, y de hecho ha terminado y termina en cada persona que ha decidido y decide romper el círculo del servicio al mal y, afrontando las consecuencias, es capaz de decir:

 “No voy a ser cómplice de esta guerra, no voy a apoyar al que me oprime, no voy a hacerle daño a mi hermano”.

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