¿León XIV vs Donald Trump?
- Gerardo E. Martínez-Solanas
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¿León XIV vs Donald Trump?
19 Apr 2026 16:05
El Papa León XIV ha hecho algunos pronunciamientos recientemente sobre la guerra de Estados Unidos, Israel y algunos Estados Árabes vs Irán que han despertado una notable y lamentable controversia entre el Vaticano y Washington. Que el Papa –cualquier Papa– exprese una firme oposición a la guerra es la reacción natural de quien es guía y pastor de la grey católica y es responsable de promover la paz desde la óptica de la doctrina de Jesús, quien para los católicos y muchos otros cristianos es el Mesías, Hijo de Dios.
Un reciente antecedente lo encontramos en una carta que Juan Pablo II envió a George H.W. Bush el 15 de enero de 1991, cuando Sadam Hussein había invadido Kuwait y el gobierno de Estados Unidos tomó la decisión de realizar una poderosa operación militar contra los invasores bautizada como "Operation Desert Storm". Una parte de la carta decía, en inglés, lo siguiente:
“En los últimos días, expresando los pensamientos y preocupaciones de millones de personas, he subrayado las trágicas consecuencias que una guerra en esa zona podría tener. Deseo ahora reiterar mi firme convicción de que la guerra no es probable que aporte una solución adecuada a los problemas internacionales y que, aunque se pudiera encontrar momentáneamente una situación injusta, las consecuencias que pudieran derivarse de la guerra serían devastadoras y trágicas. No podemos pretender que el uso de las armas, y especialmente del armamento altamente sofisticado actual, no dé lugar, además de sufrimiento y destrucción, a nuevas y tal vez peores injusticias.”
No obstante, el Presidente Bush siguió adelante hasta lograr sus objetivos. Podríamos proclamar que lograr el éxito contra una agresión tan descarada pareció convertir la intervención anterior del Papa Juan Pablo II en algo ingenuo, si no directamente tonto. ¡Pero no es así! Sin embargo, desde desde un punto de vista secular, también respetable, podemos entender que la paz verdadera, tal como se reconoce a nivel mundial, no es simplemente la ausencia de guerra; abarca el restablecimiento de la soberanía legítima y la adhesión a las resoluciones internacionales. De manera similar, las recientes condenas a la guerra y los llamados a la paz en medio del conflicto con Irán por parte del Papa León XIV son cuestionables para muchos en Estados Unidos y también en Europa, tanto dentro como fuera de la Iglesia católica. Mientras que algunos perciben sus declaraciones como políticamente motivadas, otros las consideran ingenuas, haciéndose eco de las palabras de Jeremías: "¡Paz, paz!, cuando en realidad no hay paz." (Jeremías 6:14)
La controversia se debe a que no interpretan debidamente la posición y las motivaciones del Papa Leon XIV para quien es imperativo proclamar las palabras de Jesús, cuando dijo: "Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios." (Mt 5:9). Sencillamente, los príncipes de la iglesia están obligados –o al menos deberían estarlo– por su fe y sus convicciones religiosas a promover un alto estándar de paz en el mundo. Incluso si "se pudiera encontrar momentáneamente una situación injusta", el estándar de paz establecido en el Catecismo de la Iglesia Católica subraya que: "La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra, sin la salvaguardia de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad (2304)".
Es importante leer las homilías y otras declaraciones del Papa León XIV no a través de la lente de la política partidaria o la de personalidades de Estados Unidos, sino más bien a la luz de la Tradición católica de la que él es el principal representante. Cuando dice que Cristo "no escucha las oraciones de los que hacen la guerra" no quiere decir que Jesucristo no escucha las oraciones de los que sirven, luchan y mueren trágicamente en las guerras.
Mientras que el Catecismo de la Iglesia Católica enseña que el "quinto mandamiento prohíbe la destrucción intencional de la vida humana" y "todos... están obligados a trabajar para evitar la guerra", hay circunstancias en las que la guerra puede considerarse legítima autodefensa, como también lo reconoce el Catecismo: "Se han de considerar con rigor las condiciones estrictas de una legítima defensa mediante la fuerza militar", cuando "todos los demás medios para poner fin a la agresión hayan resultado impracticables o ineficaces" y cuando "el empleo de las armas no entrañe males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar." Y sigue diciendo: "Los poderes públicos tienen en este caso el derecho y el deber de imponer a los ciudadanos las obligaciones necesarias para la defensa nacional (2309)," cuando la "defensa nacional" implica una acción preventiva para evitar un peligro mayor.
Estos son algunos elementos tradicionales básicos en lo que se llama la doctrina de la "guerra justa" que comenzó con la prédica de San Ambrosio, obispo de Milán, antes de ser desarrollada aún más por su contemporáneo, San Agustín, y finalmente proclamada a profundidad y con notable claridad por Sto. Tomás de Aquino. San Ambrosio creía que la guerra era legítima sólo para fines defensivos o el CASTIGO DE GRAVES DELITOS, y los gobernantes estaban obligados A RESPETAR ACUERDOS Y TRATADOS y evitar explotar los esfuerzos de paz de aquellos a quienes consideraban adversarios irreconciliables. Es importante subrayar que prohibió estrictamente a la Iglesia participar directamente en actos de violencia y subrayó que el clero, hasta llegar al Papa, debe seguir llamando a la paz en todo momento. Esa es su función.
San Agustín sostenía que los cristianos no deberían recurrir inmediatamente a la violencia, pero que Dios ha dado la espada a los gobiernos por una buena razón. Afirmó que la inacción pacífica frente a un grave error que sólo podría corregirse mediante la violencia sería un pecado. Basó esta declaración en las enseñanzas de San Pablo: «Los buenos gobernantes no son de temer para los que obran bien, sino para los que obran mal. ¿Quieres vivir sin temor a la autoridad? Haz el bien y tendrás su aprobación, porque es ministro de Dios para el bien. Pero si haces el mal, teme, que no en vano lleva la espada. Es ministro de Dios, vengador para castigo del que obra el mal.» (Romanos 13:3-4). Por lo tanto, según San Agustín: «Aquellos que han librado la guerra en obediencia al mandamiento divino… no han violado el mandamiento, "No matarás"» (Ciudad de Dios)
El enfoque de Sto. Tomás a esta cuestión es aún más profundo, pero este no es lugar para consideraciones tan extensas. Invito a los interesados a investigar un poco más para evitar confundirse con interpretaciones que se alejan de la Tradición y el Magisterio de la Iglesia.
La evaluación de estas condiciones para la legitimidad moral de una contienda bélica pertenece al juicio prudente de quienes tienen responsabilidad por el bien común. Empero, esta es una cuestión que ni la filosofía ni la teología pueden resolver por sí solas sino que requiere conocimiento y experiencia al menos en las disciplinas de economía, ciencia militar y diplomacia. Es un juicio prudente que sólo pueden hacer "aquellos que tienen responsabilidad por el bien común".
Desde la óptica del Vaticano, dejando a un lado si hay o no esfuerzos o resultados diplomáticos, los comentarios del Papa León no deben interpretarse como una declaración política. Tampoco está haciendo un juicio prudente. Por tanto, en tan delicada situación es importante entender que está formulando la enseñanza moral tradicional de la Iglesia. Una enseñanza orientada a frenar los excesos. Por consiguiente, al igual que el Presidente Busch en aquella oportunidad siguió adelante sin entrar en controversias, sería aconsejable que el Presidente Trump hiciera lo mismo mientras continua persiguiendo sus objetivos. El paso del tiempo determinará si lo hizo bien y si sus motivaciones fueron legítimas. Es muy prematuro cualquier juicio que se haga ahora.
Un reciente antecedente lo encontramos en una carta que Juan Pablo II envió a George H.W. Bush el 15 de enero de 1991, cuando Sadam Hussein había invadido Kuwait y el gobierno de Estados Unidos tomó la decisión de realizar una poderosa operación militar contra los invasores bautizada como "Operation Desert Storm". Una parte de la carta decía, en inglés, lo siguiente:
“En los últimos días, expresando los pensamientos y preocupaciones de millones de personas, he subrayado las trágicas consecuencias que una guerra en esa zona podría tener. Deseo ahora reiterar mi firme convicción de que la guerra no es probable que aporte una solución adecuada a los problemas internacionales y que, aunque se pudiera encontrar momentáneamente una situación injusta, las consecuencias que pudieran derivarse de la guerra serían devastadoras y trágicas. No podemos pretender que el uso de las armas, y especialmente del armamento altamente sofisticado actual, no dé lugar, además de sufrimiento y destrucción, a nuevas y tal vez peores injusticias.”
No obstante, el Presidente Bush siguió adelante hasta lograr sus objetivos. Podríamos proclamar que lograr el éxito contra una agresión tan descarada pareció convertir la intervención anterior del Papa Juan Pablo II en algo ingenuo, si no directamente tonto. ¡Pero no es así! Sin embargo, desde desde un punto de vista secular, también respetable, podemos entender que la paz verdadera, tal como se reconoce a nivel mundial, no es simplemente la ausencia de guerra; abarca el restablecimiento de la soberanía legítima y la adhesión a las resoluciones internacionales. De manera similar, las recientes condenas a la guerra y los llamados a la paz en medio del conflicto con Irán por parte del Papa León XIV son cuestionables para muchos en Estados Unidos y también en Europa, tanto dentro como fuera de la Iglesia católica. Mientras que algunos perciben sus declaraciones como políticamente motivadas, otros las consideran ingenuas, haciéndose eco de las palabras de Jeremías: "¡Paz, paz!, cuando en realidad no hay paz." (Jeremías 6:14)
La controversia se debe a que no interpretan debidamente la posición y las motivaciones del Papa Leon XIV para quien es imperativo proclamar las palabras de Jesús, cuando dijo: "Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios." (Mt 5:9). Sencillamente, los príncipes de la iglesia están obligados –o al menos deberían estarlo– por su fe y sus convicciones religiosas a promover un alto estándar de paz en el mundo. Incluso si "se pudiera encontrar momentáneamente una situación injusta", el estándar de paz establecido en el Catecismo de la Iglesia Católica subraya que: "La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra, sin la salvaguardia de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad (2304)".
Es importante leer las homilías y otras declaraciones del Papa León XIV no a través de la lente de la política partidaria o la de personalidades de Estados Unidos, sino más bien a la luz de la Tradición católica de la que él es el principal representante. Cuando dice que Cristo "no escucha las oraciones de los que hacen la guerra" no quiere decir que Jesucristo no escucha las oraciones de los que sirven, luchan y mueren trágicamente en las guerras.
Mientras que el Catecismo de la Iglesia Católica enseña que el "quinto mandamiento prohíbe la destrucción intencional de la vida humana" y "todos... están obligados a trabajar para evitar la guerra", hay circunstancias en las que la guerra puede considerarse legítima autodefensa, como también lo reconoce el Catecismo: "Se han de considerar con rigor las condiciones estrictas de una legítima defensa mediante la fuerza militar", cuando "todos los demás medios para poner fin a la agresión hayan resultado impracticables o ineficaces" y cuando "el empleo de las armas no entrañe males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar." Y sigue diciendo: "Los poderes públicos tienen en este caso el derecho y el deber de imponer a los ciudadanos las obligaciones necesarias para la defensa nacional (2309)," cuando la "defensa nacional" implica una acción preventiva para evitar un peligro mayor.
Estos son algunos elementos tradicionales básicos en lo que se llama la doctrina de la "guerra justa" que comenzó con la prédica de San Ambrosio, obispo de Milán, antes de ser desarrollada aún más por su contemporáneo, San Agustín, y finalmente proclamada a profundidad y con notable claridad por Sto. Tomás de Aquino. San Ambrosio creía que la guerra era legítima sólo para fines defensivos o el CASTIGO DE GRAVES DELITOS, y los gobernantes estaban obligados A RESPETAR ACUERDOS Y TRATADOS y evitar explotar los esfuerzos de paz de aquellos a quienes consideraban adversarios irreconciliables. Es importante subrayar que prohibió estrictamente a la Iglesia participar directamente en actos de violencia y subrayó que el clero, hasta llegar al Papa, debe seguir llamando a la paz en todo momento. Esa es su función.
San Agustín sostenía que los cristianos no deberían recurrir inmediatamente a la violencia, pero que Dios ha dado la espada a los gobiernos por una buena razón. Afirmó que la inacción pacífica frente a un grave error que sólo podría corregirse mediante la violencia sería un pecado. Basó esta declaración en las enseñanzas de San Pablo: «Los buenos gobernantes no son de temer para los que obran bien, sino para los que obran mal. ¿Quieres vivir sin temor a la autoridad? Haz el bien y tendrás su aprobación, porque es ministro de Dios para el bien. Pero si haces el mal, teme, que no en vano lleva la espada. Es ministro de Dios, vengador para castigo del que obra el mal.» (Romanos 13:3-4). Por lo tanto, según San Agustín: «Aquellos que han librado la guerra en obediencia al mandamiento divino… no han violado el mandamiento, "No matarás"» (Ciudad de Dios)
El enfoque de Sto. Tomás a esta cuestión es aún más profundo, pero este no es lugar para consideraciones tan extensas. Invito a los interesados a investigar un poco más para evitar confundirse con interpretaciones que se alejan de la Tradición y el Magisterio de la Iglesia.
La evaluación de estas condiciones para la legitimidad moral de una contienda bélica pertenece al juicio prudente de quienes tienen responsabilidad por el bien común. Empero, esta es una cuestión que ni la filosofía ni la teología pueden resolver por sí solas sino que requiere conocimiento y experiencia al menos en las disciplinas de economía, ciencia militar y diplomacia. Es un juicio prudente que sólo pueden hacer "aquellos que tienen responsabilidad por el bien común".
Desde la óptica del Vaticano, dejando a un lado si hay o no esfuerzos o resultados diplomáticos, los comentarios del Papa León no deben interpretarse como una declaración política. Tampoco está haciendo un juicio prudente. Por tanto, en tan delicada situación es importante entender que está formulando la enseñanza moral tradicional de la Iglesia. Una enseñanza orientada a frenar los excesos. Por consiguiente, al igual que el Presidente Busch en aquella oportunidad siguió adelante sin entrar en controversias, sería aconsejable que el Presidente Trump hiciera lo mismo mientras continua persiguiendo sus objetivos. El paso del tiempo determinará si lo hizo bien y si sus motivaciones fueron legítimas. Es muy prematuro cualquier juicio que se haga ahora.
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