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TEMA: Revueltas sociales en un mundo que clama por un nuevo modelo

Revueltas sociales en un mundo que clama por un nuevo modelo 12 Nov 2019 18:42 #11197

La renuncia de Evo Morales a la presidencia de Bolivia ocupó por sorpresa los titulares de última hora. Una noticia que se suma al ambiente de convulsiones sociales, que como pandemia se extienden por el planeta, en particular por la región americana. El capítulo Evo se produce tras una oleada de violentas manifestaciones generadas por unos resultados electorales denunciados como fraudulentos. Un conflicto que tiene de trasfondo el empeño del mandatario de extender su gobierno por un cuarto período y que venía marcado por la mala gestión en los incendios forestales que azolaron la zona selvática de ese país, entre otras cuestiones económicas. De momento el trance se resolvió con la salida forzada del presidente, bajo presiones del alto mando de las fuerzas armadas y la policía, en franca alineación con los manifestantes opositores. Mientras los detractores de Morales proclaman el hecho como una victoria de las fuerzas cívicas, el país andino vive una situación tensa, con cargos gubernamentales en paradero desconocido o en abierto asilo diplomático, mientras se desatan furiosos actos de sus oponentes en un espectáculo que tiene más de orgia vengativa que de festejo democrático. La situación de alcances impredecibles abre un futuro lleno de incertidumbres para la estabilidad política continental en la que ya se habla de golpe de estado y salida de los militares al escenario político.

Pero las cosas no van mejor en el vecindario boliviano. Desde el pasado 24 de octubre el gobierno de Sebastián Piñera se debate ante el terremoto social que amenaza la continuidad del presidente que asumió su cargo limpiamente en las urnas. Unos días antes Ecuador se vio estremecido por otra sacudida de disturbios que dejó una secuela de destrucción, muerte y heridos. Con diferentes matices y alcances los hechos han sido precedidos por otros similares en Honduras, Guatemala, Nicaragua y Haití. No lo pasan mejor en Argentina, Paraguay y Colombia, aunque los noticiarios pongan mayor énfasis sobre unos, minimicen algunos e ignoren otros, sea por identidades de corte ideológico o actitudes discriminatorias, según el caso.

Las disparidades de criterios cuando se pone el foco sobre estos eventos y sus actores es constatable. Los juicos se producen desde valoraciones polarizadas que ponen en evidencia la mala salud del sistema democrático regional. Así cuando Daniel Ortega quiso reformar el sistema de pensiones y seguridad social, provocando las protestas que hicieron reconsiderar al gobernante sandinista su propuesta de ajustes, el pronunciamiento de instituciones y gobiernos regionales fue apoyar las manifestaciones y acusar las acciones represivas de los cuerpos policiales nicaragüenses. Lo contrario hicieron los aliados de Ortega. En similares situaciones, pero en escenarios diferentes, las posiciones se reacomodan y se contraponen las toma de partido en torno a la justeza de los reclamos y la manera de contenerlos. La criminalización o la ponderación de los frentes varían de acuerdo a quien ejerce de juez. Es lo que ha ocurrido en estas jornadas de protestas derivadas a enfrentamientos y violencia, primero en Nicaragua y después en otras partes del continente.

Nada cambia cuando se trata de buscar las causas de estos fenómenos. El alineamiento se produce desde las mismas similitudes de posicionamientos ideológicos. Para unos se trata de un plan para acabar con el modelo bolivariano heredado por Maduro en Venezuela, defendido por el régimen cubano. Para los del otro extremo se trata del proyecto desestabilizador creado, pagado y dirigido desde Caracas y La Habana. Y aunque el de Miraflores dejara entrever su posible participación en un propósito fraguado en los espacios del último Foro de Sao Paulo, la realidad indica la falsedad del supuesto. Los hechos superan el deseo de unos y la voluntad de otros, pues en verdad se trata de algo mucho más profundo, como la falla sísmica que amenaza en el interior de la masa continental y se mueve sin previo aviso creando el caos. Las causas de este sismo social hay que ubicarlas fundamentalmente en un sistema económico, social y de orden político que está haciendo aguas por todas partes.

La sorpresiva derrota del macrismo en Argentina frente al peronismo kitchnerista no puede explicarse más que por las fallas de una estructura incapaz de dar soluciones a problemas acumulados por años y a la pésima situación que enfrentan miles de familias trabajadoras. Para los chilenos la subida de una “aparente” insignificancia porcentual del pasaje en el metro, fue la gota que colmó una situación de la que se habla en los medios de mayor alcance en la región pero que se omite en una parte importante. Problemas con la educación, sistema de salud, corrupción y una lista larga de problemas agravado todo por recomendaciones de ajustes que envía el FMI.

Si el mismo Presidente Piñera pidió perdón a los ciudadanos de su país por no haberse percatado del clamor social, remueve a su equipo y ahora anuncia una reforma constitucional, queda poco lugar para achacar el estallido a agentes externos, golpes de estado o un acto de guerra, como en su momento apuntara el mandatario. Por estos días he sido testigo directo de la atmosfera caldeada que reina un poco más al norte del complicado triángulo andino. Poco o casi nada transmiten los medios de Miami sobre el panorama colombiano, enfocados en la crisis chavista o en la salida de Evo. Protestas estudiantiles en Bogotá han sido enfrentadas por tropas antimotines que no ahorraron descargas con granadas de gases lacrimógenos y pelotas de goma contra los jóvenes atrincherados en un recinto universitario y otros centenares que les apoyaban en el exterior. Varios de ellos, apenas adolecentes, contestaron a la curiosidad de despistado visitante sobre los motivos de aquella movilización. Con llanto incontrolable una muchachita gritaba su denuncia contra la mala situación de los estudios, la salud, la economía, el asesinato de líderes sociales (ya pasa de doscientos) y unos acuerdos de paz en el limbo del cumplimiento, que según varios testimonios deja la cifra de 500 ex miembros de las FARC asesinados tras acogerse al tratado. A lo anterior se sumaba una masacre de indígenas en el sur del país. Una problemática que empeora la migración de casi dos millones de venezolanos establecidos de manera irregular en el vecino país, huyendo de la pésima situación provocada por la mala gestión de su gobierno y el añadido de medidas y embargos que lejos de castigar al régimen, han llevado más miseria a la gente pobre venezolana. Para colmo, a modo de bumerang, el éxodo incide negativamente en el coste social que pesa sobre la sociedad que les acoge, donde quienes reciben un salario promedio de 800 mil pesos tienen que pagar rentas que pasan ampliamente la cifra del millón gracias, entre otras cosas, a esta avalancha migratoria que plantea una competencia desleal al poder pagar alquileres que el apiñamiento colectivo les permite saldar. Solo un detalle entre tantos.

Es el panorama que se cierne en el ambiente latinoamericano y que se reproduce en otras regiones del planeta. El hilo que les une tiene las mismas características y reproduce los mismos ecos cuando la tensión pulsa sobre la cuerda. Desigualdad, falta de trabajo, salarios insuficientes, elevación del costo de servicios básicos y fundamentales que constituyen derechos, corrupción galopante que permite la concentración millonaria de recursos en unos pocos, trátese de recursos naturales o monetarios. La desvalorización deshumanizada de un neoliberalismo que alecciona sobre el futuro tomando como figura la horrenda imagen de los sobrevivientes de un naufragio en la disyuntiva de eliminar a golpes de remo a los desafortunados que nadan alrededor buscando un asidero salvador en el bote. Es la gran encrucijada en que se encuentra la Humanidad enfrentada a los desafíos de una revolución tecnológica de proporciones y avances inéditos y los retos de cambios ineludibles que ponen en riesgo la supervivencia de esta civilización. Un mundo al que ya no sirven las respuestas que les ofrecen los sistemas tradicionales, no importa el color político con que se identifiquen. Modelos todos que ya son insuficientes y quedan cortos para lo que se avecina.
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