El año 2026 ha conocido un nuevo curso sobre políticas migratorias en diferentes estados de América Latina, al prevalecer en los programas de gobierno de la región la instauración de políticas restrictivas a la permanencia de ciudadanos provenientes de otros países, convirtiendo a las fronteras en muros infranqueables ante una migración sobreviviente a dictaduras y a economías en ruinas.
Para los venezolanos no es nada nuevo reconocer el sombrío panorama a enfrentar, al sufrir las medidas migratorias que el gobierno norteamericano aplica desde 2025 con la suspensión del TPS a 650.000 compatriotas, y la consecutiva razzia de deportaciones que el gobierno usurpador del Rodrigato pretende adornar con el plan Vuelta a la Patria.
La onda expansiva de esta política se extiende notoriamente a la América Latina en el presente año, inicialmente en Chile donde residen aproximadamente 800.000 venezolanos, el presidente José Antonio Kast quien asumiera el poder el 11/03/2026, ha adoptado una postura de firmeza frente a la migración irregular, con un enfoque particular en los ciudadanos venezolanos, impulsando tanto llamados a la salida voluntaria como un acercamiento diplomático para facilitar expulsiones.
Posteriormente el gobierno de la derechista Keiko Fujimori quien asumió la presidencia de Perú el 28/07/2026 se sube a la ola antinmigración en Latinoamérica, sumándose a gobiernos como los de Chile, Ecuador, Colombia, al anunciar el 20/08/2026 el presidente del Consejo de ministros, Luis Galarreta, “un incremento significativo de operativos policiales y militares para detener y expulsar del país a inmigrantes en situación irregular, destacando el papel central que tendrán las Fuerzas Armadas en estas redadas contra los migrantes y en el control de las fronteras para impedir su ingreso”.
En esa dirección el gobierno del presidente de Ecuador Daniel Noboa ha endurecido los controles y modificado la política hacia la migración venezolana, pasando de ofrecer procesos temporales de amnistía a desmantelar los acuerdos bilaterales con el Decreto Ejecutivo 123 del 09/2025, un tratado bilateral que había permanecido vigente por 15 años.
Recientemente Abelardo de la Espriella quien tomó posesión el 07/08/2026 como nuevo presidente de Colombia declara el 24/08/2026 iniciar operaciones policiales para perseguir y deportar a los inmigrantes irregulares”. Aunque no lo dijo explícitamente, su anuncio afecta especialmente a los 2,8 millones de venezolanos que viven en Colombia, de los cuales 848.000 están en situación irregular y de esos 193.000 son niños, niñas y adolescentes.
En definitiva, con la excusa de señalar a los migrantes irregulares como delincuentes se estigmatiza a los migrantes al asegurar que son ilegales a pesar que han intentado regularizarse ante un sistema migratorio inoperante. Ese discurso ha existido en la región y se ha extendido en todo el mundo, no olvidemos que a los venezolanos se ha vinculado en EEUU a todos con el Tren de Aragua, visualizándonos como “criminales” como excusa para la campaña de deportaciones.
Cuando agregamos la condición agravada en nuestro país con el régimen que sigue en el poder, como también el doble terremoto del 24/06/2026 y las recientes inundaciones del fin de semana, en un contexto de un país en ruina económica y social, es mas que justificable extender la protección bajo las características de crisis humanitaria, determinando a todos estos gobiernos de tener un mínimo de sensibilidad, de solidaridad con una población golpeada debiendo restablecerse las medidas de permanencia, desde el TPS, asilo, parole, ante la evidente desgracia que sacude a la nación venezolana.
Hasta el momento, no ha habido reacción alguna ni cambio en las decisiones adoptadas por estos gobiernos, ni de los organismos Internacionales que se manifiesten contra las violaciones de los derechos humanos de los migrantes en general y específicamente contra la diáspora criolla.
Asumiendo una reflexión ancestral de como nuestro país fue un lugar acogedor sin condición alguna para migrantes de los cinco continentes provenientes de Europa, Asia por las calamitosas 2 guerras mundiales, en el caso de Colombia al registrarse en nuestra geografía mas de 3 millones de colombianos durante el siglo XX huyendo del conflicto armado de décadas y de la pobreza, de dictaduras como fue el caso de los chilenos con Pinochet. En fin, los barrios y urbanizaciones de ciudades en nuestro territorio reconocen la presencia de peruanos, bolivianos, ecuatorianos quienes visualizaban nuestro país como la tierra prometida donde existía riqueza y convivencia.
Pero mas asombroso aún es la tímida o nula respuesta de la oposición venezolana, domesticada o condicionada en el contexto del protectorado, es incapaz de plantarse frente a la administración norteamericana exigiendo el respeto y la consideración de la diáspora mediante el restablecimiento de las protecciones migratorias, su silencio considera al venezolano víctima de atropellos como un daño colateral.
Hay un viejo dicho que reza, en tiempo de calamidades es cuando se reconocen a los amigos, para nosotros los venezolanos la tragedia sufrida durante el siglo XXI, quedará plasmada en piedra para superarla, corregir los errores que levanten la nueva Venezuela próspera y en democracia.
Froián Barrios Nieves Movimiento Laborista
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