He estado pensando… (LXIV)

Padre Alberto Reyes                                                

He estado pensando… (LXIV)

por Alberto Reyes Pías

He estado pensando en preguntas que haría como pueblo

 

¿Qué más quieres de mí, Revolución cubana? 

Me sedujiste, hace ya muchos años, me hipnotizaste con engaños, me cegaste con sueños de gozo, con promesas de libertad y de justicia. Y te creí, y me rendí a ti, y te lo entregué todo: juventud, esfuerzos, sacrificios, incluso a mi familia, a mis hijos.  Pero tú sólo mentías, y mientras me sonreías y me animabas con palabras de progreso, me fuiste despojando, lentamente, y me dejaste en la desnudez vergonzosa de mi presente roto: una vida en la mentira.

Me rompiste las alas, secuestraste mis sueños, apagaste mi mirada, condenaste mi futuro, prohibiste mis reclamos.

Me alejaste de Dios y secaste mi alma, y encendido en discursos de aparente altruismo, me animaste a la violencia, a la exclusión y al desprecio: una vida en el odio.

Pero yo fui despertando, entre mil resistencias, cercado por los miedos, acosado por la inevitable conciencia de mi indefensión, y protegido hasta donde podía por la doblez, por la simulación complaciente, por el espíritu introyectado de la esclavitud que auto somete: una vida de máscaras.

¿Y ahora qué, qué más quieres de mí?

¿Qué más cuando no tengo ya nada que ofrecerte sino pedazos de una vida que no es vida? 

Vivo entre ruinas, suciedad y miseria, agobiado por el alimento que escasea y por la salud que sin remedio se quiebra. Me circundan la incertidumbre, la soledad poblada del recuerdos de los que se fueron, y el miedo, el miedo a morir entre cadenas y el miedo a levantarme y romperlas; el miedo, que tan bien supiste tejer en mi alma, a base de violencia, de cárceles, de golpes, de delatores cómplices que viven también llenos de miedo.

¿Qué más quieres de mí, Revolución cubana?

Ahora que ya nadie cree en tus discursos, ahora que ya nadie te desea ni te ama, ahora cuando sales a la calle y tú también tienes miedo, porque no has dejado un solo aliado honesto y sabes que no puedes ya confiar en nadie, porque tanto nos enseñaste a ocultar la verdad con gestos cómplices, que ahora ni siquiera tú eres capaz de reconocer qué hay detrás de una sonrisa, detrás de una consigna de fidelidad. 

¿Qué más quieres de mí Revolución cubana, hasta dónde me vas a arrancar lo poco que me queda, para llevar tú una vida que tampoco es vida, porque tú también vives en la sospecha, en la alerta, en el cálculo, en la necesidad continua de castigo? Y eso, eso es cualquier cosa menos vida. 

Yo no sé qué más puedas tú querer de mí, pero yo sí sé qué quiero para mí: quiero mis sueños, quiero el brillo en mi mirada, quiero mis alas confiscadas, quiero poder decidir en mi presente y elegir los caminos del futuro. Quiero tus cadenas fuera de mi cuerpo y de mi alma. Y quiero abrazar al Dios que me robaste, él único que puede hacerme capaz, en libertad y al despedirte, de perdonarte.

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