El fantasma del Maine regresa en su aniversario
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El fantasma del Maine regresa en su aniversario
23 Feb 2026 23:55
El pasado 15 de febrero se cumplieron 128 años de la explosión y hundimiento del acorazado
Maine
en la bahía de La Habana. El aniversario, inadvertido en las noticias tal vez por no tratarse de una conmemoración redonda, estuvo enmarcado por un ambiente particular donde el suceso ocurrido en 1898 cobró plena vigencia. La tragedia, en la que murieron 266 tripulantes del navío de guerra estadounidense, ha dividido por décadas a especialistas e historiadores, empeñados en esclarecer si se trató de un hecho accidental o de un
acto deliberado
de falsa bandera. El devenir de la Historia parece dar razones a quienes defienden la segunda teoría. Ella explicaría la manera en que una visita amistosa terminó convirtiéndose en pretexto para iniciar el conflicto conocido como la guerra Hispano americana (algunas fuentes le agregan la parte cubana) que resultó letal para un imperio decadente que en tiempos de su máximo esplendor se ufanaba de tener una extensión colonial en la que el Sol nunca se ocultaba. El golpe norteamericano, además de dejar a España en una situación militar ruinosa, le arrebató las últimas joyas de su Corona. La parte española tuvo que ceder a los vencedores Cuba, sumida en una larga y cruenta guerra de independencia con la metrópoli, Puerto Rico y Filipinas. De todas estas la más lamentada por los peninsulares fue la mayor de las Antillas. Todavía en estos tiempos sobrevive el dicho “más se perdió en Cuba”, frase popular surgida a partir de aquel conflicto y que se aplica a modo de resignación ante situaciones adversas.
El hundimiento del Maine frente a costas cubanas puso sello de identidad a la conocida doctrina proteccionista lanzada por el presidente norteamericano James Monroe contra el dominio europeo y en particular al relanzamiento que hiciera a principios del siglo XX el presidente Theodore Roosevelt, quien confirió al “América para los americanos” un carácter abiertamente intervencionista. A poco más de un siglo de aquella nueva definición hecha por el presidente Roosevelt, la idea es retomada por el actual inquilino de la Casa Blanca, no solo para reafirmar las prerrogativas de un injerencismo rampante en los asuntos de otros estados, más allá de los regímenes que los gobiernen, sino para expresar abiertamente el derecho que le asiste sobre el control de recursos, comercio y destino de esos países, en particular los que forman parte del vecindario, para bien de los americanos, entendido el gentilicio como una exclusividad de los que viven entre la fronteras de Canadá y México. De esta manera el presidente Trump retoma el viejo concepto en una readaptación a la época donde los terrenos y recursos ajenos son descritos como “propios”. La fórmula, que en sus orígenes no tenía esa intencionalidad imperialista, ahora es rebautizada con la marca particular de su gestor y pasa a las crónicas como doctrina “Donroe”, para gloria del reformador que recupera ese derecho “manifiesto” entregado (no se sabe por quién) a la nación Norteamericana a decidir en nombre de sus políticos, pero sobre todo de los grandes intereses económicos, la forma en que debe funcionar el resto del mundo, sobre todo el que se encuentra en su patio trasero. Sería curioso saber cuánto obtendrían de ese beneficioso privilegio los americanos de clase humilde; nativos originarios desplazados por corrientes migratorias provenientes de todos los rincones del planeta - europeos mayoritariamente- y los descendientes de aquellas migraciones pretéritas y las que fueron forzadas por la esclavitud. Pero para ser justos, la intencionalidad de Trump no debe ser imputada exclusivamente a su persona. Este esfuerzo se viene produciendo bajo variados matices y disfraces en anteriores administraciones de ambos partidos, en una larga lista que incluye diferentes escenarios. En el caso del presidente Trump hay que reconocerle al menos franqueza a la hora de hablar abiertamente y sin tapujos del propósito que lo anima, dejando en claro que aquí lo que menos importa es la democracia, ni las libertades y menos los derechos. Se trata de recursos y poder. -” Petróleo Lindsay, petróleo!”, fue la frase elocuente con la que Trump interrumpió la perorata del republicano Lindsay Graham tratando de acomodar la captura de Maduro y los sucesos posteriores a la búsqueda del bien democrático y garantías de valores universales de derechos humanos para Venezuela.
Los hechos que se fueron verificando en el escenario venezolano a partir del último mes del 2025, ahora se nos muestran como un plan elaborado, no para devolver la democracia a la nación sudamericana, sino para revertir el proceso chavista y de una manera perversa hacerse de sus riquezas, el petróleo fundamentalmente, referido este recurso como una propiedad legítima de intereses foráneos. Aunque la intencionalidad se revelaba no muy clara en un principio, ya se vaticinaba que el próximo paso de la escalada sería Cuba , dependiente del recurso energético que antes recibía de la extinta Unión Soviética y que por décadas le permitió mantener cierta independencia respecto al vecino norteño, sorteando los inconvenientes del embargo impuesto en febrero (nueva coincidencia en hechos y fechas) de 1962. En el caso que preocupa por razones diferentes y hasta coincidentes, si antes resultaba discutible designar de bloqueo a las medidas restrictivas norteamericanas para justificar deficiencias internas y proyectos irracionales que incidían negativamente en la economía interna, el giro dado por la actual administración hace difícil negar la puesta en práctica de un mecanismo de asedio duro y puro que sin disfraces ni disimulos busca llevar a los extremos a quienes viven en la Isla, muy a pesar de que se diga que la diana está puesta sobre los que gobiernan. Se trata más bien de acrecentar las vicisitudes de una economía aquejada por serios problemas y carencias, para de alguna manera doblegar al régimen, bien a través de un estallido social impelido por la desesperación, o mediante una movida que conlleve a la caída del poder con el auxilio de sectores afines que en un momento de extrema gravedad opten por escindirse y colaborar por el “cambio” que se espera desde la otra orilla.
La metodología del caos no es una novedad y de hecho su puesta en práctica se constata en diferentes ámbitos y momentos. Es el cuadro que precedió a las manifestaciones del 11 de julio del 2021 en medio de un panorama enrarecido que tenía como antecedentes unos inexplicables ruidos consulares, promotores del choque temprano con la primera estancia de Trump en la Casa Blanca, pero verificados poco antes de su victoria presidencial. A esto habría que añadir una serie de incidentes que han ayudado a agudizar la situación haciendo que sea cada vez más crítica. Inclusión en listas negras (patrocinio terrorista y persecusión religiosa), mantenidas por Biden, las secuelas de los efectos del Covid 19, incendios y explosiones producidos en momentos límites, la irrupción reciente de un tropel de multi virus aparecidos de golpe en circunstancias favorables para su propagación por un sistema higiénico en franco deterioro, pero que extrañamente no inciden en sitios geográficamente cercanos donde carencias, miseria y calamidades ocurren de igual o peor manera. Con variantes pero propósitos parecidos, la regla fue aplicada en la Guatemala de Arbenz, al Chile de Allende y casi veinte años después a quien lo depuso, cuando algunos “descubrieron” que el General, en su momento aliado en la lucha anti comunista, era un inconveniente dictador represivo que no respetaba derechos y democracia. Chantajes económicos y cierres aislacionistas de diferentes tipos a escala global es el patrón aplicado de manera indistinta al Irán del premier Mosaddegh, cuyo pecado no fue el comunismo sino el proceso de nacionalización petrolera que decidió emprender en su país. Años después se repitió con su sucesor, el Sha Reza Pahlevi, sacado del trono por una revolución alimentada desde Occidente, que dio el visto bueno a la entronización del ayatolá Jomeini, llevado en andas a Teherán desde París, ciudad en la que el clérigo tenía establecido el cuartel general desde el que dirigió el terremoto político que lo llevó al poder en 1979. Un escenario que se versiona en recientes revueltas atizadas por una crisis insuflada en gran medida por sanciones y acciones foráneas dirigidas a derrocar a los herederos del extinto líder religioso ( Despegamos del Programa la Voz con Cesar Vidal y Lorenzo Ramírez 13/01/26 ).
Sancionar para sembrar caos es un esquema repetido de manera recurrente en Siria, Etiopía, Iraq e incluso contra potencias como Rusia. Las consecuencias que provocan acciones de este tipo y la postura de los que las apoyan han quedado reflejadas en las noticias de mujeres sirias con cáncer de mamas sin acceso a medicamentos para su tratamiento o millones de personas amenazadas de morir por hambre en Yemen , Somalia , Sudán e Iraq, entre muchos ejemplos. De las imágenes horribles que se derivan y de los que se retratan apoyando esas políticas, trascendió una entrevista a la desaparecida Madeleine Albright , quien ante la pregunta de una periodista sobre si había valido la pena el medio millón de niños iraquíes que sufrieron hambruna mortal por sanciones impuestas, la Secretaria de Estado en la administración Clinton respondió con una frialdad pasmosa de manera positiva: -"Si, valió la pena". Una respuesta criminal e inhumana dada por la defensora de los bombardeos de la OTAN contra Yugoeslavia, hecho que los medios populares bautizaron como “la guerra de Madelaine”.
Las palabras de Trump sobre la supervivencia de Cuba y las sanciones decretadas contra quien venda algún producto a la nación caribeña, revelan el objetivo de la ofensiva. Y no se trata solo del petróleo. Congresistas de la Florida y seguidores abogan por aplicar restricciones de todo tipo. Suspensión de vuelos (algo que ha impuesto la misma falta de combustible), de remesas familiares, turismo y presiones de todo tipo contra países del área que mantengan tratados con Cuba, incluyendo los de colaboración médica y planes de estudios en esa rama, como ocurrió con el gobierno de Santa Lucía sometido a la exigencia de prohibir a sus nacionales estudiar la carrera en universidades cubanas. A lo anterior se suma la apuesta por el tan anhelado golpe militar que solicitan contra su propia tierra muchos de los llamados exiliados. En el paroxismo de esta situación destacan expresiones que reclaman el “ derecho a la intromisión ” en apoyo al cerco económico e incluso la agresión militar. Un derecho que se esgrime como privilegio que asiste a la parte que lo reivindica, considerado inaceptable cuando se argumenta desde frentes opuestos.
La amoralidad de estas actitudes y pretensiones radica en que los reclamos sean hechos desde ámbitos donde la comodidad y seguridad personal de los que se pronuncian están garantizados por estar fuera del punto que soporta la crisis, con el añadido de que no pocas de las voces radicales, llegadas a la diáspora cubana por diferentes vías, muy anti castristas, anticomunistas y patrióticas desde este lado de la orilla, cuando estaban en la otra parte jamás hicieron un gesto de desafío, siquiera crítico, hacia el sistema y menos todavía de apoyo a los que allí se expresaban abiertamente para disentir. Alguno ha llegado a difundir a través de las redes su satisfacción al ver lo “lindo que se ve el panorama cubano” rodeado de barcos militares y sanciones. Lo hizo una especie de payaso con bastante fama en la televisión de la Isla y que más tarde contó con ese aval para hacerse de un espacio efímero en la televisión local de Miami. Si condenable fue la actuación de los directivos de Hamas, en buena medida responsables de la situación que hoy enluta a Gaza, justo es reconocer que la mayoría de ellos se mantuvieron en el sitio y terminaron pagando con sus vidas y las de sus familiares el coste de lo sucedido el 7 de octubre. Y llegado a este punto en el que algunos buscan paralelismo entre la imagen del territoro palestino en franca destruccion, y lo que ocurre en Cuba con el futuro que se avizora, resulta sano puntualizar entre lo que no pocos acusan como acto genocida por parte de Israel y el panorama cubano, salvando la diferencia en algunos puntos que puedan indicar coincdencias. Una pudiera ser la justificación que se usa -justicia, escarmiento,libertad- que ambos casos apuesta por la destrucción moral y material de un sitio que quedará disponible para ser troceado a gusto de los que buscarán obtener ganancias a costa de una población cuyos derechos, libertades y bienestar les importa poco. Creer lo contrario es lo más parecido a la ingenuidad de los que aseguran que en esa Gaza levantada de las ruinas, con rascacielos imponentes, deslumbrante en el diseño de imaginarias luces de neón y colmada de negocios o edificaciones hoteleras (por cierto los terrenos ya estaban en oferta desde inicios de la guerra), habrá lugar para los desplazados por el conflicto, los que han perdido hogar, trabajo y familias enteras. Es el paralelismo ilusorio que sirve para Cuba o cualquier nación sumida en similares circunstancias.
En este contexto llama la atención el silencio o la respuesta evasiva de un mundo aquejado por la falta de empatía y la ausencia de respuestas efectivas con los que sufren. Ocurre en cualquier parte de ese mundo sumido en situaciones conflictivas, creadas o forzadas. Se suceden manifestaciones poco claras de quienes parecen estar de acuerdo de alguna manera en este nuevo reparto global o el silencio de organizaciones internacionales y partidos políticos que se describen de izquierdas y pacifistas. Como detalle curioso en el caso de Cuba destaca la actitud del actual gobierno del PSOE, que de manera medrosa comprometió el envío de una ayuda limitada a través de las Naciones Unidas, con la actitud de Francisco Franco. El dictador anti comunista y “facha” mantuvo por años una línea de comercio favorable hacia la Isla a despecho del embargo decretado por Washington. Igual resulta notoria la debilidad de instituciones como la ONU y sus ramales (UNESCO y la OMS) limitados en su inoperancia a lanzar llamados y manifestar preocupación , frente a la urgencia que demanda un esfuerzo real que ponga fin e impida estas situaciones. En el caso de Cuba una vez más México salva la honrilla.
No debe causar extrañeza la ausencia de acciones concretas para evitar o siquiera parar, la amenaza que se cierne sobre vidas anónimas de tantos inocentes, a pesar de las denuncias y notificaciones de los efectos causados por sanciones y bloqueos. Quizás se pueda entender cuando se conoce sobre tanta alimaña carroñera que se alimenta gracias a esas situaciones caóticas, a cuya costa se embolsan ganancias obtenidas mediante componendas y desvíos de recursos destinados en principio a aliviar la miseria de las víctimas, como muestran los casos de corrupción verificados en el mismo seno de la ONU en diferentes situaciones de conflictos y catástrofes naturales. Ocurrió y ocurre en Haití, Nueva Guinea y Afganistán , por citar algunos ejemplos. En Youtube aún pueden verse materiales que exponen la corruptela que significó el programa “petróleo por comida” (Oil for Food) implementado para solventar la falta de insumos vitales en Irak, sancionado por el alto organismo internacional cuando el régimen de Sadam Hussein invadió Kuwait. El hecho más reciente donde se refleja esta falta de escrúpulos que plaga organismos y gobiernos, apareció reflejado en un reciente artículo de EFE, destacando la penuria que pesa sobre la población gazatí afectada por los altos precios de alimentos disponibles en la Franja, reconociendo que hay comida pero pocos pueden permitirse el lujo de comprarla. La pregunta obligada es sobre la manera en que la ayuda humanitaria enviada supuestamente para la población aquejada por el horror y las penurias derivadas de la guerra, se convierta en un recurso inaccesible por su alto costo.
En medio de un panorama difícil y complejo para los cubanos conviene recuperar en su completo sentido el ideal expresado por Felix Varela, sacerdote católico y padre de la nacionalidad cubana, cuando plasmó el deseo de una Cuba que se mantuviera siempre tan isla en lo político como en lo geográfico. Cabe recordar por igual las palabras y actitudes de Oswaldo Payá Sardiñas, otro cubano insigne, comprometido con su pueblo hasta la muerte , quien nunca estuvo de acuerdo con sanciones ni injerencias. Cubano íntegro que rechazó aceptar sugerencias externas y el chantaje que deriva en la compra de voluntades mediante la dádiva de recursos, premios y reconocimientos, y que en todo momento mantuvo una postura digna frente a intereses que trataban de influir en el proceso nacionalista abanderado por el Movimiento Cristiano Liberación. Conviene recordar todo esto cuando viejos e indeseables fantasmas emergen frente a las costas cubanas.
El hundimiento del Maine frente a costas cubanas puso sello de identidad a la conocida doctrina proteccionista lanzada por el presidente norteamericano James Monroe contra el dominio europeo y en particular al relanzamiento que hiciera a principios del siglo XX el presidente Theodore Roosevelt, quien confirió al “América para los americanos” un carácter abiertamente intervencionista. A poco más de un siglo de aquella nueva definición hecha por el presidente Roosevelt, la idea es retomada por el actual inquilino de la Casa Blanca, no solo para reafirmar las prerrogativas de un injerencismo rampante en los asuntos de otros estados, más allá de los regímenes que los gobiernen, sino para expresar abiertamente el derecho que le asiste sobre el control de recursos, comercio y destino de esos países, en particular los que forman parte del vecindario, para bien de los americanos, entendido el gentilicio como una exclusividad de los que viven entre la fronteras de Canadá y México. De esta manera el presidente Trump retoma el viejo concepto en una readaptación a la época donde los terrenos y recursos ajenos son descritos como “propios”. La fórmula, que en sus orígenes no tenía esa intencionalidad imperialista, ahora es rebautizada con la marca particular de su gestor y pasa a las crónicas como doctrina “Donroe”, para gloria del reformador que recupera ese derecho “manifiesto” entregado (no se sabe por quién) a la nación Norteamericana a decidir en nombre de sus políticos, pero sobre todo de los grandes intereses económicos, la forma en que debe funcionar el resto del mundo, sobre todo el que se encuentra en su patio trasero. Sería curioso saber cuánto obtendrían de ese beneficioso privilegio los americanos de clase humilde; nativos originarios desplazados por corrientes migratorias provenientes de todos los rincones del planeta - europeos mayoritariamente- y los descendientes de aquellas migraciones pretéritas y las que fueron forzadas por la esclavitud. Pero para ser justos, la intencionalidad de Trump no debe ser imputada exclusivamente a su persona. Este esfuerzo se viene produciendo bajo variados matices y disfraces en anteriores administraciones de ambos partidos, en una larga lista que incluye diferentes escenarios. En el caso del presidente Trump hay que reconocerle al menos franqueza a la hora de hablar abiertamente y sin tapujos del propósito que lo anima, dejando en claro que aquí lo que menos importa es la democracia, ni las libertades y menos los derechos. Se trata de recursos y poder. -” Petróleo Lindsay, petróleo!”, fue la frase elocuente con la que Trump interrumpió la perorata del republicano Lindsay Graham tratando de acomodar la captura de Maduro y los sucesos posteriores a la búsqueda del bien democrático y garantías de valores universales de derechos humanos para Venezuela.
Los hechos que se fueron verificando en el escenario venezolano a partir del último mes del 2025, ahora se nos muestran como un plan elaborado, no para devolver la democracia a la nación sudamericana, sino para revertir el proceso chavista y de una manera perversa hacerse de sus riquezas, el petróleo fundamentalmente, referido este recurso como una propiedad legítima de intereses foráneos. Aunque la intencionalidad se revelaba no muy clara en un principio, ya se vaticinaba que el próximo paso de la escalada sería Cuba , dependiente del recurso energético que antes recibía de la extinta Unión Soviética y que por décadas le permitió mantener cierta independencia respecto al vecino norteño, sorteando los inconvenientes del embargo impuesto en febrero (nueva coincidencia en hechos y fechas) de 1962. En el caso que preocupa por razones diferentes y hasta coincidentes, si antes resultaba discutible designar de bloqueo a las medidas restrictivas norteamericanas para justificar deficiencias internas y proyectos irracionales que incidían negativamente en la economía interna, el giro dado por la actual administración hace difícil negar la puesta en práctica de un mecanismo de asedio duro y puro que sin disfraces ni disimulos busca llevar a los extremos a quienes viven en la Isla, muy a pesar de que se diga que la diana está puesta sobre los que gobiernan. Se trata más bien de acrecentar las vicisitudes de una economía aquejada por serios problemas y carencias, para de alguna manera doblegar al régimen, bien a través de un estallido social impelido por la desesperación, o mediante una movida que conlleve a la caída del poder con el auxilio de sectores afines que en un momento de extrema gravedad opten por escindirse y colaborar por el “cambio” que se espera desde la otra orilla.
La metodología del caos no es una novedad y de hecho su puesta en práctica se constata en diferentes ámbitos y momentos. Es el cuadro que precedió a las manifestaciones del 11 de julio del 2021 en medio de un panorama enrarecido que tenía como antecedentes unos inexplicables ruidos consulares, promotores del choque temprano con la primera estancia de Trump en la Casa Blanca, pero verificados poco antes de su victoria presidencial. A esto habría que añadir una serie de incidentes que han ayudado a agudizar la situación haciendo que sea cada vez más crítica. Inclusión en listas negras (patrocinio terrorista y persecusión religiosa), mantenidas por Biden, las secuelas de los efectos del Covid 19, incendios y explosiones producidos en momentos límites, la irrupción reciente de un tropel de multi virus aparecidos de golpe en circunstancias favorables para su propagación por un sistema higiénico en franco deterioro, pero que extrañamente no inciden en sitios geográficamente cercanos donde carencias, miseria y calamidades ocurren de igual o peor manera. Con variantes pero propósitos parecidos, la regla fue aplicada en la Guatemala de Arbenz, al Chile de Allende y casi veinte años después a quien lo depuso, cuando algunos “descubrieron” que el General, en su momento aliado en la lucha anti comunista, era un inconveniente dictador represivo que no respetaba derechos y democracia. Chantajes económicos y cierres aislacionistas de diferentes tipos a escala global es el patrón aplicado de manera indistinta al Irán del premier Mosaddegh, cuyo pecado no fue el comunismo sino el proceso de nacionalización petrolera que decidió emprender en su país. Años después se repitió con su sucesor, el Sha Reza Pahlevi, sacado del trono por una revolución alimentada desde Occidente, que dio el visto bueno a la entronización del ayatolá Jomeini, llevado en andas a Teherán desde París, ciudad en la que el clérigo tenía establecido el cuartel general desde el que dirigió el terremoto político que lo llevó al poder en 1979. Un escenario que se versiona en recientes revueltas atizadas por una crisis insuflada en gran medida por sanciones y acciones foráneas dirigidas a derrocar a los herederos del extinto líder religioso ( Despegamos del Programa la Voz con Cesar Vidal y Lorenzo Ramírez 13/01/26 ).
Sancionar para sembrar caos es un esquema repetido de manera recurrente en Siria, Etiopía, Iraq e incluso contra potencias como Rusia. Las consecuencias que provocan acciones de este tipo y la postura de los que las apoyan han quedado reflejadas en las noticias de mujeres sirias con cáncer de mamas sin acceso a medicamentos para su tratamiento o millones de personas amenazadas de morir por hambre en Yemen , Somalia , Sudán e Iraq, entre muchos ejemplos. De las imágenes horribles que se derivan y de los que se retratan apoyando esas políticas, trascendió una entrevista a la desaparecida Madeleine Albright , quien ante la pregunta de una periodista sobre si había valido la pena el medio millón de niños iraquíes que sufrieron hambruna mortal por sanciones impuestas, la Secretaria de Estado en la administración Clinton respondió con una frialdad pasmosa de manera positiva: -"Si, valió la pena". Una respuesta criminal e inhumana dada por la defensora de los bombardeos de la OTAN contra Yugoeslavia, hecho que los medios populares bautizaron como “la guerra de Madelaine”.
Las palabras de Trump sobre la supervivencia de Cuba y las sanciones decretadas contra quien venda algún producto a la nación caribeña, revelan el objetivo de la ofensiva. Y no se trata solo del petróleo. Congresistas de la Florida y seguidores abogan por aplicar restricciones de todo tipo. Suspensión de vuelos (algo que ha impuesto la misma falta de combustible), de remesas familiares, turismo y presiones de todo tipo contra países del área que mantengan tratados con Cuba, incluyendo los de colaboración médica y planes de estudios en esa rama, como ocurrió con el gobierno de Santa Lucía sometido a la exigencia de prohibir a sus nacionales estudiar la carrera en universidades cubanas. A lo anterior se suma la apuesta por el tan anhelado golpe militar que solicitan contra su propia tierra muchos de los llamados exiliados. En el paroxismo de esta situación destacan expresiones que reclaman el “ derecho a la intromisión ” en apoyo al cerco económico e incluso la agresión militar. Un derecho que se esgrime como privilegio que asiste a la parte que lo reivindica, considerado inaceptable cuando se argumenta desde frentes opuestos.
La amoralidad de estas actitudes y pretensiones radica en que los reclamos sean hechos desde ámbitos donde la comodidad y seguridad personal de los que se pronuncian están garantizados por estar fuera del punto que soporta la crisis, con el añadido de que no pocas de las voces radicales, llegadas a la diáspora cubana por diferentes vías, muy anti castristas, anticomunistas y patrióticas desde este lado de la orilla, cuando estaban en la otra parte jamás hicieron un gesto de desafío, siquiera crítico, hacia el sistema y menos todavía de apoyo a los que allí se expresaban abiertamente para disentir. Alguno ha llegado a difundir a través de las redes su satisfacción al ver lo “lindo que se ve el panorama cubano” rodeado de barcos militares y sanciones. Lo hizo una especie de payaso con bastante fama en la televisión de la Isla y que más tarde contó con ese aval para hacerse de un espacio efímero en la televisión local de Miami. Si condenable fue la actuación de los directivos de Hamas, en buena medida responsables de la situación que hoy enluta a Gaza, justo es reconocer que la mayoría de ellos se mantuvieron en el sitio y terminaron pagando con sus vidas y las de sus familiares el coste de lo sucedido el 7 de octubre. Y llegado a este punto en el que algunos buscan paralelismo entre la imagen del territoro palestino en franca destruccion, y lo que ocurre en Cuba con el futuro que se avizora, resulta sano puntualizar entre lo que no pocos acusan como acto genocida por parte de Israel y el panorama cubano, salvando la diferencia en algunos puntos que puedan indicar coincdencias. Una pudiera ser la justificación que se usa -justicia, escarmiento,libertad- que ambos casos apuesta por la destrucción moral y material de un sitio que quedará disponible para ser troceado a gusto de los que buscarán obtener ganancias a costa de una población cuyos derechos, libertades y bienestar les importa poco. Creer lo contrario es lo más parecido a la ingenuidad de los que aseguran que en esa Gaza levantada de las ruinas, con rascacielos imponentes, deslumbrante en el diseño de imaginarias luces de neón y colmada de negocios o edificaciones hoteleras (por cierto los terrenos ya estaban en oferta desde inicios de la guerra), habrá lugar para los desplazados por el conflicto, los que han perdido hogar, trabajo y familias enteras. Es el paralelismo ilusorio que sirve para Cuba o cualquier nación sumida en similares circunstancias.
En este contexto llama la atención el silencio o la respuesta evasiva de un mundo aquejado por la falta de empatía y la ausencia de respuestas efectivas con los que sufren. Ocurre en cualquier parte de ese mundo sumido en situaciones conflictivas, creadas o forzadas. Se suceden manifestaciones poco claras de quienes parecen estar de acuerdo de alguna manera en este nuevo reparto global o el silencio de organizaciones internacionales y partidos políticos que se describen de izquierdas y pacifistas. Como detalle curioso en el caso de Cuba destaca la actitud del actual gobierno del PSOE, que de manera medrosa comprometió el envío de una ayuda limitada a través de las Naciones Unidas, con la actitud de Francisco Franco. El dictador anti comunista y “facha” mantuvo por años una línea de comercio favorable hacia la Isla a despecho del embargo decretado por Washington. Igual resulta notoria la debilidad de instituciones como la ONU y sus ramales (UNESCO y la OMS) limitados en su inoperancia a lanzar llamados y manifestar preocupación , frente a la urgencia que demanda un esfuerzo real que ponga fin e impida estas situaciones. En el caso de Cuba una vez más México salva la honrilla.
No debe causar extrañeza la ausencia de acciones concretas para evitar o siquiera parar, la amenaza que se cierne sobre vidas anónimas de tantos inocentes, a pesar de las denuncias y notificaciones de los efectos causados por sanciones y bloqueos. Quizás se pueda entender cuando se conoce sobre tanta alimaña carroñera que se alimenta gracias a esas situaciones caóticas, a cuya costa se embolsan ganancias obtenidas mediante componendas y desvíos de recursos destinados en principio a aliviar la miseria de las víctimas, como muestran los casos de corrupción verificados en el mismo seno de la ONU en diferentes situaciones de conflictos y catástrofes naturales. Ocurrió y ocurre en Haití, Nueva Guinea y Afganistán , por citar algunos ejemplos. En Youtube aún pueden verse materiales que exponen la corruptela que significó el programa “petróleo por comida” (Oil for Food) implementado para solventar la falta de insumos vitales en Irak, sancionado por el alto organismo internacional cuando el régimen de Sadam Hussein invadió Kuwait. El hecho más reciente donde se refleja esta falta de escrúpulos que plaga organismos y gobiernos, apareció reflejado en un reciente artículo de EFE, destacando la penuria que pesa sobre la población gazatí afectada por los altos precios de alimentos disponibles en la Franja, reconociendo que hay comida pero pocos pueden permitirse el lujo de comprarla. La pregunta obligada es sobre la manera en que la ayuda humanitaria enviada supuestamente para la población aquejada por el horror y las penurias derivadas de la guerra, se convierta en un recurso inaccesible por su alto costo.
En medio de un panorama difícil y complejo para los cubanos conviene recuperar en su completo sentido el ideal expresado por Felix Varela, sacerdote católico y padre de la nacionalidad cubana, cuando plasmó el deseo de una Cuba que se mantuviera siempre tan isla en lo político como en lo geográfico. Cabe recordar por igual las palabras y actitudes de Oswaldo Payá Sardiñas, otro cubano insigne, comprometido con su pueblo hasta la muerte , quien nunca estuvo de acuerdo con sanciones ni injerencias. Cubano íntegro que rechazó aceptar sugerencias externas y el chantaje que deriva en la compra de voluntades mediante la dádiva de recursos, premios y reconocimientos, y que en todo momento mantuvo una postura digna frente a intereses que trataban de influir en el proceso nacionalista abanderado por el Movimiento Cristiano Liberación. Conviene recordar todo esto cuando viejos e indeseables fantasmas emergen frente a las costas cubanas.
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