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Revolución y terror: preámbulo del Totalitarismo 28 Ene 2020 00:12 #11265

  • Gerardo E. Martínez-Solanas
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Lamento haber confiado en mi memoria cuando dije que «He matado a un hombre para salvar a cien mil» había sido una frase de Murat, siendo que en realidad fue dicha por Carlota Corday, una girondina que dio muerte a Marat por considerarlo responsable de muchos crímenes. De hecho, la crueldad que caracterizó esa época se refleja lo mismo si la expresión corresponde a uno u otra. Y claro está que, pese a la similitud del nombre, Marat y Murat son dos personajes distintos y cometí un error tipográfico al poner u en lugar de a. Pero de todos modos es justo reconocer que no fue Marat el autor de la frase sino su ejecutora.

Mi memoria apuntó a Marat porque aunque el Reino del Terror comenzó el 5 de septiembre de 1793, es un hecho histórico que Jean-Paul Marat tomo parte en las matanzas de septiembre de 1792 (un año antes) a raíz de su regreso a París, procedente de Londres. Acto seguido fue electo miembro de la Convención y de la Comuna de París y se convirtió en feroz enemigo de los girondinos.

Abelardo alega que "la razón del Terror fue contra los partidarios del antiguo régimen", es decir, el clero refractario, los aristócratas y los "contrarrevolucionarios". Pero estos "contrarrevolucionarios" no eran necesariamente partidarios del antiguo régimen sino que, en su mayoría, eran girondinos. Lo mismo pasaría con los mencheviques "contrarrevolucionarios" en Rusia o con el gobierno "contrarrevolucionario" abatido por Fidel Castro entre 1959 y 1960 en Cuba. Porque desde esos aciagos años del siglo XVIII se les endilga el calificativo de "contrarrevolucionario" a cuantos discrepan de quienes se convierten por la fuerza en caudillos, führers o máximos líderes de la Revolución.

Además, Marat abogó por el establecimiento de una dictadura, no de una democracia, lo cual impulsó a los girondinos a iniciarle una causa ante un tribunal revolucionario que fracasó, la cual resultó en el comienzo de la caída y ulterior represión contra ellos, dirigida por Robespierre y apoyada por Marat.

Pero aquí no terminó el Terror sino que siguió otro régimen represivo al cual algunos califican como "el Terror Blanco", plagado a su vez de ejecuciones de jacobinos. De hecho, el Directorio se apoyó en un ejército revolucionario para aplastar a cuantos se le opusieran, dando lugar a una serie de golpes de Estado orquestados por el propio gobierno para destruir las tendencias que amenazaran su capacidad de acción. Así desembocarían en el "golpe de Brumario" encabezado por Napoleón en 1799.

Luego no estaba fuera de lugar que dijera, pese a la crítica de Abelardo, que: "Fue un proceso gradual aunque rápido desde los Estados Generales a la Asamblea Nacional, de esta a la Constituyente, a la Convención, al Directorio...”, hasta que Napoleón apagó la feroz crueldad revolucionaria para convertirse a su vez en caudillo de Francia y coronarse finalmente Emperador, en un sistema de gobierno que se apartó del totalitarismo y fue promotor del famoso Código Napoleónico, el cual, si la memoria no me vuelve a fallar, todavía está vigente en la República Francesa, aunque, claro está, con numerosas reformas producto del paso del tiempo y de la evolución democrática de ese país.

En cuanto a la Pentarquía que menciona Abelardo refiriéndose a los cinco "directores" del Directorio, fue copiada en la revolución del 33 en Cuba por la influencia que alcanzaron los comunistas por un breve período tras la caída del dictador Machado. Por los hechos, aquella Pentarquía francesa fue tan "democrática" como otras "democracias populares" de las que tenemos tan malos recuerdos. En otras palabras, la "democracia" de las masas desenfrenadas que siembra las semillas del totalitarismo.

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Revolución y terror: preámbulo del Totalitarismo 27 Ene 2020 13:19 #11263

Algunas consideraciones para aclarar, precisar y refutar ciertas ideas de Gerardo

Nuestro amigo nos dice, con razón, que El Terror:
[“comenzó el 5 de septiembre de 1793 cuando la Convención votó a favor de instrumentar medidas de terror para reprimir las actividades "contrarrevolucionarias".]
Pero no nos dice cuando acabó.
El lector que no tenga ciertos conocimientos de Historia se puede imaginar que durante largos años Francia vivió bajo el Terror revolucionario.
Aquel horroroso período de la historia terminó en julio de 1794 con la caída de Robespierre.

Gerardo afirma: “Fue el exterminio genocida de la oposición, alegando que se hacía en nombre de la razón, como ha sucedido tantas veces en los albores de los regímenes totalitarios con esa o cualquier otra consigna.”

La razón del Terror fue la lucha contra los partidarios del antiguo régimen sostenidos por las poderosas monarquías vecinas; “contrarrevolucionarios”, “sacerdotes refractarios”, “aristócratas” y otros muchos.
En ningún momento Robespierre dijo que se hacía en nombre de la razón; “Terror sí, sin el cual la Revolución va a ser destruida, pero Virtud, sin la cual el Terror es infame”.

Que quede claro que yo, personalmente, no defiendo ni defenderé nunca el Terror. Sólo me limito a explicar las cosas.

Gerardo escribe: “El Terror, que se llevó por delante a 40.000 almas, se justificó en términos prácticos. «He matado a un hombre para salvar a cien mil», diría Murat con un pleno convencimiento de que actuaba movido por la razón”

Murat, Mariscal de Imperio, cuñado de Napoleón Bonaparte jamás dijo eso.
Quien lo dijo fue Marie Anne CHARLOTTE CORDAY d’Armont, joven aristócrata normanda quien gracias a contactos e influencias logró llegar hasta la famosa bañadera con agua sulfurosa donde estaba el sanguinario Jean-Paul MARAT para aliviar los dolores de su eczema y allí lo apuñaló.
También gritó antes de su ejecución: “¡Libertad! ¡Cuántos crímenes se cometen en tu nombre!” La RAZÓN pues, no tiene nada que ver con esto.

La descristianización, a la cual Robespierre, Desmoulins y otros revolucionarios importantes se oponían, fue sobre todo obra de Jacques-René HÉBERT y de sus amigos girondinos los “rabiosos”.

En varios puntos es de lamentar que Gerardo y yo no sólo no coincidamos con la interpretación de algunos hechos sino con los hechos mismos relativos a la historia de la Revolución Francesa. Gerardo escribe:
aquella Revolución no logró cristalizar en un régimen totalitario gracias al ascenso de Bonaparte al poder” y también: “Fue un proceso gradual aunque rápido desde los Estados Generales a la Asamblea Nacional, de esta a la Constituyente, a la Convención, al Directorio...”
Hay aquí, a mi parecer, una contradicción pues caído que hubo Maximiliano de Robespierre, el Directorio Revolucionario puso fin a la época del Terror y con sus cinco “directores” (de donde saca el nombre de directorio) estableció una forma “democrática” de gobierno de la cual la Revolución nunca hubiera debido apartarse, volviendo así a su origen; creando dos cámaras que darían lugar a la actual Asamblea Nacional y al Senado, decretó el voto censitario, la libertad del culto, se abrieron las iglesias y la reacción de la llegada de la Libertad dio origen a las modas estrambóticas de los “Increíbles” y las “Maravillosas” entre otras cosas así como el estilo Directorio en los muebles …Fue el golpe de estado preparado por Siéyès quien instauró el Consulado en el que destacó la figura de Napoleón Bonaparte, futuro ¡Emperador de la República Francesa!

A mi parecer el Terror no es el preámbulo al Totalitarismo.
El Terror se instala cuando ya la Revolución ha tomado una forma totalitaria.
Por otra parte, se pueden encontrar relaciones entre el fascismo, el nazismo, el comunismo, el castrismo, etc. Pero decir que son “hijos legítimos” de la Revolución Francesa me parece grotesco.
Hay además entre todos estos movimientos muy grandes diferencias; el nazismo, por ejemplo, proclama una “raza” superior que el castrismo nunca aceptó; el comunismo no acepta la propiedad privada de los medios de producción y el fascismo sí, etc., etc.…

Habría mucho más que decir, en particular sobre las citas de JJ Rousseau, pero como decía Auguste Comte: “No lo digamos todo y terminaremos más temprano”

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Revolución y terror: preámbulo del Totalitarismo 04 Dic 2019 22:49 #11215

  • Gerardo E. Martínez-Solanas
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El "Reino del Terror[/color]", como se ha conocido al período más violento y cruel de la Revolución Francesa, comenzó el 5 de septiembre de 1793 cuando la Convención votó a favor de instrumentar medidas de terror para reprimir las actividades "contrarrevolucionarias". Es un episodio de arrolladora eliminación de toda oposición que se repitiría en diversas ocasiones en la historia más reciente como preámbulo a la entronización de los regímenes totalitarios.

Es notable que mientras esto ocurría, en octubre de 1793, Nicolas de Cariat, Marqués de Condorcet, terminaba su obra "Bosquejo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano", en el que describía las fases por las que pasaría el ineludible progreso del hombre hasta su culminación. Mientras escribía, se acumulaban los cadáveres en pleno Terror revolucionario. Sin embargo, su título de nobleza bastó para que tuviera que esconderse para salvarse de la guillotina, pese a su fama, proclamada por Voltaire como "filósofo universal", y a que al estallar la Revolución había tenido un papel protagonista predicando una reconstrucción racionalista de la sociedad.

De hecho, tras la toma de la Bastilla, fue elegido para el Consejo Municipal de París y en 1791 fue representante de París en la Asamblea. Pero como en todas las revoluciones que desembocan en el totalitarismo, estos revolucionarios idealistas de la primera etapa acaban siendo eliminados. Condorcet, como muchos otros idealistas de entonces, fue apresado y murió en su celda el 29 de marzo de 1794. La mayoría de ellos fueron ajusticiados.

Jean Jacques Rousseau fue otro precuror de la Revolución Francesa, quizás el más famoso, y la lectura tradicional de su obra lo sitúa como uno de los padres de la democracia moderna. No obstante, hay que leer entre líneas y ver las consecuencias de El Contrato Social, que abren la puerta a la posibilidad de que sirva para propiciar la tendencia totalitaria: «Para que el pacto social no sea un formulario vano, implica tácitamente el compromiso, único que puede dar fuerza a los otros, de que el que se niegue a obedecer a la voluntad general será obligado a ello por todo el cuerpo».– Rousseau, El Contrato Social, Libro. I, Cap. VII. «La censura sostiene las costumbres impidiendo que las opiniones se corrompan, conservando su rectitud por medio de sabias aplicaciones y, algunas veces, fijándolas cuando son aún inciertas».– Libro IV, Cap. VII ... Y así podemos encontrar muchos otros ejemplos preocupantes en su obra magna.

La Revolución Francesa comenzó con la convocatoria de una institución tradicional, la de los Estados Generales, y terminó decapitando al rey y otros tantos miles de ciudadanos. Fue el exterminio genocida de la oposición, alegando que se hacía en nombre de la razón, como ha sucedido tantas veces en los albores de los regímenes totalitarios con esa o cualquier otra consigna. El poder, incluso el poder absolutista de la monarquía, estaba parcialmente limitado por la tradición y por unos consensos básicos. Liberado de toda tradición, repudiado todo consenso en nombre de la razón, el poder se encontró sin oposición alguna. Fue un proceso gradual aunque rápido desde los Estados Generales a la Asamblea Nacional, de esta a la Constituyente, a la Convención, al Directorio...

La religión formaba parte de esa tradición y de ese consenso y ejercía cierto freno al absolutismo. Podría haberlo ejercido también si hubiera tenido oportunidad de enfrentar la tendencia a dominar por el terror. Pero no fue así, porque en noviembre de 1793 se decidió eliminar radicalmente ese freno y se inició un violento intento de descristianizar Francia como primer paso hacia el poder total. El Terror, que se llevó por delante a 40.000 almas, se justificó en términos prácticos. «He matado a un hombre para salvar a cien mil», diría Murat con un pleno convencimiento de que actuaba movido por la razón. El Estado de derecho se tiraba por la borda en aras de la Revolución.

Aunque hay notables diferencias y aunque aquella Revolución no logró cristalizar en un régimen totalitario gracias al ascenso de Bonaparte al poder, pueden señalarse algunos paralelismos con el nazismo, el comunismo y el castrismo como hijos legítimos de aquella Revolución y de su Reino del Terror. También tendrá que considerarse que en todos esos casos el pueblo, convertido en masa manipulada por sus líderes, se erige como dueño de su destino y sus líderes justifican la represión en su nombre y se adueñan entonces de un poder que no acepta oposición. Hacen un astuto uso político de los instintos del populacho, proclamando que están dando paso a la era de la razón.

Los líderes mesiánicos de hoy aprendieron bien aquellas lecciones. Unos papeles confiscados a Robespierre recogían consignas para los jacobinos que decían: «Es necesario que el pueblo se alíe a la Convención y la Convención al pueblo. Es necesario procurarles armas, encolerizarlos, esclarecerlos». Y, por supuesto, una vez obtenido el poder total, proceder después a sojuzgarlo. Así se ha repetido ese proceso a través de la historia de los dos últimos siglos hasta nuestros días.

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