Faisel Iglesias, conocido opositor de la dictadura que impera en Cuba, es autor de dos libros interrelacionados que merecen ser comentados y considerados en conjunto por su coincidente perspectiva política.
El primero, "Pacto Social Posmoderno: Un proyecto de país con todos y para el bien de todos" está enfocado primordialmente en un proyecto de futuro para Cuba
Cerrado el ciclo de la modernidad, en el marco de la era posmoderna, el hombre finalmente está en capacidad de convertirse en soberano de sí mismo. En este sentido, este Pacto Social Posmoderno constituye un documento estratégico, de importancia capital para el establecimiento de una Cuba libre —Patria es Humanidad—, integrada a las Américas y al mundo. Ideal para sentar las bases de un modelo de país donde el gobierno sea un instrumento de la ciudadanía y no al revés, como por desgracia ocurre ahora mismo en Cuba. Útil para alumbrar un Estado realmente funcional, con todos y para el bien de todos.

El segundo, "Teoría Posmoderna del Estado y del Derecho", se adentra en la historia universal desde la Guerra del Peloponeso hasta nuestros días. Tomamos algunos segmentos del Prefacio, donde el autor señala que:
«Este libro no nace para tranquilizar conciencias ni para reforzar certezas heredadas. Nace, por el contrario, de una incomodidad profunda: la sospecha de que el Estado y el Derecho —tal como los hemos conocido, estudiado y obedecido— han dejado de responder a la vida real de los hombres y mujeres de nuestro tiempo.
Durante siglos se nos enseñó a creer que el Estado era el resultado natural de la razón, que el Derecho era su expresión más elevada y que la obediencia a ambos constituía una forma de civilización. Se nos repitió que fuera del Estado no había orden y que fuera del Derecho no había justicia. Esta obra se atreve a poner en duda esa fe civil.
La teoría moderna del Estado prometió seguridad; entregó control. Prometió libertad; entregó administración de la conducta. Prometió ciudadanía; entregó representación preñada de intereses.
El Derecho, que nació como límite al poder, terminó convertido en su lenguaje más refinado. El Estado, que se presentó como garante de la dignidad humana, acabó gestionando cuerpos, conciencias, datos y miedos. La historia que recorre este libro —desde Tucídides hasta la era digital— demuestra que el poder no desaparece cuando cambia de forma: solo aprende a justificarse mejor.
La posmodernidad no aparece en estas páginas como una moda intelectual, sino como una revelación histórica: la constatación de que las grandes narrativas que legitimaron el poder —el contrato social, la voluntad general, la representación política, la soberanía abstracta— ya no explican ni justifican la realidad contemporánea. En un mundo digital, interconectado y descentralizado, el poder no reside donde dice residir. Y el Derecho ya no protege donde afirma proteger.»
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