¿A quién ofenden los Diez Mandamientos judeocristianos?

Gerardo E. Martínez-SolanasAunque el Decálogo de Moises (los Diez Mandamientos) tiene su origen en el judaísmo y forma parte de la doctrina cristiana, sus Mandamientos se han transformado a través de los siglos en un referente de ética histórica. No cabe duda alguna de que es uno de los códigos de conducta más influyentes de la civilización occidental porque, al margen de la fe, ha servido como base jurídica y moral para estructurar sociedades diversas hasta desembocar en un consenso mundial que ha quedado recogido en documentos internacionales como la Declaración Universal de Derechos Humanos, entre muchos otros, incluyendo las obligaciones de proteger la vida, la propiedad y la veracidad.

En la práctica, este Decálogo funciona como un puente: los tres primeros mandamientos son puramente teológicos, mientras que los últimos son normas civiles que permitieron la convivencia organizada en la antigüedad y han servido de base a leyes justas en el transcurso de los siglos. Cabe también señalar que el preámbulo teológico sirve fundamentalmente para blindar el resto del Decálogo, de modo que sus mandamientos no puedan ser rechazados o modificados por decisiones humanas, uno de los fundamentos que hacen inalienables, inherentes e indivisibles a los derechos humanos.

En la Sede de Naciones Unidas, en Nueva York, se exhibe una reproducción escultórica del original Código Hamurabi, un conjunto de leyes establecido por el rey de Babilonia en 1750 a.C. Se exhibe como un referente histórico. Igualmente cuando en Estados Unidos se exhiben los Diez Mandamientos en algún recinto jurídico o en los jardines anteriores a algún edificio, como puede ser un tribunal de distrito o incluso alguna escuela. Está ahí como un referente histórico que es pertinente en este país porque ha basado la ley y el orden en principios cristianos sin por eso discriminar en cuanto a las preferencias y prácticas religiosas diversas de sus ciudadanos.

Por lo tanto, es incongruente la furiosa campaña de oposición a la exhibición de ese referente histórico, bombardeando los tribunales con decenas de demandas para que sean removidos de la luz pública. ¿Acaso insulta a los países del mundo que el Código Hamurabi se exhiba en los pasillos de Naciones Unidas? Entonces, ¿por qué han de crear semejante pugna con el argumento no comprobado de que muchas personas puedan sentirse insultados por ese otro referente histórico?

En el verano de 2024, Luisiana promulgó una ley que permite exhibir carteles de los Diez Mandamientos en las aulas de las escuelas públicas. Pocos días después que el gobernador Jeff Landry firmara la legislación, una coalición de organizaciones -entre ellas la American Civil Liberties Union, así como la ACLU de Louisiana, la Americans United for Separation of Church and State, y la Freedom from Religion Foundation- presentó una serie de demandas. Alegaron que la ley infringía tanto las cláusulas de libre ejercicio como la "Establishment Clause" de la Constitución de Estados Unidos, la cual es parte de la Primera Enmienda y prohíbe al gobierno crear una religión oficial del Estado, favorecer una religión sobre otra, o preferir la religión sobre la no religión, asegurando una separación entre la Iglesia y el Estado. Un juez del tribunal federal de distrito y un panel del Quinto Circuito confirmaron esta posición, y este caso y otros similares de Arkansas y Texas todavía están en litigio, pese a que la exhibición de esos monumentos y carteles se limitan a ser un refereento histórico y no representan en modo alguno el reconocimiento de una religión oficial ni un medio de discriminación religiosa, como quedó establecido en la Declaración conocida en inglés como "The Bill of Rights", que comienza expresando que: "El Congreso no hará ley alguna que respete el establecimiento de religión, ni prohíba su libre ejercicio".

Por el contrario, las furiosas y exageradas objeciones a mostrar los Diez Mandamientos en las escuelas o en monumentos en lugares públicos oscurecen una verdad crítica: Estados Unidos es una nación profundamente influenciada por la Biblia, sobre todo por el Nuevo Testamento y sus principios éticos. Incluso aquellos que se identifican como secularistas fervientes reconocen esta influencia que se remonta al período colonial. Es significativo cómo comienza el Preámbulo de la Declaración de Independencia de Estados Unidos: «Sostenemos como verdades evidentes por sí mismas que todos los hombres son creados iguales , que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables , entre los cuales se encuentran la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad . Que para garantizar estos derechos, se instituyen gobiernos entre los hombres ...»

Aunque algunos estudiosos han restado importancia al papel de la Biblia en la formación personal de los "padres fundadores" de Estados Unidos, numerosos estudios revelan que las Sagradas Escrituras fueron la obra más significativa de esa época, y fue tomada de referencia por la mayoría de los presidentes desde la época de su fundación hasta principios del siglo XXI. Incluso los presidentes que cuestionaban la inspiración divina de la Biblia estaban bien familiarizados con sus enseñanzas y frecuentemente las referían en sus discursos y escritos como base de sus decisiones. Reconocer esta influencia duradera es esencial para entender los valores y principios que han dado fundamento legal a esta nación.

No obstante, es oportuno establecer dos condiciones: Primera, que algunos presidentes rechazaron el cristianismo ortodoxo y la inspiración divina de la Biblia. Además, algunos ostentaron altos grados masónicos. Por tanto, no podemos pretender que algunos presidentes fueran más ortodoxos o piadosos de lo que eran. Segunda, debe reconocerse que algunas declaraciones públicas de los presidentes fueron escritas por miembros de su personal. Empero, estas dos condiciones aclaratorias no rechazan el hecho evidente de que se guiaron por referencias bíblicas, lo cual establece un definido linaje en la cultura política de Estados Unidos. Quienes lo duden, pueden encontrar muchos ejemplos que provienen de la correspondencia privada, de entradas en el diario personal o de conversaciones no destinadas al consumo público que han sido reveladas posteriormente por los historiadores.

Baste mencionar algunos ejemplos pertinentes que demuestran que muchos presidentes han estudiado la Biblia a lo largo de sus vidas. Incluso el heterodoxo Thomas Jefferson pasó mucho tiempo estudiando la Biblia en múltiples idiomas, incluido el griego bíblico. Sorprendentemente, Andrew Jackson leía en su retiro un capítulo de la Biblia a su familia al final de cada día y, en su lecho de muerte, animó a los presentes a "santificar el día del sábado y leer el Nuevo Testamento". Jimmy Carter leía regularmente las Sagradas Escrituras con su esposa, incluso reconoció haber leído "toda la Biblia varias veces en español"; etc., etc.

Además, la Biblia ha sido a menudo mencionada en la retórica política de los presidentes americanos, especialmente cuando necesitaban el ejemplo de héroes y villanos. Es un hecho que Jesus de Nazaret ha sido muchas veces considerado como un modelo a seguir. Woodrow Wilson expresó con frecuencia su profunda admiración por la figura de Jesucristo como un referente de conducta ética y espiritual, como "el único ejemplo perfecto de servicio por amor". Más de un siglo después, el presidente Obama proclamó que "a través de una vida de humildad y sacrificio supremo, una vida guiada por la fe y la bondad hacia los demás, Cristo asumió una voz poderosa, enseñándonos lecciones de compasión y caridad que han durado más de dos milenios". Durante las festividades de abril de 2026, el presidente Trump conmemoró la resurrección de Jesucristo calificándola como un "milagro en toda la historia" y afirmando que "murió por todos nosotros".

¿Se sintió alguien insultado por estas creencias y resultantes referencias? ¿¡No!? Dejen entonces tranquilos esos carteles y esos monumentos los revoltosos que están dividiendo y fragmentando el país, su cultura y su civilización, tomándolos de pretexto para impulsar su agenda encaminada a reformar toda la estructura socio-política dentro de parámetros que desprecian el significado de hermandad humana contenido en esos Diez Mandamientos.

Es un hecho que dos siglos y medio de progreso demuestran que los fundamentos de esa ética histórica lograron lo que muchos llaman "el Sueño Americano". ¿Por qué cambiarlo?

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