Rosario Murillo y Daniel Ortega han cancelado indefinidamente las elecciones en Nicaragua, en una movida antidemocrática. En respuesta, Estados Unidos, junto con otros países, ha impulsado una iniciativa crucial en un foro continental, instando a todos los cancilleres latinoamericanos a unirse para condenar el flagrante menosprecio de la dictadura nicaragüense por los principios democráticos.

Lula abraza a Ortega y lo defiende ante la OEA
Washington DC, Ago.10 (DPnet).— A excepción de Brasil, todos los miembros de la OEA se han unido para respaldar una decisión fundamental: convocar una Cumbre de ministros de Relaciones Exteriores de América Latina. Este encuentro tiene como objetivo condenar enérgicamente la suspensión injusta y definitiva de las elecciones en Nicaragua, una medida impuesta hace casi tres semanas por la dictadura liderada por Rosario Murillo y Daniel Ortega.
Esta crucial iniciativa diplomática, impulsada por Estados Unidos, Argentina, Costa Rica, Panamá y Paraguay, contó con el apoyo unánime de todos los miembros de la OEA, salvo Brasil. Tal respaldo mayoritario subraya la urgencia de la situación.
Ante los planes de Murillo y Ortega de llevar a cabo otro acto totalitario en Nicaragua el 1º de septiembre, este foro regional busca mantenerse firme frente a su régimen opresivo y defender los derechos humanos en América Latina. La opinión generalizada consiste en que es el momento de actuar: aseguremos que la democracia prevalezca en nuestra región.
Michael Kozak, reconocido diplomático del Departamento de Estado, reconoció en una declaración que: “Murillo y Ortega han encarcelado, torturado, silenciado, transnacionalizado y exiliado a los que consideraban como amenazas, expulsando a cientos de miles de nicaragüenses para que se fueran del país y recargando a su región de personas desplazadas. Esa dictadura también facilitó la inmigración masiva ilegal que amenazó la seguridad no solo de Estados Unidos, sino también de otros Estados miembros”. Y completó: “La situación de Nicaragua no es una cuestión solamente interna, sino que amenaza la paz y la seguridad en las Américas. ¿Cuánto más tiene que sufrir el pueblo nicaragüense antes que actuemos? No podemos dejar transcurrir otros cincuenta años".
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