Irán canta victoria

> Se han reportado más de mil muertos iraníes, incluyendo 190 militares y su marina de guerra y su fuerza aérea han quedado totalmente destruidas en la guerra de EEUU e Israel vs Irán. Se ha destruido la infraestructura nuclear iraní, el 55% de su capacidad operativa misilística y el 67% de sus lanzamisiles móviles y sistemas antiaéreos. Varias bases militares iraníes han sido pulverizadas. 
> Estados Unidos ha gastado más de 2,500 millones en equipos militares y han perdido 11 aviones. Al menos 15 militares de EEUU han muerto y unos 150 sufrieron heridas. 
> Al menos 61 civiles y residentes han muerto en Israel, además de más de 9.000 heridos y daños valorados en $6.000 millones de dólares. Las pérdidas materiales israelíes incluyeron hospitales, bloques residenciales destruidos y daños graves en el corazón financiero de Tel Aviv.
  • ¡Y en parte, el régimen teocrático tiene motivos para celebrar!

Todavía es prematuro llegar a conclusiones sobre los resultados de esta guerra porque hay muchas condiciones que pueden no ser satisfechas y provocar un nuevo estallido. Además, no se sabe exactamente cuáles son los términos del acuerdo hasta que se publiquen este próximo viernes 19 de junio, después de un encuentro en Ginebra, y es prácticamente impredecible si los iraníes respetarán los términos acordados o esgrimirán nuevas circunstancias para justificar el no cumplimiento de los mismos. Por la otra parte, la estrategia del Presidente Trump se ha caracterizado por su ambigüedad entre amenazas y compromisos anunciados, dando pie a que los iraníes lo vean como una política vacilante.

Hasta el día de hoy, lo que se sabe es que Estados Unidos e Irán han concertado con la mediación de Pakistán un “Memorando de Entendimiento” que establece una tregua inmediata en todos los frentes. Con esta tregua anunciada, el problema se complica, porque Hezbollah, desde el Líbano, continúa atacando a Israel y Netayahu se resiste a aceptar la tregua en esas condiciones, pese a la presión del Presidente Trump.

Por lo tanto, Irán proclama que el cese de hostilidades depende del fin permanente e inmediato de la guerra en todos los frentes, incluyendo el Líbano, como condición sine qua non para respetar los otros puntos del acuerdo, tales como la reapertura del Estrecho de Ormuz sin el cobro de peajes, al mismo tiempo que Estados Unidos levante el bloque naval.  Este acuerdo no se aplicará en su totalidad hasta que transcurra un plazo inicial de 30 días condicional a la exigencia al cese al fuego en el Líbano y la retirada israelí allende sus fronteras.

Otra cuestión, cuya solución no está clara, es la condición que ha sido el motivo principal de esta guerra: el compromiso de Irán de no desarrollar armamento nuclear y entregar el uranio enriquecido con el que podría fabricar un total de alrededor de 10 bombas. Esa condición queda aplazada a negociaciones posteriores, que Estados Unidos limita a 60 días para llegar a un pacto nuclear definitivo, pero sin establecer las consecuencias que resultarían de una negativa iraní de renunciar a esos propósitos.

En el mejor de los casos, si Irán entrara en negociaciones con la intención de ceder a estas condiciones, Estados Unidos suspendería las sanciones al petróleo y garantizaría un gradual desbloqueo de 24 mil millones de dólares de fondos iraníes congelados. Estos fondos quedarían disponibles a medida que Irán entregara el uranio enriquecido en su poder. Empero, esta cuestión nuclear está plagada por las discrepancias de lo que dicen unos y lo que dicen otros.

Aunque está prevista para este próximo viernes, las negociaciones pueden extenderse todo el fin de semana con la participación del Vicepresidente JD Vance y el jefe negociador iraní, Mohamad Baqer Qalibaf. El Presidente Trump ha insinuado la posibilidad de asistir al encuentro, según se presenten las circunstancias. Según la cancillería suiza, el acto se llevará a cabo en un hotel de lujo de la montaña Bürgenstock, cerca del lago de Lucerna, una ubicación "propuesta por los mediadores pakistaníes y cataríes, así como por Estados Unidos e Irán".

Tanto si se aprueban todos los términos de este acuerdo como si el régimen iraní rechazara firmarlo con cualquier pretexto, Irán canta victoria en esta guerra. Pese a que su marina de guerra y su fuerza aérea han quedado destruidas, sigue teniendo una amplia capacidad ofensiva con sus misiles de mediano y corto alcance y sus millares de drones (los mismos que Rusia está empleando contra Ucrania). Además, están en total control de su territorio y pueden seguir utilizando el chantaje del cierre del Estrecho de Ormuz, reavivando una crisis que afecta la economía mundial.

Estados Unidos se ha visto frenado para tomar una acción decisiva por la oposición en bloque de los Demócratas y algunos Republicanos temerosos de perder su escaño en las elecciones congresionales de noviembre próximo. Esta oposición plantea el corte de los fondos para las operaciones militares contra Irán. Sin fondos, la guerra no puede continuar. Irán ha percibido esta oposición que los ha alentado a seguir resistiendo en una contienda en la que enfrentan a su enemigo con enorme desventaja. Pero cantan victoria porque Estados Unidos se ve obligado a llegar a un acuerdo mediatizado: el Presidente Trump se ha visto obligado a negociar un acuerdo que está muy lejos de sus objetivos iniciales.

Irán apuesta a una victoria total con el paso del tiempo, cuando haya nuevos gobernantes en Estados Unidos y vuelvan a reconstruir su arsenal nuclear que los ponga al mismo nivel que el “Gran Satán” al que han jurado destruir.

Un supuesto “acuerdo” con fanáticos nunca acaba bien.

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