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Reply: Cuba bajo asedio (II). Justificantes ambivalentes para implementar un cerco
Topic History of: Cuba bajo asedio (II). Justificantes ambivalentes para implementar un cerco
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¿Bajo qué bases o presupuestos puede justificarse un tipo de asedio como el que se ha impuesto a Cuba? El gobierno actual de la Casa Blanca esgrime varios. Injerencias de la contraparte cubana en los asuntos internos norteamericanos, el viejo conocido reclamo de propiedades intervenidas (norteamericanas y de nacionalizados de origen cubano), acoger a personas hostiles y criminales buscados por la justicia estadounidense, patrocinar el terrorismo, tráfico de drogas y personas, o constituir un peligro de desestabilizacion en la region, en particular Estados Unidos, son los principales argumentos. Justificaciones en las que la parte acusadora tiene en su haber una larga data cometiendo los mismos hechos que condena, en numerosos puntos del planeta, incluyendo al mismo país al que sanciona por esos delitos. Una historia que inició en 1898 y no ha parado hasta hoy, incluyendo acciones relativas a golpes de estado, invasiones, intervencionismo de todo tipo contra gobiernos democráticos y nacionalistas, o simplemente que han dejado de ser convenientes en un momento determinado. Mirando desde la distancia aquella Revolución del 33 que derrocó la llamada dictadura de Gerardo Machado en Cuba, resultan llamativas no pocas similitudes y paralelismos con revoluciones de colores o levantamientos primaverales patrocinados por agencias asentadas en territorio norteamericano, que Donald Trump prometió aniquilar si ganaba este segundo mandato. Por cierto, el mecenas de una de esas fundaciones filantrópicas recibió la
Medalla por la Libertad
de Estados Unidos en enero del 2025.
El propio presidente Trump ha retomado aquel viejo principio doctrinal conocido como Monroe actualizado mediante una variación sustitutiva con su apellido. Al final es el mismo principio y así lo dejó expresado en una frase lapidaria: “Hacemos lo que queremos en el hemisferio, porque pertenece a Estados Unidos.” Una intención hecha patente en la misma Venezuela, todavía bajo la égida chavista pero con sus recursos comprometidos con la potencia del Norte, y que reveló en otra declaración refiriéndose a Cuba sobre la que dijo tendría el honor de tomar y hacer lo quisiera con ella.
Todas las acusaciones y sanciones consecuentes llegan de la mano de una ley que tiene todas las tipificaciones del injerencismo y defiende reclamos discutibles desde el derecho internacional, provocando con su incidencia mayor
miseria
a la situación de la población cubana. La Ley Helms-Burton, aprobada en 1996 por la administración Clinton y puesta en práctica durante el primer mandato del presidente Trump, se erige como “una espada de Damocles” sobre la Isla, tal como describe un
artículo
de la agencia EFE publicado el pasado marzo. Las penalizaciones de sus regulaciones están enfocadas en el uso de instalaciones
aeroportuarias
como el puerto de
Mariel,
muelles en la bahía de La Habana o el aeropuerto José Martí, causando estragos en rubros importantes para la economía del país. Cabe cuestionar entonces sobre el concepto que protege la legalidad de propiedades, sea por compra, por favoritismo de regalos o adjudicaciones violatorias de la soberanía nacional en sitios ajenos, mientras que esas mismas acciones son consideran
inadmisibles
y hasta punibles por cuestiones de seguridad, cuando se intentan en la parte contraria, como ocurrió en 2006 con el polémico proyecto de vender zonas del puerto de Miami a Emiratos Árabes.
Sobre la acogida y amparo de personas poco recomendables y de trayectoria nada limpia se descubren varios casos en la parte sancionadora, documentados en materiales informativos de todo tipo. Algunas, acusadas de terrorismo y asesinatos, han terminado viviendo en Estados Unidos sin mayores consecuencias. Otras, que obtuvieron cobijo en otros lugares, lo hicieron contando con protección y anuencia como sucedió con el nazi
Klaus Barbie
o el criminal de guerra japonés
Shiro Ichi.
Algunos, llegaron a enfrentar la justicia humana ante la porfía de sus víctimas y otros la justicia divina sea por muerte natural en unos casos o en aparentes actos atribuibles a justicieros anónimos.
En la trata de personas entre tantos tráficos, no salta el régimen castrista como causa mayor del problema. Cuando las leyes establecidas por el gobierno de la Isla contribuyeron a guardar las fronteras costeras del vecino del norte persiguiendo escapes en lanchas furtivas, balsas y todo tipo de artilugios flotantes, imponiendo duras condenas a los implicados, el reclamo contra este proceder represivo que impedía las huidas ilegales abrió las puertas a la llamada ley de pie seco-mojados (1995), que en gran medida sirvió de incentivo a las salidas irregulares cubanas y de cierto modo incidió en los flujos migratorios incesantes hacia las fronteras norteamericanas. La mayoría de los organizadores y patrocinadores de esas caravanas estaban localizados en el país destino de los migrantes. No pocos de ellos enarbolaban el derecho a ser acogidos por escapar de regímenes igual o peor de represivos que el cubano, situaciones extremas de guerra y pobreza de toda índole, conflictos y estropicios provocados por Estados verdaderamente fallidos, latrocinios de grandes emporios y desastres naturales ante los que los damnificados no encontraban apoyo necesario, sino más bien expolios de sus recursos. Por el contrario en muchos casos su situación era aprovechada por los buitres humanos que le despojaron de lo poco que les quedaba. Ucranianos, haitianos, somalíes, afganos, ciudadanos de Bangladesh, entre numerosas nacionalidades de las más variopintas, superaron en número a cubanos y venezolanos reunidos frente a los límites fronterizos norteamericanos. Las evidencias de tráfico humano eran visibles en esas corrientes migratorias y sus secuelas continuaban en el interior estadounidense con agravantes tales como la trata de personas para explotación laboral y sexual.
De los problemas de la droga, terrorismo y espionaje tampoco corresponde a Cuba el protagonismo por el que se implementa el cerco aniquilador. Actos de gravedad tal como el derribo de las Torres Gemelas, los atentados de Boston o la epidemia de opioides, preludio de la actual crisis del fentanilo y similares, por citar algunos de los hechos más relevantes en materia de ese tipo, no tuvieron sus orígenes en la cercana isla caribeña. Estos actos se gestaron en escenarios lejanos considerados no pocos de ellos amistosos y aliados fiables. Por su parte la mayor crisis de droga que ha incidido de manera mortal en la sociedad norteamericana se adentra en prósperas industrias farmacéuticas asentadas en Estados Unidos que en su momento lucraron de manera irresponsable y criminal con sus productos, llevando la muerte física y espiritual a millones de hogares norteamericanos.
En asuntos de inteligencia tampoco Cuba destaca entre los más activos y
preocupantes
. Un caso emblemático fue el de
Jonathan Pollark
, considerado de los peores y más costoso en asuntos de espionaje y que recibió la benevolencia de la excarcelación en Estados Unidos. Indulgencia que se repite en otros hechos como la amnistía otorgada por la actual administración al ex presidente hondureño
Juan Orlando Hernández
, condenado por hechos relacionados al narcotráfico. Otro difícil de explicar fue la exoneración de un líder
terrorista sirio
, sobre el que pesaba orden de captura y una millonaria recompensa por acciones sangrientas (algunas fuentes le llamaban el “rebanador de cuellos”) y que terminó recibiendo los honores como presidente demócrata ejemplar. Decisiones contradictorias y condenables, difíciles de explicar y menos de sostener.
El discurso que coloca a Cuba como epicentro de agresiones y actos hostiles contra su vecino del Norte pierde credibilidad en el contraste de la realidad histórica, que hace insostenible ponerle el galardón destacado en acciones de esa materia. Desde que tengo uso de razón los hechos se suman en una lista que recoge atentados, sabotajes, ataques biológicos, como la fiebre porcina africana o eventos muy extraños con presencia de plagas y superplagas de todo tipo. Bombas en aviones, ataques piratas a barcos mercantes y atentados en instalaciones turísticas. Uno de los eventos mas recientes guarda relación con el misterio de los raros ruiditos que recibieron el nombre de la capital cubana, pero que se han verificado en otros lugares (Hanoi, Moscú, Viena o Bogotá) y que marcaron la entrada del primer mandato de Trump para colocar a Cuba en la lista de patrocinadores del terrorismo. Esto a pesar de que el 10 de enero del 2025 las
noticias
daban a conocer que la mayoría de las agencias de inteligencia estadounidenses descartaron la participación extranjera en el síndrome habanero. Justo cuando se produce la intervención en Caracas se revelan noticias sobre el estreno de cierta “
arma sónica
” de la que ya se venía hablando desde la presidencia de
Biden
, y de la que el presidente republicano se jactó públicamente. ¿Acaso existe alguna relación entre este destape con aquel secreto de Biden y los hechos de La Habana? Tampoco se pueden obviar incendios y explosiones de orígenes no aclarados que terminaron por causar daños irreparables en las reservas de petróleo cubana en
Cárdenas
, (algunos quisieron ver la mano del sabotaje doméstico pero en tiempos de drones nada es impensable), la explosión en un hotel emblemático en la capital cubana, la destrucción de almacenes en Mariel o un incendio en la
refinería
de La Habana. Hechos que en su mayoría se produjeron antes de la entronización presidencial de Trump y que quedaron abiertos como interrogantes sobre los hilos de una trama compleja y criminal que está fuera de la impronta del actual inquilino de la Casa Blanca, pero que de alguna manera pueden considerarse ligadas al panorama de la crisis que estamos viendo.