Díaz Canel: claves de una política económica errónea

La rueda de prensa de Díaz Canel del pasado jueves 4 de febrero ha dado mucho que hablar. En casi dos horas, el dirigente comunista cubano mostró, una vez más, lo alejado que se encuentra de la realidad, tratando de interpretar un papel en la “opera bufa” en que se ha convertido el régimen castrista, que probablemente acabará mal, muy mal.

Pero dejando de lado las cuestiones políticas que ocuparon la mayor parte del discurso, me gustaría en este trabajo dedicar la atención al último cuarto de hora en que Díaz Canel avanzó los puntos de una política económica que calificó de urgente y necesaria, aprobada por el partido en su último congreso, y que, al parecer, es la que se pretende implementar cuando se supere la “opción cero” inmediata, provocada por la falta de combustible.

Pues bien, si Díaz-Canel sobrevive políticamente a esta etapa y consigue llevar a término esta política que concretó en doce puntos, podemos anticipar que es muy probable que la economía cubana definitivamente implosione, alcanzando un desastre de dimensiones mucho mas dantescas que las actuales.

La razón que justifica esta predicción es que los comunistas cubanos están obsesionados con practicar en Cuba un modelo que ya quedó atrás en la historia, desde mediados del siglo XX cuando fue ampliamente utilizado por los regímenes totalitarios (fascistas y comunistas).

Ese modelo es la autarquía, una creencia errónea en que es posible que un país en solitario pueda producir y atender todas las necesidades de la población. La autarquía desapareció del orbe tras la recuperación económica después de la segunda guerra mundial, pero Díaz Canel y los comunistas cubanos quieren recuperar este modelo como instrumento para afrontar una “guerra económica” con la que están obsesionados, pero que solo se encuentra en las mentes calenturientas de los dirigentes de la dictadura castrista. Volver a la autarquía es imposible, y por ello, los doce puntos en que se sustenta la estrategia económica son impracticables y de ser aplicados, pueden llevar a un total desastre.

Primer punto, anunció el deseo de avanzar en el “perfeccionamiento del sistema de gestión de la economía”, lo que significa que el modelo es ineficiente, no funciona y que requiere de parches, básicamente mediante actuaciones que refuercen el eje centralización y descentralización que afecta a la mayoría de las actividades económicas, y restaurar los mecanismos de la planificación económica. El sistema no se puede perfeccionar, que no se equivoquen, el sistema se tiene que cambiar.

Dijo que un ejemplo de lo que se pretende conseguir es un nuevo sistema de asignación de divisas que sigue anclado en el tipo de cambio oficial de la tarea ordenamiento. Si los comunistas cubanos en 67 años no han logrado perfeccionar el sistema, es simplemente porque el sistema no sirve, y lo que realmente necesita la economía es el mercado y la asignación libre de recursos combinada con una participación mayoritaria de los derechos de propiedad privada. Cualquier otro “perfeccionamiento” es seguir en las mismas.

Segundo, habló de una “reestructuración del aparato estatal para reducir gastos del presupuesto del estado”, una medida impracticable, si bien necesaria. Recordemos cuando Raúl Castro intentó hacer lo mismo al comienzo de su mandato y le resultó imposible en cuanto el sindicato único comprobó que podía hacer un pulso de fuerza y ganar. La medida se engavetó y el proceso de recuperación de la actividad privada acabó siendo marginal y de escaso impacto. Díaz Canel no será capaz de acometer este objetivo, por mucho que lo reivindique.

Tercero, explicó la necesidad de dar “más autonomía a la empresa estatal, y esta medida debería ir acompañada de una reestructuración de estas entidades” ¿Autonomía empresarial? No. Eso es perder el tiempo, la autonomía no es una cuestión de grado, sino de que exista autonomía plena o no autonomía. Y si alguien teme avanzar en este objetivo no es otro que Díaz Canel que pretende seguir teniendo una llave para el control del sistema empresarial. En todo caso, implementar esta medida no tiene mucho sentido si no se aplica en su integralidad.

Cuarto, como aplicación del principio de autarquía a los entes municipales, Díaz Canel pretende igualmente otorgar “más autonomía a los municipios para la gestión de la economía en el territorio”. Se acepta, en general, que los entes locales pueden atender mejor las necesidades de la población, por estar más cerca de las mismas, pero de ahí concluir que deben producir con sus propios recursos para atender las necesidades significa crear en Cuba una red de municipios productores que no hagan más que incrementar los niveles de ineficiencia de la economía, impidiendo a las empresas escalar sus dimensiones.

Otra medida que de llevarse a término puede ser muy negativa porque en contra de lo que dijo Díaz Canel el desarrollo de un país no se logra solo de abajo a arriba, sino combinando el potencial de las distintas actividades.

Quinto, anunció la intención de un “cambio de concepto en la canasta normada”, que lo atribuyó exclusivamente a eliminar de la misma los productos importados. Menos variedad y productos de calidad inferior en la composición de una canasta para la que dedicó no pocas críticas, sobre todo por su injusticia social. Deuda Externa de Cuba 2025

Sexto, anunció también la intención del régimen comunista de “negociar la deuda externa”. Ya se pueden aplicar en esta tarea, porque desde la sanción del tribunal de Londres tras la demanda de CRF, no se ha vuelto a hablar, a pesar de la urgencia de esta cuestión, que limita el acceso de Cuba a los mercados de capitales. La credibilidad de Cuba como deudor es prácticamente nula.

Séptimo, se refirió también a implementar “cambios en las relaciones entre el sector estatal y el no estatal”, una especie de colaboración público y privada en ámbitos directamente relacionados con infraestructuras, servicios o productos básicos, es decir, en todo.

Octavo, anunció “más flexibilidad para las inversiones extranjeras”, y aquí la novedad vino cuando se refirió de forma expresa a los “cubanos residentes en el exterior”, es decir, el capital de la diáspora para Díaz Canel es prioridad y explicó que ya existen proyectos en esta línea. Bien, si él se lo quiere creer, allá él.

Noveno, la “transición energética”, donde mezcló de todo, desde fotovoltaicas a energías del viento, en una apuesta por las renovables que pasa por instalar unidades en las sedes de los bancos para que los apagones no afecten a la población. La cuestión es que Díaz Canel tiene una planta de centrales eléctricas viejas, que requieren una profunda renovación y que se rompen en cualquier momento, siendo una cuestión de atención prioritaria en vez de construir tantos hoteles.

Décimo, la eterna atención, fallida digo yo, a los “sectores vulnerables” que según dijo es una bandera de la revolución, pero que en realidad es una entelequia con pensiones medias de 1.500 pesos (5 dólares) al mes.

Undécimo, enunció la intención de “perfeccionar las políticas monetaria, fiscal, financiera y bancaria”, pero sin avanzar ni una línea de por dónde van a ir los tiros. La verdad es que en este punto de la rueda de prensa ya faltaba muy poco para las dos horas.

Doce y último, la eterna cantaleta de la tesis doctoral de Díaz Canel del “paradigma ciencia e innovación”, al que añadió la importancia de la ¿inteligencia artificial?, la economía del conocimiento y la tecnología.

Y con esto se terminó la carta a los reyes magos de un dirigente inconsciente que ostenta la cabeza visible de un régimen y partido que enarbola las soluciones comunistas para la política económica, cuando la historia de la humanidad está llena de experiencias fallidas y Cuba es un ejemplo principal.

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