CUBA RESUCITARÁ

Sor Nadieska AlmeidaCoincido con mi hermano y amigo Dagoberto Valdés, y me apropio de su convincente afirmación para compartir lo que he experimentado en estos últimos días.

Llegó el hermoso tiempo en que celebramos la Pascua de Resurrección, y junto a este gran regalo de la presencia del Resucitado, somos bendecidos también con la riqueza de una liturgia que nos permite renovarnos en nuestro ser de creyentes, en nuestra manera de vivir la fe, en la toma de conciencia una y otra vez del compromiso que trae consigo seguir al Resucitado que tiene en su cuerpo las marcas de la crucifixión, las huellas de haber dado la vida por nosotros y hacernos vivir en esperanza, caminando permanentemente con Él, porque esa es también su promesa.

Uno de los regalos de la liturgia es la Secuencia de Pascua, que solo leemos durante la Octava de Pascua. En ella, una pregunta: “¿Qué has visto de camino?” Esa pregunta ha quedado resonando en mi interior, y haciendo que surjan otras. ¿Qué has visto de camino? ¿Qué ven tus ojos y tu alma? ¿Hacia dónde se dirige tu mirada mientras vas de camino en este hoy, en esta Cuba? 

“He visto a mi Señor”, responde la Magdalena, “la tumba abandonada”. He visto a la Vida, esa que colgaron en una cruz, la he visto resucitada… Yo vislumbro destellos de vida, muy tenues, pero mi mirada insiste en mirar con esperanza. Y es que cuando encuentro la sensibilidad de una trabajadora que con lágrimas me expresa su dolor al descubrir a otra que no sabe leer y se aproxima a ella con tanto respeto, eso es un signo de vida. Cuando veo gestos de fraternidad y solidaridad, incluso entre desconocidos, me devuelven vida y me alientan a seguir mirando con confianza.

 

Esa misma mirada es también la que tuvieron los apóstoles, y cuando fueron detenidos su defensa legítima fue: “Nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hch 4, 20).

Los creyentes sabemos bien de qué se trata. Vieron a Jesús, aprendieron de Él, y su presencia resucitada los impulsó hasta el mayor de los riesgos: dar la vida.

Nosotros también hemos experimentado la presencia del Resucitado en nuestra vida, la hemos contemplado en los hermanos, especialmente en los que más sufren. Hemos visto, y somos parte, de un pueblo que está muriendo, seguimos viendo a un pueblo oprimido, manipulado y amordazado, estamos viendo a un pueblo que tiene hambre, que no sabe cómo responder a esa necesidad vital y cotidiana porque es imposible. Como dijo el Papa Francisco, lo primero es querer ver; es por eso que no podemos dejar de decir lo que hoy seguimos viendo y oyendo, y aunque seamos cuestionados, amenazados o silenciados, no debemos dejar de decir. No, porque seríamos tan responsables como los que oprimen. Tendríamos un pecado mayor, porque callar la voz de la conciencia es callar a Dios mismo.

Por eso me uno a quienes levantan la voz. Me uno a los que son perseguidos. No quiero que sean olvidados quienes se han atrevido a más. No quiero dejar de abrazar con mi cercanía orante a tantos que sufren injustas condenas, y a sus familiares. Quiero que nuestra voz se escuche, que nuestra Cuba resucite también desde el compromiso de todos por su libertad, por el esfuerzo de vivir en la verdad, por el atrevernos a pensar diferente y dejar que ese pensamiento brote respetuosamente buscando el bien mayor para nuestra nación.

Cuba resucitará con nuestro esfuerzo, con nuestra opción por ella. Resucitará porque aún somos muchos los que apostamos por ella, dentro y fuera, porque es y seguirá siendo nuestra, y porque amarla y hacerla fecunda nuevamente es responsabilidad de cada uno de sus hijos.

Cuba resucitará porque Dios así lo quiere y porque tú y yo lo queremos. Cuba está resucitando a través de quienes buscan el derecho y la justicia, de quienes se siguen lanzando a hacer el bien por encima de todo cansancio o pagando el precio de ser incomprendidos por esa decisión.

En verdad creo que “No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído”, pues lo nuestro es “obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch 5, 29). Y es que Dios ha impreso en nosotros la dignidad de hijos, hombres y mujeres libres, con capacidad para decidir sobre nuestra propia vida y para que no nos aplaste nadie.

Es opción nuestra Vivir o seguir muriendo. 

Feliz Pascua de Resurrección para todos.

S.Nadieska Almeida. H.C

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